Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Culpa y Felicidad
Eduardo García Gaspar
10 noviembre 2016
Sección: EDUCACION, ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es frecuente encontrarlo. Es una afirmación, y hasta una orden, el dejar de sentir culpa.

A la pregunta, ¿cuándo nos sentimos culpables? se dan respuestas como esta:

«Cuando pensamos que hemos hecho algo mal. . ¿Pero quien dice que algo está mal? Tu educación, tu cultura, tus creencias, tus valores. En realidad la idea de lo que es justo o no, de lo que está bien o mal está arraigada en nuestros corazones […] El problema surge cuando la mente inicia la definición de lo que es correcto o incorrecto o la del bien y del mal que has aprendido de tu familia, escuela, cultura, religión, etc.» cuantona.com

La intención es quitarse de encima el sentirse culpable, explicando que el sentimiento es creado por «creencias creadas por los condicionamientos son solo ideas, son falsas perspectivas que te llevan a juzgarte a ti mismo».

Mientras que en esa idea hay alguna dosis de verdad y que apunta lo negativo que es un sentimiento injustificado de culpa, hay también un riesgo cuyo examen bien vale una segunda opinión. Entendamos que hay culpas sanas y que ellas son positivas.

Pero veamos esto desde el principio. Para sentir culpa es necesario tener dos elementos: (1) una acción voluntaria y (2) una norma contra la que esa acción se compara. Y, de manera simple, eso permite aprobar o reprobar la acción.

Cuando la acción es reprobada, puede entonces surgir un reconocimiento: «he hecho algo malo, indebido». Después de ese reconocimiento puede surgir el sentido de culpa: «me siento mal por haber hecho lo indebido».

Las propuestas para quitarse el sentido de culpa, por tanto, son directas. Primero, no reconocer normas que reprueben actos propios; sin ellas será imposible afirmar que hay actos indebidos. Sin reglas morales reconocidas será imposible sentir culpa, al menos en teoría.

Segundo, a pesar de aceptar que hay normas y reglas morales y que se ha hecho algo indebido de acuerdo con ellas, no permitir que el sentido de culpa emerja. Puede argumentarse que, por ejemplo, las normas son inventadas por la sociedad; o que son formas para causar temor injustificado.

El resultado general de lo anterior es una conducta personal «liberada» de normas y con una escasa probabilidad de sentir culpa y eso es bueno, porque se juzga que sentir culpa es una mala cosa que nos quita felicidad. Esto es lo que resulta riesgoso: si para evitar sentirse culpable retiro el sentido del bien y del mal, terminaré en una vida sin rumbo.

Vayamos ahora a la otra posibilidad, en donde existe el sentido de culpa, de haber obrado mal en contra de normas morales. La persona acepta eso e implícitamente reconoce las normas, lo que le crea eso que llamamos arrepentimiento: «no debería haberlo hecho».

La lleva un paso más allá incluso: «no debo volverlo a hacer». Este es un sentimiento positivo en su intención y que no se tiene cuando se carece de sentido de culpa. Es decir, si el haber obrado mal produce una pérdida en la felicidad de ese momento, la intención de corregir produce una instancia de corrección futura positiva. No está nada mal.

Pero hay algo más, que es el sentido de responsabilidad. Esto es el aceptar las consecuencias de las acciones propias. Admitir los efectos de las obras propias es algo que tampoco se tiene en el escenario que intenta hacer desaparecer al sentido de culpa y que impide eso que llamamos «aprender en carne propia».

En ese vivir las consecuencias de los actos personales hay un elemento llamativo, al que podríamos llamar expiación o mortificación. Es como un «pagar» por lo malo que se hizo y que resulta en un valioso aprendizaje personal que lleva a la madurez individual.

Mi intención en lo anterior es apuntar el riesgo que existe en la creencia de que es deseable quitarse de encima el sentido de culpa por haber hecho algo malo. Cuando se retira ese sentido de culpa también se retira a la intención de corregir, al aprendizaje de la vida, a la madurez personal.

¿No me cree? Consienta a un niño en todo y por todo, haga sus deberes por él, deje que haga rabietas, no lo castigue haga lo que haga… y verá el monstruo que así se crea. Bueno, pues es igual en los jóvenes y en los adultos.

En fin, todo mi punto es señalar el riesgo de abandonar el sentido de culpa. El hacerlo lleva a tener seres humanos que no podrán ya vivir en sociedad.

Para saber que se es feliz es necesario perder la felicidad ocasionalmente y a eso ayuda, como pocas cosas, el sentido de culpa propia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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