derechos

La confusión entre derechos humanos y reclamos. Entre los derechos naturales y demandas sociales. No son lo mismo. Los reales derechos humanos son universales y simultáneos, y no discriminan.

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Introducción

Tener derecho es el reclamo común de estos tiempos y se hace con gran frecuencia sin tener una idea clara de su naturaleza y origen de los derechos humanos.

Es la confusión entre derechos humanos y reclamos. Un problema de consecuencias.

La respuesta a esto es lo que ofrece Baird: dos visiones muy distintas que crean dos tipos de derechos humanos.


La idea fue encontrada en el capítulo 10, de Charles W. Baird, «¡I Have The Right!», dentro del libro de Reed, Lawrence W., Excuse Me, Professor: Challenging the Myths of Progressivism. Regnery Publishing.


Punto de partida

La exposición del autor sobre el tema de la confusión entre derechos humanos y reclamos inicia mencionando una creencia, una suposición.

La de pensar que los gobiernos, mediante procesos legislativos, pueden crear y extinguir derechos. Por ejemplo, pueden crear el derecho a la educación, o al alimento. O descartarlos.

Es parte de esta creencia el distinguir entre dos conceptos, el reclamo y el derecho.

Se toma como reclamo a lo que es posible lograr usando medios propios y se interpreta como derecho a lo que el gobierno otorga usando dinero público sin importar los recursos.

El derecho por decreto

Este es uno de los dos tipos de derechos que el autor apunta. El tipo de derecho que es decretado por actos gubernamentales y que tiene su origen en acuerdos legislativos.

Por esta vía será entonces posible crear o negar derechos. Es el tipo de derecho humano artificial, creado por acuerdos legislativos, que puede variar de un lugar a otro y que es unn reclamo satisfecho por el gobierno.

Los otros derechos, los reales

A continuación, Baird apunta otra idea acerca de los derechos, otro tipo de derecho y que no tiene su origen en la votación de legisladores.

Ellos son inherentes a la naturaleza humana y toda persona los tiene. Si alguien posee un derecho cualquiera eso quiere decir que todo el resto también lo tiene.

Son derechos naturales en contraste con lo artificial del tipo anterior. No distinguir entre estos y los anteriores es lo que causa la confusión entre derechos humanos y reclamos.

Más aún, significa que los derechos son anteriores a los gobiernos, los que no pueden añadir ni restar derechos, pues hacer esto significaría que no son «humanos» sino de otro tipo.

No son derechos creados por una cámara legislativa, sino que están en la naturaleza humana y existen lo reconozcan o no los gobiernos.

Son derechos naturales y simultáneos

No solo eso, los derechos humanos, en esta forma de comprenderlos, tienen otra cualidad. Ellos pueden ser ejercitados al mismo tiempo por todos sin que exista contradicción.

Esto significa que si una persona reclama un derecho cualquiera y simultáneamente otra persona no puede ejercerlo, eso que reclama no es propiamente un derecho.

Lo que una persona puede ejercer como derecho sin que otra haga lo mismo al mismo tiempo, presenta una situación en la que la primera persona tiene el derecho, pero no la otra. Esto va en contra de la universalidad de los derechos.

El autor propone un ejemplo usando el concepto del derecho al trabajo. Entendido como el reclamo a ser contratado para un trabajo en el momento que se desee, el reclamo impone la obligación en otro, la de ofrecer ese empleo.

La persona en la que cae la obligación de ofrecer el empleo no tiene al mismo tiempo que la otra el mismo derecho a tener trabajo. Más aún, quien tendría la obligación de ofrecer el empleo al que lo reclama, estaría siendo forzado a hacer algo que no necesariamente quiere o puede.

La norma parece clara entonces: podrá considerarse derecho si todos sin excepción pueden ejercerlo al mismo tiempo, sin perjuicio uno de otro. Una buena manera de resolver la confusión entre derechos humanos y reclamos.

El derecho natural al trabajo

En cuanto el derecho al trabajo, sin embargo, puede haber otra manera de comprenderlo cumpliendo con el requisito de todos poder hacerlo al mismo tiempo.

Las personas tienen el derecho de vender y comprar trabajo, de emplearse y emplear. Cada persona tiene el derecho a ofrecer sus servicios en sus propios términos y condiciones, lo mismo que el resto simultáneamente y sin afectarse en sus derechos.

