Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Civilización y Cimientos
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2016
Sección: EDUCACION, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es innegable. No hay manera de contradecirlo, ni rechazarlo. Guste o no esa es la realidad.

Y es la de que vivimos en una civilización profundamente influida por las ideas cristianas. Sí, a muchos no les agrada eso, pero no puede rebatirse.

Como tampoco podría desmentirse la influencia del pensamiento griego. Usted sabe, Sócrates, Platón, Aristóteles y el resto de ellos.

Vivimos en sociedades cuyas bases son en gran dosis producto de las ideas judeo-cristianas y griegas.

Esto acarrea una conclusión inevitable. T. S.. Eliot (1888-1965), el escritor estadounidense-británico, en su libro Christianity and Culture escribió que si aceptamos la idea de una sociedad cristiana entonces

«Debemos tratar al Cristianismo con un mucho mayor respeto intelectual de lo que es nuestro hábito; debemos tratarlo como siendo para el individuo un asunto primariamente de pensamiento, no de sentimiento. Las consecuencias de tal actitud son muy serias como para ser aceptadas por todos; porque cuando la fe cristiana no solo se siente, sino se piensa, tiene resultados prácticos que pueden ser inconvenientes».

Quiero destacar el tema de las consecuencias del Cristianismo en nuestras sociedades. Me parece que eso es algo imposible de rechazar. Tiene consecuencias y ellas son amplias y tantas que sería una tarea monumental el tratar de identificarlas una por una.

Vaya, hasta los más esforzados ateos lo son como consecuencia del Cristianismo. Esta realidad, la de la base judeo-cristiana-griega de nuestra civilización occidental, llama a una pregunta lógica.

Si esa base, que sabemos tiene una multitud de consecuencias, es retirada de la sociedad, entonces es obligado pensar en los efectos que eso producirá. Remover cimientos de nuestro edificio cultural, por llamarlo así, significa tener que reemplazarlos con otros para sostenerla. De lo contrario, ella se desplomaría.

Esto apunta en una de dos direcciones, con variaciones intermedias. La primera es el escenario del desplome, es decir, la desaparición por destrucción o colapso de eso que llamamos «civilización Occidental». esto produciría algo quizá similar al mundo después de la caída de Roma.

La segunda dirección es la de una modificación sustancial. La transformación de esa civilización en otra cosa, sin que haya un colapso total, pero sí una transformación radical que dé lugar a una civilización con otro nombre. Leí en alguna parte algo acerca de una civilización post-cristiana.

Mi punto, el que creo que bien vale una segunda opinión, es muy sencillo: el abandono de las ideas judeo-cristianas-griegas tendrá efectos y ellos serán enormes, realmente enormes. Reconocer esto es ya un adelanto abandonando la idea que suele expresar un amigo con su famoso «no te preocupes, no pasa nada».

Por supuesto, el problema es que sí pasa, sí sucede, quizá de manera tan lenta y gradual que es fácil perder la visión de los cambios. Son ellos tan lentos, toman tanto tiempo, que todo tiene la apariencia de una normalidad sin cambio sustancial en la cultura.

Un ejemplo de esos cambios que no se perciben: la creencia de que cambiando las estructuras sociales podrá tenerse una sociedad corregida, casi ideal. No es infrecuente la propuesta de lograr una «economía más humana» por medio de un cambio de sistema.

La propuesta concreta es adoptar un sistema socialista, supuesto como humano, y abandonar la «idolatría del mercado». Eso, se piensa, cambiará a las personas haciéndolas más humanas y compasivas.

Pero en la sociedad cristiana, hacer eso sería absurdo, pues la imperfección humana es independiente del sistema económico, ella es interna y se puede remediar solamente con una moral universal, objetiva, dirigida al interior de la persona.

Incluso entre ministros religiosos se tiene ese cambio, el que niega la misma esencia cristiana, que va al corazón personal, no a las estructuras económicas.

«¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y después termina en el basural? En cambio lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona. Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero el comer sin lavarse las manos, no hace impuro al hombre» Mateo 15, 17-20

O bien, eso que fue llamado «dictadura del relativismo», como la describió Benedicto XVI:

«A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos». Misa “Pro Eligendo Pontifice”

En fin, solo trato de llamar la atención sobre las consecuencias en la civilización que tenemos cuando una gran parte de sus cimientos son retirados.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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