Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conocimiento Del Otro
Eduardo García Gaspar
6 abril 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá sea soberbia. Tal vez un asunto de pretensión excedida.

Es la noción de que suponemos saber más de otros que ellos mismos. Que los conocemos mejor de lo que se conocen a sí mismos.

La idea ha sido expresada así:

«[…] uno de los más lamentables legados de Freud es que él parece haber convencido a un gran número de nosotros de ser mejores jueces para ver las mentes de otros que los mismos implicados. Nuestro subconsciente parece estar escondido para nosotros, pero aparentemente es transparente para otros».

La esencia de la observación es la obvia: la persona A puede presumir de saber más de las más profundas cosas de la persona B que la misma persona B sabe de sí misma. En el caso del psiquiatra, esto sirve para ilustrar el significado que se persigue.

Nuestro subconsciente, eso de lo que no nos damos mucha cuenta nosotros mismos, se dice, será algo que sea fácil de ver por parte del resto. No tiene gran lógica, a menos que se trate del caso de un profesional dedicado a eso precisamente.

Pero no para el resto de nosotros. La obra de la que hice la cita da ejemplos de esta creencia excedida.

Si vemos a alguien que muestra una confianza enorme en sí mismo, podremos concluir que eso es un síntoma de un oculto sentido de inseguridad. Puede ser, pero muy bien puede no serlo.

Que una persona piense conocer mejor a las personas de lo que ellas se conocen a sí mismas, es un pensamiento atrevido. Es exagerado creer que, por ejemplo, si alguien muestra un odio enorme en contra de los homosexuales eso indica que quien así piensa en realidad tiene sentimientos homosexuales.

Me refiero a la Psicología barata, a la Psiquiatría de aficionados. A eso que nos hace creer que conocemos a los demás mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos. Nada que no sea obvio y aceptado por las mentes razonables.

Y, sin embargo, sucede. Sucede más de lo que debía. En la vida diaria siempre estamos en riesgo de buscar explicaciones de la conducta ajena haciendo suposiciones sobre las motivaciones del resto; sobre las razones más íntimas que tienen. Eso nos lleva a inventar teorías alejadas de la realidad.

Muy bien, tampoco nada que nos sorprenda. Pero la cosa no queda solamente allí. Hay un terreno en el que este tema tiene una aplicación y que merece una segunda opinión. El campo de la política. Sucede y sucede muy a menudo.

Ya no es un asunto de entrar el el terreno del subconsciente, ni en lo más profundo de la mente. Me refiero a la creencia, común en el gobernante, de que él sabe lo que le conviene a sus gobernados; que lo sabe mejor que ellos mismos. Esta es la idea que le permite al gobernante querer hacer feliz al ciudadano.

Un amigo lo ha expresado bien: «Si no sé exactamente qué es lo que hace felices a mi esposa y a mis hijos, no puedo imaginarme que un gobernante tenga el atrevimiento de prometer la felicidad de los ciudadanos».

La idea llega a extremos absurdos. Un estudio encontró que a más grande el gobierno mayor felicidad tienen los ciudadanos. Otro estudio, más amplio, encontró lo opuesto.

Es claro que cualquiera será más feliz en una sociedad que provea cierto nivel de seguridad contra abusos, robos, asesinatos y demás, pero más allá de eso no puede irse porque es imposible conocer los detalles de la felicidad personal. La misma persona tendrá dificultades para explicar su felicidad verbalmente.

Es decir, los gobiernos son un factor que altera para bien y para mal la felicidad de sus gobernados. No hay duda de ello.

Pero, como se ha escrito, eso no es igual a suponer que los gobernantes saben lo suficiente de los gobernados como para hacerse responsables de su felicidad.

Creer que uno puede conocer a otra persona mejor que ella misma es atrevido. Presuponer que los gobernantes conocen mejor a millones de personas mejor que ellas mismas es un pensamiento totalmente loco, digno de charlatanería política.

Post Scriptum

¿Exagero al afirmar que los gobiernos ambicionan hacerse cargo de la felicidad del ciudadano? No, en realidad, no. El libro Happiness: Lessons from a New Science propone que se eleven los impuestos a tal nivel que las personas opten por trabajar menos, ya que eso las hará más felices.

La obra citada es la de Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher. Plume.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras