Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Clisés de la Izquierda
Selección de ContraPeso.info
29 febrero 2016
Sección: Sección: Análisis, SOCIALISMO
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Los ataques de la izquierda al capitalismo es la idea de Eleonora Urrutia. Agradecemos al Instituro Acton el amable permiso de publicación. El título original de la columna es «La Autoproclamada Superioridad Moral De La Izquierda». Aquí se presenta solo un fragmento.

[…]

Cuando los amantes de la libertad y la democracia fijan su posición inevitablemente son confrontados con un bombardeo de clichés que van desde el totalitarismo al populismo. Fallar en tener y dar respuestas a estos mitos ha silenciado efectivamente a muchos voceros de la libertad.

En este ensayo se esbozarán esquemáticamente algunas respuestas a los mitos más persistentes.

[…]

1. Los intereses colectivos coercitivos como altruistas versus los individuales voluntarios como egoístas.

De los puntos a esbozar éste amerita la mayor extensión porque es la raíz de todos los ataques de la izquierda.

El colectivismo hace alusión al rol de la sociedad como un todo en donde cada individuo que la compone es igual y dependiente de los otros. Por lo mismo busca un supuesto progreso de la masa y el bienestar del individuo pasa a ser un elemento secundario dependiente del primero.

Mientras que el individualismo, por defender el desarrollo de talentos individuales se ve egoísta y negativo, el colectivismo es considerado sinónimo de altruismo y progresismo.

En primer lugar es indispensable recalcar que no somos iguales. Todos, aún los gemelos somos únicos e irrepetibles y así actuamos. En segundo lugar, y unido al anterior pero desde una perspectiva semántica, una masa no actúa ni piensa.

Los sustantivos colectivos como sociedad, nación, pueblo, no son entidades actuantes y pensantes sino que lo son las personas que las componen. Por ello no es posible que exista un interés colectivo.

Cualquier elección es individual, aún cuando se trate de elegir el beneficio de otro (interés individual de beneficiar a un amigo por ejemplo). Las preferencias también son individuales y por ello surge el problema de la coordinación de los intereses colectivos y la imposibilidad de resolverlos bajo sistemas de elecciones, como lo demostraran Condorcet y Arrow.

Hablar de individualismo es la aceptación de que, por naturaleza, somos diferentes y que no hay persona que sea igual a otra. Por el contrario girar el visor hacia caminos estrictamente colectivos necesariamente obvia nuestro valor agregado, esas características peculiares que nos hacen ser nosotros.

En la medida que cada ser humano se entienda a sí mismo como un individuo y no como una masa comprenderá la importancia de sus actos, y su creatividad y valores inherentes saldrán a flote. Y a través de la tolerancia, la diversidad se traducirá en progreso social, porque a través del desarrollo y progreso de los componentes sociales —esto es, de los individuos— todos avanzamos también.

Defender intereses a favor de la individualidad en lugar de esperar que todos aspiremos a lo mismo surge naturalmente si recordamos que quien está interesado en promover colectivismo, también tiene sus intereses individuales.

Pero más importante aún es destacar que el colectivismo, en cualquiera de sus formas, es esencialmente inmoral porque usa la fuerza contra las personas en forma amplia y permanente en todos los aspectos de sus vidas de las personas y por ello necesariamente lleva a malos resultados.

La moral se refiere a un código de valores; presupone la existencia de principios que sirven para la elección y obtención de dichos valores que la persona estima como necesarios para sustentar y guiar su vida de acuerdo a sus propósitos. Esa valoración, para ser tal, debe ser voluntaria. No existe esta valoración cuando media la coacción.

El colectivismo pretende someter a la persona, cobrarle impuestos, forzarla a colaborar en proyectos públicos, obligarla a cooperar con causas ajenas, coaccionarla para que ponga sus bienes para beneficio de otros (normalmente los que tienen el poder coercitivo).

El colectivismo no confía en los valores de un individuo, no respeta sus valoraciones, no acepta sus decisiones, y por ello restringe su libertad para elegir sus propios valores. Niega la libertad, la elección, la libre y voluntaria búsqueda de valores, el consentimiento y es de estas premisas colectivistas básicas, de donde se deriva la inmoralidad del socialismo.

