Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Censura e Ideología
Eduardo García Gaspar
17 octubre 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El mecanismo es muy actual. Actual y curioso.

Se trata de una mezcla llamativa de ideas acerca de libre expresión, discriminación, censura e ideología en una revoltura que produce un tipo de censura.

Veamos esto parte por parte con un caso real, el de Posicionamiento Conapred Matrimonio Igualitario, en su parte pertinente. El documento defiende a ese tipo de matrimonio, pero lo hace con algo que es fascinante.

Primero, dice que hay opiniones opuestas al matrimonio de personas del mismo sexo y que sostienen que solamente hay un tipo de familia, la tradicional.

Segundo, dice que esas opiniones pueden expresarse libremente, al igual que el tener ideas personales religiosas, lo que es un derecho humano.

Hasta aquí, el panorama no está nada mal. ¿Se opone usted al matrimonio homosexual? Adelante, exprese sus opiniones, mantenga sus creencias. Nadie se lo debe impedir.

Pero ahora la cosa comienza a ponerse interesante. El documento dice:

«[…] también es cierto que en un Estado laico y democrático no es aceptable la imposición de ideología o creencia alguna por encima del reconocimiento de los derechos humanos».

Lo que eso significa es que quienes se oponen a esos matrimonios no tienen derecho a imponer su ideología. Una explicación muy reveladora y que revela el marco mental del documento citado, el de las «imposiciones» por el que ya no se razona ni se argumenta.

Si no se debe imponer esa ideología en contra de esos matrimonios, es obvio que debe imponerse otra y eso propone el documento, imponer el fallo de la Suprema Corte de Justicia de México:

«[el] criterio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) nos lleva a sostener e insistir en que no existe un solo tipo de familia a la que el Estado mexicano esté obligado a proteger […]»

Creo que es claro lo anterior. Cuando usted entiende a estas discusiones como imposiciones ideológicas, no queda otro camino que el de descalificar abiertamente al opositor como una ideología que quiere imponerse para imponer subrepticiamente otra ideología.

Es un fenómeno actual muy frecuente. Consiste en enmarcar a toda diferencia de opiniones como un duelo de poder entre ellas. Por eso resulta adecuado usar la expresión «imposición de ideología». La resolución de la diferencia, entonces, solamente tiene una salida: la imposición de una de las ideologías en conflicto.

Ya que por esa salida no pueden usarse explicaciones, razonamientos, evidencias, juicios ni demostraciones, ella conduce al concepto de censura. La ideología contraria es colocada en el lugar en el que se hace merecedora de censura. El documento citado lo muestra:

«Fomentar la discriminación hacia las personas por su condición u orientación sexual y de género, así como pretender excluir a las familias que no reproducen el modelo nuclear tradicional, a través de expresiones y discursos que pueden incitar al odio y a la violencia, como ha ocurrido en los últimos meses, vulnera los derechos humanos de todas las personas».

Vea usted algo notable en ese párrafo, un non sequitur gigantesco: la opinión opuesta, se concluye, es discriminatoria. Querer razonar acerca del matrimonio homosexual es discriminar a personas y ello es o puede ser una provocación a la violencia o al odio. Y así, de manera incorrecta e irracional, una de las ideologías gana la partida a la otra.

Esta mezcla de libre expresión, discriminación, censura e ideología es muy común en nuestros tiempos. Un sustituto de la mente, un sucedáneo del razonamiento, que evita las molestias y los esfuerzos del ponerse a pensar.

¿Para qué molestarse con elaborar razonamientos y reunir evidencias y crear argumentos cuando al que piensa diferente puede acusársele de discriminación y generador de odios cuya voz debe ser censurada?

El documento oficial del gobierno mexicano que he citado es del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, es decir, una institución cuya misión es precisamente esa, la de encontrar casos de discriminación y los encontrará tenga usted la seguridad en todas partes, sean reales o no.

En resumen, nuestros tiempos presentan un algo importante, un retroceso con respecto a, por ejemplo, las ideas de Sócrates cuya misión era la de hacer preguntas que retaban a la gente. Ahora ya no se hacen preguntas pues hacerlas es un riesgo que lleva a acusaciones de discriminación e incitación al odio… ¡Uy, espere, eso es algo muy parecido a lo que le sucedió al griego!

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