Cualquier persona puede trabajar por sí misma y ofrecer su trabajo sin que hacer eso afecte el mismo derecho del resto. Igual que con el derecho a emplear los servicios de quien los ofrezca sin que este último tenga la obligación de aceptar.

El mismo principio puede aplicarse a otros derechos, como el de alimentación, educación, cuidado médico.

Ellos se interpretan como el dar comida, clases y doctores y hospitales mediante la acción gubrnamental sin considerar los derechos de otros. Interpretados así es imposible calificarlos de derechos humanos.

En cambio, como posibilidades iguales para todos, sí se tiene el derecho a ofrecer comprar o vender comida, o educación, o servicios de salud. Puede ejercerse ese derecho o no, pero es posible hacerlo todos sin excepción.

Derechos como la creencia religiosa o la libre expresión, sí pasan la prueba pudiendo ser ejercidos por todos por igual, sin merma uno de otro.

Al mismo tiempo y sin afectarse mutuamente, todos pueden ir o no al templo que deseen o expresar sus opiniones, siempre que no exista en los demás otra obligación que la de no impedirlo.

La confusión entre derechos humanos y reclamos puede ser solucionada con esa idea.

Derechos y reclamos, dos visiones incompatibles

Para terminar, el autor apunta la realidad. Existen dos visiones muy distintas de lo que constituye un derecho humano y ellas son incompatibles.

Si acaso el ejercicio de un derecho reclamado por alguien impone sobre otro alguna obligación más allá de la de no interferir, ese reclamo no puede constituir un derecho real.

No puede porque entonces no es universal: solamente es ejercido por uno y no por el otro.

Visión progresista

Esa visión, que el autor llama progresista, concibe a los derechos humanos como una lista producida gubernamentalmente, que admite modificaciones y que impone obligaciones a unos y favores a otros.

Se le suele llamar “positivista” ya que impone en unos la obligación de realizar algo que permita ejercer el derecho de otros, como el ofrecerles un empleo.

Este tipo de derecho impone obligaciones activas y directas en otros: para que A tenga empleo B debe dárselo, de lo que resulta que B no tiene derecho al trabajo. Esto es solamente un reclamo no justificado de A sobre B.

Visión naturalista

La otra visión, la también llamada “negativista”, niega que exista la obligación de hacer algo más allá de no interferir en el ejercicio de los derechos de los demás, como no impedir que se publique una opinión en Internet.

Según esta visión, también los derechos nacen de la naturaleza humana y no pueden ser producto de las decisiones legales de ningún gobierno. Los derechos existen y son superiores a las leyes, lo que significa que los gobiernos están limitados por los derechos humanos.

La solución a la confusión entre derechos humanos y reclamos

Termina el autor con una sugerencia. La próxima vez que alguien reclame y diga «tengo el derecho», debe responder a una pregunta, la de quién tiene una obligación que emane de ese derecho que reclama.

Si esa obligación es mayor que la de no interferir impidiendo que realice ese derecho, deberá también responder otra pregunta: «¿Sobre qué base puedo yo reclamar a otro que su voluntad se subordine a la mía?»

El mérito de Baird es la sencillez con la que explica la distorsión del concepto original de derechos humanos universales hasta ser convertida en algo tan pedestre como la creación de una lista modificable de reclamos según decisiones gubernamentales y que tratan a las personas desigualmente.

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Y unas cosas más solamente…

Debe verse:

Derechos verdaderos y falsos: su diferencia
La inflación de los derechos humanos

Otras ideas relacionadas:

El breve artículo, de 1994, de Baird puede ser leído en “¡I Have a Right!”. Una cita fascinante:

«El propósito original detrás de la invocación del liberalismo de los derechos naturales era proteger al individuo del poder arbitrario. Usted tenía sus derechos, de acuerdo con Locke y sus seguidores, como individuo, e independientemente del grupo o clase al que perteneciera. Estos derechos obligan a las personas a tratarlo a usted como un ser libre, con soberanía sobre su vida y como alguien que tiene el mismo derecho al respeto de los demás. Pero las nuevas ideas de los derechos humanos permiten derechos a un grupo que niegan a otro: usted tiene derechos como miembro de alguna minoría étnica o clase social que no puede ser reclamado por todos los ciudadanos». Scruton, Roger. How to be a conservative (Kindle Locations 1464-1468). Bloomsbury Publishing. Kindle Edition.

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Derechos y reclamos, la diferencia

Por Leonardo Girondella Mora

Se vive en tiempos en los que es costumbre hacer reclamos por parte de grupos organizados —reclamos que se exigen como derechos legítimos y sólidos.

