Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Animal Político: su Hábitat
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay vida más allá de los gobiernos. Este es el punto de partida, especialmente esta cita:

«[…] ninguna sociedad política puede tener una expectativa razonable de sobrevivir, mucho menos de florecer, a menos que una proporción importante de sus miembros no estén convencidos de que la única justificación para aceptar y sostener a la sociedad política y a la autoridad política es individualista y minimalista».

La apariencia de esto es la de ir en contra de principios liberales, especialmente su creencia en la libertad individual y la necesidad muy lógica de un gobierno mínimo. Parecería apoyar la tesis socialista de los intereses personales opuestos al bien común.

La discusión se reduce muchas veces a la existencia de un gobierno de ciertas características. Para los liberales, un gobierno pequeño, barato, mínimo, dedicado a defender libertades individuales. Para los socialistas, un gobierno grande, caritativo, protector, comunitario, social.

Tomando la idea de la cita, me atrevo a afirmar que ninguna sociedad será sostenible a la larga si las discusiones políticas toman como eje central a los gobiernos y descuidan a las personas. Veamos si puedo explicarme.

Cuando usted da mayor importancia a la individualidad de la persona que es libre y capaz es perfectamente natural que prefiera ese gobierno mínimo. Cuando usted da mayor importancia a colectividades que deben protegerse es también perfectamente natural que prefiera a gobiernos expandidos.

Mi punto es que mientras la atención sea centrada en la dicotomía gobierno mínimo versus gobierno expandido; y la disyuntiva persona versus comunidad, se descuidará el real centro de la discusión que es la persona misma, es decir, la razón de ser de la sociedad y, por tanto, de los gobiernos.

Y esa persona no es la totalmente individual que deba separarse del resto, como tampoco es la que desaparece dentro del grupo comunitario, recibiendo este último toda la atención. Ni totalmente aislada, ni totalmente absorbida.

Tampoco es absolutamente autónoma, ni totalmente dependiente. Más razonable parece la noción del «animal político»: necesita a la comunidad para sentirse completo y florecer; vivir fuera de ella le degrada e incapacita.

Pero, dentro de esa idea está latente su complemento necesario: necesita a la comunidad para sentirse completo, sin ella se degrada; correcto, pero si acaso la comunidad lo anulara tampoco estaría completo y si ella lo absorbe dejaría de existir.

Quizá sea más conveniente aceptar una combinación única de autonomía personal y dependencia social, como característica especial humana. Si esto es cierto, entonces se tendría una conclusión necesaria sobre el tipo de gobierno para ese ser autónomo-dependiente, el que respetara su hábitat lógico.

Para ese ser, no sería aceptable gobierno alguno que le retirara la autonomía, que le hiciera perder su identidad personal, su independencia. Los gobiernos que solo ven grupos y comunidades serían antagónicos a esa naturaleza autónoma y libre. Esto quiere decir el rechazo de los gobiernos expandidos, incluso del estado de bienestar.

¿Serviría entonces el gobierno mínimo y solo vigilante de libertades? La respuesta, creo, es afirmativa, pero no por las razones usualmente manifestadas que colocan toda la atención en la persona individual y aislada del resto. Eso es incompleto.

Ese gobierno conviene a la naturaleza humana porque al respetar y cuidar la libertad personal sin mucho buscarlo produce un efecto colateral de interdependencia mutua entre las personas. El fenómeno es curioso.

La libertad individual, respetada y protegida por ese gobierno mínimo, crea lazos y relaciones de interdependencia espontánea. El ser humano libre aislado resulta ser en realidad, mientras se mantenga su libertad, un ser mutuamente dependiente de otros. Se forman grupos, asociaciones, empresas, clubes y un sinnúmero de agrupaciones espontáneas que complementan al ser humano.

Mi posición personal ha sido siempre la defensa de la libertad personal como máximo valor político y soy partidario de gobiernos mínimos, al estilo liberal ortodoxo. Con lo anterior pretendo dar otro argumento en favor de ese tipo de gobierno, justificándolo por su respeto a la naturaleza humana.

Una naturaleza que es una combinación complicada de individualidad en sociedad y que se pierde cuando una parte pone atención en la sociedad y la otra en la persona y se produce una discusión en la que solo se habla de los tipos de gobierno.

Creo, entonces, que el gobierno mínimo es el mejor adecuado a la naturaleza humana porque respeta y vigila a la libertad personal, pero principalmente porque esa libertad humana es la que crea y produce a la sociedad y sus complejísimas interrelaciones de dependencia.

Ese es el gobierno que indirectamente propicia a la sociedad que es sostenible y que florece. Donde el animal político tiene su hábitat natural.

Post Scriptum

La cita inicial es de MacIntyre, Alasdair C. 1998. The MacIntyre Reader. Univ of Notre Dame Press, pç 242.

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