El inicio del uso de la fuerza, la coacción contra las personas no es moral. Es la contracara de un código de valores. Y ya dijimos que el hecho que exista la posibilidad de votar en una sociedad compleja no refleja que exista posibilidad de elección en los múltiples intereses de las personas y por lo tanto no es válido el argumento de que se eligen representantes y ese solo hecho los autoriza para dirigirnos la vida en múltiples aspectos.

2. El capitalismo genera pobreza y por ello es inmoral defenderlo.

La situación real es la contraria. A través de la historia las sociedades humanas han sido formadas por unos pocos ciudadanos muy ricos y una aplastante mayoría de pobres.

El 99,9% de los ciudadanos de todas las sociedades, desde los cazadores y recolectores de la edad de piedra, hasta los campesinos fenicios, griegos, etruscos, romanos u otomanos de la antigüedad, los agricultores de la Europa medieval, la América de los incas, los aztecas o los mayas, la Asia de las dinastías imperiales o la África precolonial, vivieron en situación de pobreza extrema.

Todas esas sociedades tenían a la mayoría de la población al límite de la subsistencia hasta el punto que, cuando el clima no acompañaba, una parte importante de ellos moría de inanición.

Todo esto empezó a cambiar en 1760 cuando un nuevo sistema económico nacido en Inglaterra y Holanda, el capitalismo, provocó una revolución económica que cambió las cosas para siempre: en poco más de 200 años, el capitalismo ha hecho que el trabajador medio de una economía de mercado media no sólo haya dejado de vivir en la frontera de la subsistencia, sino que incluso tenga acceso a placeres que el hombre más rico de la historia, el emperador Mansa Musa I, no podía ni imaginar como el agua corriente, el automóvil, el celular o el papel confort.

3. El capitalismo genera desigualdad y ello es una condición inmoral que no puede ser defendida.

La pobreza extrema ha sido la condición humana normal de la mayoría de las personas en toda la historia. Todos los seres humanos eran igualmente pobres y vivían pocos años.

Hace 200 años, el 85% de las personas que vivían en el planeta tenían un ingreso diario de menos de un dólar en dólares actuales. Hoy esa cifra bajó a apenas el 20% y cuando termine este siglo debería ser prácticamente el 0%.

El mundo se está enriqueciendo. Las personas salen de la pobreza. El capitalismo ayuda a las personas a ser más prósperas. Inevitablemente, eso significa que no todos progresan al mismo ritmo, pero en última instancia todos terminan por mejorar su situación.

Ello se ha comprobado, sobre todo en los últimos treinta años, cuando cientos de millones de personas salieron de la pobreza en China e India gracias al avance del capitalismo.

La realidad es que algunas personas sencillamente escapan de la pobreza y se vuelven prósperas más rápido que otras. La gran brecha que hay en el mundo es la que existe entre los países que adoptaron el capitalismo de libre mercado y se enriquecieron y los que no lo hicieron y permanecieron pobres.

El problema no es que algunos se hayan enriquecido, sino que otros hayan seguido siendo pobres.

[…]

4. El capitalismo y las políticas públicas sectoriales.

Cuando consideramos las políticas específicas, la lista de las supuestas inmoralidades provocadas por la libertad y los acuerdos voluntarios es señalada en cada una por la izquierda.

En el caso del medio ambiente, los colectivistas alegan que los gobiernos deben protegernos de la acción destructiva de la empresa y del capitalismo cuando los desastres ambientales más tremendos como Chernobyl o el Mar de Aral que desapareció se produjeron en los países marxistas y hoy los desastres ambientales se producen en los países más pobres mientras que son los países más industrializados los que a pesar de tener zonas densamente pobladas registran cada vez menos muertes por eventos climáticos (por caso Estados Unidos ha tenido cero muerte por sequía en los últimos ocho años, cuando históricamente la sequía ha sido la causa climática número uno en muertes).

En educación la supuesta gratuidad universitaria —que pagamos todos— la pretenden moral cuando lo único que implica es un interés corporativista que defiende a un grupo de individuos que no son ni los más necesitados ni los más calificados de la sociedad.

En el caso del sistema de pensiones predican la superioridad moral del reparto por sobre el de capitalización cuando no debería haber ningún criterio más inmoral que trasladarle a nuestros hijos la carga de pagar por nuestra vejez.

La lista continúa y cada uno de estos casos justificaría un artículo.

El supuesto abuso endémico de las empresas, la pretendida defensa de los trabajadores de los sindicatos monopólicos, poderes de burócratas para cobrar impuestos contra los principios más básicos del estado de derecho, etc.

[…]

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