Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cambiar de Opresor
Eduardo García Gaspar
19 enero 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Pensar en dos categorías excluyentes. Sucede en muchas mentes.

Es una manera de pensar muy común en nuestros días. Consiste en dividir a los actores de una situación en dos tipos y nada más dos tipos. ¿Para qué?

Para analizar un problema y sugerir una solución. La solución es destruir o anular a uno de los dos grupos y, con eso, el otro grupo será beneficiado.

Es seguramente una herencia del pensamiento marxista de la lucha de clases.

La forma de analizar la realidad social, cualquiera que esta sea es detectar un problema, el que sea, y comprenderlo mediante una narrativa que utiliza dos grupos como actores centrales, entre los que hay un conflicto. La naturaleza de esos dos grupos es la misma siempre: unos son los dominados, las víctimas, y otros son los opresores, los villanos.

Tome usted un problema, como el de la pobreza, y él podrá ser analizado con una gran rapidez. Se narrará que los pobres (las víctimas dominadas) están en una situación lastimosa e indeseable por causa de los ricos (los villanos opresores).

Ahora, de acuerdo con esa narración del problema, encuentre usted la solución más obvia y cómoda. Claramente será la de hacer algo con los ricos, como expropiarlos de alguna manera, por ejemplo, con impuestos muy altos, para de esa manera remediar el problema de los pobres.

Hay variantes de esta narrativa, en la que las víctimas son los habitantes de una nación y los villanos son algunos personajes del extranjero. Los villanos son cómodos, son los usuales en estos casos: el FMI, los bancos internacionales, el imperialismo, lo que usted quiera.

Mi punto, que imagino merezca una segunda opinión, es que esa manera de pensar lleva a errores.

Tiene algo de cierto en el sentido de que existen voluntades que buscan el poder y el beneficio propio, y de que ellas dañan a otros. Esto puede verse muy bien en el caso de dictaduras. Piense en Corea del Norte y verá que esa dualidad opresores-oprimidos resulta real.

Pero la dosis de realidad que tenga el pensar de manera simple en dos grupos y nada más dos grupos, tiene utilidad en algunos casos muy claros: dictaduras totalitarias. Piense usted en Zimbabwe, Burma, y otros.

Pero, la realidad es mucho más compleja en la mayor parte de los casos. Piense usted en Argentina, en México, España, casos en los que pensar en dos grupos y solo dos es demasiado atrevido.

No tendría un gran poder de explicación. La realidad es muy rara vez tan simple como para pensar en solo dos grupos sociales, incluso en los totalitarismos.

Porque si alguien piensa en términos de esa narración de oprimidos-opresores lo más probable será que piense en atacar al grupo de quienes son calificados de opresores pensando en la necesidad de tener a un tercer actor, al héroe liberador, es decir, al gobierno encargado de hacer desaparecer al opresor.

Pensará que haciendo crecer al gobierno serán liberados los oprimidos. La realidad es que eso creará otra opresión. Será un cambio de opresores. Si los ricos son los opresores y los pobres los oprimidos, el ataque del gobierno a los opresores actuales creará otra entidad opresora, el mismo gobierno.

Eso es lo que suelen hacer los socialistas en lo general, cambiar de un opresor imaginado a otro real, el gobierno mismo con los socialistas a cargo. No es una buena solución, vea a Cuba y a Venezuela y a Bolivia, si es que no me cree, o a Ecuador.

Hay otro camino posible. Si usted se quita de la mente el síndrome de pensar en dos grupos y nada más que dos, podrá ver otros que le harán entender mejor a la realidad. Eso le permitirá ver que si el asunto es uno de opresión, de falta de libertad, entonces la solución más razonable será esa liberación.

Implantar un sistema de libertades será mucho mejor que cambiar de opresores. Si el monarca, el dictador, los ricos, el gobierno o cualquier otro son los que oprimen al resto, lo mejor será tener un sistema de libertades generales, no el de un nuevo opresor.

Post Scriptum

Lo que he atacado es la idea de que pensando con miopía en una realidad en la que solo existen oprimidos y opresores, se concluye que el remedio es un gobierno que ataque a los opresores para proteger a los oprimidos. Pensando así, se creará un opresor real, el gobierno, incluso mas temible.

Si se piensa en términos de oprimidos y opresores, por qué no desaparecer la opresión en general estableciendo un sistema de más libertades, sin un gobierno mayor y más poderoso.

Si un monopolio oprime a la gente con sus precios altos, lo mejor será establecer libre competencia y no cambiar a los propietarios del monopolio. Si hay empresas protegidas por el gobierno, lo mejor será retirar esa protección y dejar libre a la gente. Si los pobres no pueden ser propietarios por causa de leyes complejas y burocracia tardada, lo mejor será simplificar leyes y burocracia.

La dicotomía víctima-villano estuvo muy bien ilustrada por H. Chávez:

«El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, afirmó ayer que detrás de su rival electoral para los comicios del 7 de octubre, Henrique Capriles, está “el imperialismo yanqui”, que afirmó quiere “esclavizar de nuevo” al país».

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