Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cualquiera Puede Llegar
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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«Cualquiera puede llegar a ser presidente». Más o menos así se resume un ideal democrático.

Cierto que hay otros requisitos dependiendo de cada país, pero la idea es clara: todos los ciudadanos tienen la posibilidad de ocupar puestos públicos, si es que eso quieren.

La connotación usual de esa idea es favorable. Es democrática y parece que eso basta.

Hace pensar en que el poder radica en la gente, la soberanía en el pueblo. Muy bien, pero la realidad es más compleja que un eslogan político.

El que cualquiera pueda llegar a ser presidente presenta alternativas dignas del mayor espanto. Es eso de tener cuidado con lo que se ambiciona porque puede convertirse en realidad. Literalmente cualquiera puede llegar a gobernar y ello no es por definición algo siempre bueno. Puede ser terrible.

Piense usted en, por ejemplo, Hugo Chávez. O en los casos que en su mismo país se han tenido. La posibilidad de López Obrador, en México, es algo que resulta estremecedor. Piense en Donald Trump, o Bernie Sanders, o Hillary Clinton.

La pregunta es obvia. ¿Tienen todos la capacidad para gobernar? La respuesta inmediata y clara es no.

Peor aún, quizá nadie tenga realmente esa capacidad que se necesita para estar en una situación de tanto poder.

Y la cosa se complica todavía más con otro elemento: la atracción que siente ciertas personas hacia puestos con alto poder gubernamental. Eso significa que las personas más atraídas hacia una carrera política podrán ser quienes más ansias tienen de imponer su ideología en los demás. Una posibilidad terrible.

O bien, quienes tienen una inclinación hacia el hacer de la vida política un método para la acumulación de riqueza personal aprovechando su poder. Esto crea a la cleptocracia. Otra posibilidad terrible.

Podría ser también que lleguen al poder personas ignorantes, sin preparación, a las que se coloca en puestos que requieren conocimientos que ellas no tienen. Es como colocar al que estudio solo primaria a cargo de una planta nuclear. También es algo terrible.

Riesgos de este tipo son los que hacen vital al sistema de cambio de poderes, el de las elecciones periódicas. Justificado como un mecanismo que permite sacar del poder a quien se juzga ha tenido un desempeño malo. Nada más que eso es posible hacer en una democracia.

Bueno, excepto por otro mecanismo para evitar la concentración de poder y que es la famosa división en ejecutivo, legislativo y judicial. Pero, a pesar de eso, los riesgos de que literalmente cualquiera pueda llegar al poder se mantienen.

Se mantienen por otra razón, la del voto popular poco o nada ilustrado. Los ciudadanos que votan no son precisamente personas preparadas para la selección de los mejores. Las pruebas abundan y presentan otro riesgo de consideración.

En fin, supongo que lo anterior demuestra que la democracia se haya democratizado en exceso atrayendo a muchos que no merecen ser gobernantes elegidos por votantes que no tienen la posibilidad de dar un voto ilustrado.

Pero, quizá diga algún lector, al final de cuentas existe la posibilidad de llegar a elegir a personas capaces y honestas, que si bien no son perfectas, serían gobernantes aceptables, incluso buenos. Es correcto afirmar esto. Esa posibilidad existe, pero es necesario reconocer que quizá sea más excepción que regla.

Todo lo anterior es lo que hace conveniente añadir la idea de «república», algo que quita el exceso democrático a la democracia y le añade otro mecanismo de protección contra abusos: el estado de derecho, el imperio de la ley.

La república quita el personalismo natural que afecta a la democracia e institucionaliza al sistema.

En fin, lo que he querido hacer es quitar de la mente el sueño frecuente democrático, el que supone que los gobernantes tienen alta vocación de servicio y están siempre deseosos de servir a la nación. Demasiado febril para ser cierto y, realmente, otro de los riesgos de la democracia.

La realidad es que, como se presupone en las ideas del Public Choice, los gobernantes son gente común, como el resto y, por lo tanto, no están exentos de sucumbir a sus intereses personales. No son los ángeles salvadores que demasiados presuponen.

La conclusión general es clara: es menos riesgoso, mucho menos peligroso, vivir bajo sistemas políticos de gobiernos limitados y reducidos que bajo sistemas con gobiernos grandes y de amplios poderes.

Es decir, si todo lo demás permanece constante, se vivirá mejor bajo un gobierno pequeño que bajo uno grande.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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