Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Boicots y Sweatshops
Eduardo García Gaspar
25 febrero 2016
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El argumento es conocido. Se refiere a eso que suele llamarse sweatshops.

Los talleres y fábricas en países no desarrollados, donde se producen bienes de exportación. Y donde las condiciones de trabajo no son iguales a las de países avanzados. Pueden incluso ser muy malas.

Sobre esas instalaciones hay una idea estándar:

«Una maquila (en inglés sweatshop) es una fábrica que suele situarse en un país empobrecido, donde los trabajadores, generalmente mujeres, trabajan en condiciones de salarios de hambre […] El mercado mundial necesita alimentarse de mano de obra barata. Esto da lugar a lugares de trabajo poco iluminados, con escasas o inexistentes condiciones higiénicas, con cientos de obreros/as hacinados, sin medidas de seguridad, sin aireación ni ventilación, mala alimentación, pocas horas de sueño o reposo, jornadas laborales de 12 o 14 horas diarias, horas extra no remuneradas…»

Aunque las condiciones de trabajo varían enormemente, la palabra sweatshop evoca la idea contenida en ese párrafo.

Y la conclusión es la natural: no comprar productos de las empresas que los producen así. Por ejemplo, boicotear a Gap.

Pero a esa idea estándar que lleva a una conclusión simple, la del boicot, se añade una complicación real: esas instalaciones de producción crean empleos en los países donde se establecen y tienen un efecto benéfico en aspectos de infraestructura

Lo que lleva a una conclusión opuesta a la anterior:

«El Boicot a productos fabricados en sweatshops no hace otra cosa más que negar la posibilidad de alcanzar unos salarios más dignos y de alcanzar un nivel de desarrollo socio-económico mayor. Hasta que la economía de estos países pobre se desarrolle, comprar productos fabricados en sweatshops les ayudará».

En resumen, se llama al boicot de productos elaborados en «países donde la legislación laboral permite unas condiciones indignas de trabajo, el abuso de los trabajadores y el trabajo infantil». Pero, si esas instalaciones de cierran, no hay duda de que sus trabajadores quedarán sin empleo.

Tenemos, entonces, claro el punto. Quienes quieren cerrar esas sweatshpos y lo logren producirán desempleo, según sus críticos. Es mejor tener esas fábricas que no tener ninguna, según un tradicional razonamiento: empeorará la pobreza del lugar.

Pero eso no es todo. La cosa se pone más interesante con otra idea: las malas condiciones de trabajo son una alternativa mejor a la de no tener trabajo, pero eso no significa que se justifique y se dé soporte a esas condiciones de trabajo.

Es decir, la alternativa ha sido mal planteada. No es el quedar desempleado, sino el trabajar en mejores condiciones.

Esta observación tiene su punto en cuanto que se opondría al boicot, el que significaría el cierre de la instalación. Tiene poco sentido el creer que dejando sin empleo a unos se resuelve el problema de malas condiciones de trabajo. Quienes lo proponen se sentirán satisfechos, pero no los obreros, que así empeorarán su condición de vida.

Es decir, en un punto en el tiempo, en el corto plazo al menos, la mejor alternativa es la de esas instalaciones, aunque no sean precisamente las mejores. En ese plazo, la opción de mejora de condiciones es algo poco pertinente dada su imposibilidad inmediata.

Y, sí, en plazos mayores, la alternativa es esa, la de buscar maneras en las que esas condiciones de trabajo mejoren. Creo que eso queda claro.

Termino con otra consideración. Cuando he expuesto esta idea suelo recibir de algunos críticas extremas que me colocan como un insensible capitalista explotador de los pobres. No es para tanto. Deme el beneficio de la duda.

No doy mi apoyo a condiciones de trabajo inhumanas, que se acerquen a la esclavitud infantil. Me guío por la idea de que si se cumplen los estándares de trabajo usuales en el país, según sus leyes y costumbres, las instalaciones criticadas están operando razonablemente (aunque eso se encuentre a una gran distancia de las condiciones en países desarrollados).

No es inusual que en esas instalaciones el obrero gane más que en un empleo en otra empresa local, de lo que puede deducirse una conclusión más sana:

«Porque los sweatshops son mejores que las alternativas disponibles, cualquier reforma dirigida a mejorar las vidas de los trabajadores en ellas no debe poner en riesgo los trabajos que ellos ya tienen. Para analizar una reforma debemos comprender qué determina la compensación del trabajador».

La vida de esos trabajadores es demasiado importante como para estar sujeta a sentimientos buenos mal canalizados y a razonamientos impulsivos.

Post Scriptum

A quien interese el tema, quizá le interese también Sweatshops, un Análisis.

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