Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conservadores: un Problema
Eduardo García Gaspar
6 diciembre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea sale a la superficie ocasionalmente. Es una protesta combinada con una iniciativa.

Protesta, generalmente con razón, en contra del materialismo, del consumismo, de la enorme cantidad de bienes y servicios. Del exceso que se percibe en el uso de crédito personal y de la adquisición de bienes no necesarios. Se lamenta el lujo excedido y la ostentación sin sentido.

No es una queja vacía de contenido, aunque demasiadas veces ella sea mal expresada o insensata. Su llamado a una vida más simple, menos materialista, no es irracional.

Su otro elemento, después de la protesta contra el materialismo lujoso, es una propuesta. La iniciativa de prohibir, detener, parar a la innovación, al cambio, al desarrollo.

Suele sugerirse que la autoridad detenga los adelantos; quizá deteniendo tecnologías que creen «productos innecesarios», como un iPad, o robots que sustituyan a obreros en plantas automotrices.

La idea es calificada como «conservadora» y lo es en el sentido de interpretar al conservadurismo como un intento de suspender en el tiempo a las cosas, o incluso retrasarlas a tiempos supuestamente mejores.

El problema inmediato es obvio, el de cómo detener al cambio, a la innovación, a las nuevas ideas. Un remedio extremo es el de usar al gobierno, el que por la fuerza impide la innovación: habría sido ilegal cambiar a los bulbos de radios y televisiones por transistores, o implantar a la frecuencia modulada.

Sí, es extremo, pero piense en resolver el cómo detener al materialismo, al consumismo, a los productos innecesarios. ¿Para qué un Kindle cuando ya hay libros? ¿No convendría limitar el número de cereales en caja y detener a productos de demasiado lujo?

¿Qué hacer para detener todo eso? La respuesta usual y escasamente imaginativa es la de costumbre, la misma que usa el socialismo como estrategia central: usar el poder del gobierno. La autoridad prohibirá con leyes, con reglamentos, con permisos y licencias.

Piense usted en una posibilidad, la de una persona cualquiera que se encuentra preocupada por el excesivo materialismo de nuestros tiempos, y quiere hacer algo. Frente a sí misma, ella verá la opción de usar a la fuerza estatal. ¿Le preocupa que la gente gaste en tonterías innecesarias? Bueno, pues que el gobierno prohiba su producción.

¿Le preocupa que las tecnologías reduzcan empleos en algunos sectores, como cajeros en los bancos? Podría hacerse que fuera ilegal tener cajeros automáticos:

«[…] los cajeros automáticos y las máquinas expendedoras son casos de reemplazo directo, pero también hay casos indirectos como Amazon, una tienda en donde se sustituye una gran variedad de empleos debido al uso de Internet y de software especializado en distribución y organización de productos […]»

La propuesta de detener el avance está justificada en la conservación del estado actual, lo que supone que el estado actual es mejor que el estado futuro; o incluso que un estado pasado es mejor que el presente. La hipótesis es insostenible dada la complejidad de la sociedad.

Esa sociedad es imperfecta y al mismo tiempo posee cosas buenas y cosas malas. Y que, en su efecto neto, estos tiempos son de más progreso que cualquier anterior (los adelantos médicos son suficientes como para probarlo).

En consecuencia, creo yo, el tratar de conservar al estado actual de cosas por medio de la acción gubernamental tiene dos defectos mayores: (1) conduce al autoritarismo y (2) detiene el progreso que beneficia a todos, aunque obviamente tiene costos y defectos.

El conservador que quiera hacer algo tiene que, entonces, tomar una decisión realista. ¿Le molesta el materialismo, le preocupa la ostentación idiota, se indigna con los productos innecesarios? Muy bien, pero no conviene que use el poder gubernamental ni, la verdad, podrá detener los avances ni la innovación.

Todo un problema y uno realmente serio. Quizá la clave está en una mejor comprensión de eso que podemos llamar «cambio» y pensar que es imposible que la sociedad permanezca estática e intentarlo sería idiota.

Una vez aceptado lo anterior, quizá la respuesta más adecuada para ese activista que pretende corregir algo malo presente prohibiendo adelantos y cambios por medio del intervencionismo estatal, sea la propuesta por la actitud que se tenga ante el cambio y la innovación (véase La Idea Conservadora)

Quizá esto pueda ser ilustrado en la actitud conservadora que no considera que cualquier cambio sea bueno, ni que todo lo nuevo produzca beneficios. Sin duda habrá cambios buenos, innovaciones positivas.

Igual de miope sería tratar detener a la sociedad que reconstruirla de nuevo.

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