Es el problema de la confusión entre derechos humanos y demandas o reclamos.

Uno de los casos concretos de reclamos, convertidos en derechos exigibles, es el de los derechos sexuales de los adolescentes —personas que a partir de los 12 o 13 años se instruye en las escuelas públicas para exigir algunas acciones.

Se les enseña, como si fuera una verdad incuestionable, que tienen ellos la libertad absoluta de hacer con sus cuerpos lo que a ellos venga en gana —que solamente ellos son los que deciden cuáles son los límites sexuales que deben seguir.

Todavía más, en la instrucción secundaria se les enseña que como parte de sus derechos, ellos deben recibir condones y píldoras del día siguiente, incluso sin contar con el permiso de sus padres —sin siquiera notificarles.

La situación que he expuesto tiene dos grandes planos que examino a continuación —uno macro, de una visión general y amplia sobre los derechos humanos; y otro, micro, de una visión particular sobre la sexualidad y los jóvenes.

Visión macro

Esla que ha sufrido una modificación sustancial poco notada: los derechos humanos se han convertido en una lista creciente de reclamos basados en creencias de grupos organizados con gran poder de presencia pública.

En su concepción original, un derecho humano es uno derivado del valor personal igual en todo individuo, lo que deriva en una obligación específica en todas las personas.

Se trata de los derechos más conocidos y que se refieren básicamente a libertades humanas —como la de expresión, trabajo, posesión y similares.

Esas libertades humanas en diferentes expresiones, como la de pensamiento o creencia, tienen una contrapartida clara en todas las personas.

El derecho de libre expresión, es una libertad de difusión de ideas personales, que obliga a los otros a no impedirla. Todos pueden ejercer su derecho a la libre expresión al mismo tiempo y sin cargos a nadie.

Es una noción clara que se ha complicado con la adición de otros derechos que no tienen esa claridad. Por ejemplo, el derecho a la cultura se ha añadido con la connotación de que las personas tienen derecho a exigir cultura proveída por terceros que la pagan.

Ya no es una libertad de expresión artística, sino un reclamo para que unos paguen por la cultura que otros exigen.

Es una transformación significativa en la misma esencia de los derechos —la libertad para educarse de acuerdo con deseos propios ha sido cambiada a la exigencia para que la educación propia sea pagada por terceros.

Esta es la confusión que se tiene entre los derechos humanos y las demandas o los reclamos que suelen llamarse demandas sociales.

Visión micro

La visión micro sobre el tema concreto de los derechos sexuales de los adolescentes y que han sufrido la transformación de la que hablé antes.

Transformados en exigencias, ahora se le instruye al joven que puede obligar a terceros a que le provean de condones y píldoras anticonceptivas.

El problema puede verse de inmediato y es importante —¿quién cubrirá los gastos para la compra de los condones que los jóvenes exigen gratuitamente?

No hay una respuesta satisfactoria posible: si quien usa un producto no paga por él, entonces pagarán quienes no lo usen. Es, en el fondo, un regalo obligatorio, por ley.

Hay otro problema causado por la transformación de los derechos humanos —que han sido convertidos de libertades en reclamos exigibles por ley—, el problema de exigir sin responsabilidad personal.

El nuevo derecho, el de los adolescentes a exigir que solo ellos pueden decidir qué hacer con sus cuerpos y que límites poner a su sexualidad, crea hábitos inmoderados de exigencias irresponsables.

Las consecuencias de una sexualidad sin límites, en la adolescencia, serán no sólo personales, sino familiares —lo que se deja fuera de consideración.

Como conclusiones

• La transformación de los derechos de libertad a derechos de reclamos y exigencias ha significado un cambio sustancial y esencial en la concepción de la noción de derechos original —un cambio que hace pagar a unos las exigencias de otros.

Esta es la confusión que se ha creado entre derechos humanos y demandas o reclamos.

• Esa transformación se inculca desde edades tempranas, en generaciones que crearán hábitos de irresponsabilidad personal y nociones que les lleven a creer que es justo exigir a los demás cubrir los costos de los deseos personales.

• Un principio central de los derechos bien entendidos condiciona a que los derechos de una persona no pueden alterar los derechos de otras —una condición que las exigencias y reclamos violan.

Por ejemplo, obligan a que las píldoras que exigen sean cubiertas con dinero que es propiedad de terceros.

[La columna fue actualizada en 2020-07]