Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Atacarla o Unirla
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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El asunto es espinoso. Punzante como muy pocos. No sorprende que quiera evitarse usando lenguajes sinuosos de poco significado.

Me refiero al tema de religión y política y cultura.

En nuestros tiempos lo arriesgado del tema ha querido ser solucionado por medio del aislamiento de una de las variables, la religión. Quite usted a la religión del asunto y se queda menos incómodamente con política y cultura solamente. El ejemplo obvio es el comunismo soviético y chino.

Pero la cosa no es tan simple como para tomar a la religión y lanzarla por la borda. En Christianity and Culture, T. S. Eliot (1888-1965) lo ha expresado bien

«En última instancia, las religiones antagonistas debe significar culturas antagonistas; y en última instancia, las religiones no pueden ser conciliadas».

La idea es lapidaria, pero tiene sus sutilezas. Es posible encontrar religiones diferentes aunque compatibles, como las diferentes versiones de Cristianismo, capaces de convivir razonablemente en la actualidad (aunque no necesariamente lo hayan hecho en el pasado).

Incluso es posible encontrar cierta posible convivencia entre Cristianismo y otras religiones, como el Judaísmo, e incluso el ateísmo. Los problemas realmente surgen cuando se tiene el antagonismo del que habla Eliot: creencias religiosas tan opuestas que crean culturas y políticas no compatibles.

Pero la parte de la idea de Eliot que merece ser destacada es eso de que las religiones significan culturas. Es tanta y tan profunda la influencia religiosa que ella misma puede confundirse con cultura: creencias, fiestas, costumbres, valores, leyes, educación, y mucho más.

Tanta que incluso si se quiere retirar a la religión de la cultura, ese nuevo laicismo es un producto inevitable de la religión anulada: una nueva religión con muchas ideas en común con la anterior (aunque claramente otras serán muy opuestas).

Explorar estas cosas es fascinante. Tome usted, por ejemplo, uno de los conflictos actuales, el choque entre el Islam y Occidente. Es muy común entenderlo como un choque de culturas, pero hay que reconocer que, si le damos la razón a Eliot, es también un choque religioso.

Ahora es posible hacer una especulación obvia. Si tomamos a, por ejemplo, un régimen como el de Cuba y sus intentos muy directos por anular a la religión, puede verse que en el fondo, eso puede ser explicado: para ese régimen político, la religión puede ser una fuerza que debilite su poder.

Las creencias religiosas pueden verse como una potencial deslealtad política. La persona religiosa, podemos decir, está menos dispuesta a obedecer sin condiciones a su gobierno. Los gobiernos que por naturaleza piden obediencia al ciudadano, tienen un motivo de sospecha en las iglesias independientes.

Una forma de combatir la posible indocilidad ciudadana hacia su gobierno es esa, la de combatir a las religiones que hacen contrapeso al poder político. Pero tratar de hacerlas desaparecer es una manera para que los gobiernos acumulen poder y no lo pierdan. Ellos pueden hacer otra cosa, algo muy diferente.

Pueden secuestrar a una religión o grupo de ellas para volverla un aliado político, de tal manera que se vuelva difícil encontrar dónde comienza esa religión y dónde termina el gobierno. Lo conocemos como teocracia y es el gobierno terrenal de ministros religiosos, u otro equivalente, que termina por suponer culpable de traición política a quien profese otra religión, o ninguna.

La mente occidental pensará de inmediato en el Islam como un ejemplo de lo anterior, por ejemplo el líder supremo en Irán, quien

«[…] designa al jefe del sistema judicial, seis de los miembros del poderoso Consejo de Guardianes, los comandantes de todas las Fuerzas Armadas, los líderes oradores de los viernes y a los directores de radio y televisión [y que] a pesar de ser designado por un cuerpo electo, no debe rendir cuentas a nadie».

No muy diferente, aunque en otro plano, a lo reportado: «La figura del Comandante Supremo Hugo Chávez Frías ha sido inmortalizada en Cuba». O a otro caso igual «Fidel Castro, comandante supremo de la revolución cubana».

En unos casos se secuestra a la religión, o otros se le ataca. La causa, mucho me temo, es la enorme y profunda influencia de la religión en la cultura y, por tanto, en la política. Quienes tengan ambiciones de poder, encontrarán a la religiones como un obstáculo potencial de consideración.

Quienes quieren imponer sus sueños políticos en la sociedad que gobiernan ven a las religiones como una piedra considerable en su camino. Nada más agradable para ellos que lograr una sociedad sin conciencia religiosa.

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