Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cultura y Religión
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


«Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que se lo creen todo».Gilbert Keith Chesterton

«Debe crearse una cultura racional, contraria al dogma, en la que no exista religión ni superstición». Más o menos, esas fueron las palabras que escuché.

No fue la primera vez. Forman parte de una especie de agenda progresista.

El tema es fascinante por una razón: hasta donde conocemos de historia, la ‘cultura’ y la ‘religión’ son cosas que siempre han ido juntas. Una es parte integral de la otra y separarlas en la realidad puede probar ser una tarea imposible. Al menos hasta donde resulta razonable afirmarlo.

Sí, es posible argumentar que es la cultura la que crea a la religión y que si eso es cierto, entonces puede aspirarse a tener una cultura sin que ella cree una religión. Aunque también es posible decir razonablemente que la religión es la que crea a la cultura, al menos en muchos de sus rasgos más centrales.

Quizá sea lo más adecuado pensar que entre ellas se afectan mutuamente, creando un todo llamado cultura y que es extraordinariamente difícil extirpar a la religión. Basta leer un poco de historia para constatar eso… lo que presenta un problema serio.

Supongamos que en verdad es la cultura la que crea a la religión y que entonces puede tenerse la posibilidad de tenerse una cultura que se abstenga de crear una religión. La primera posibilidad es que esa cultura funcione sin religión; la otra, que el vacío que eso produce sea llenado con otra cosa que no sea religión.

¿Puede existir una cultura sin religión, sin ninguna en absoluto? Esto suena a algo imposible. Para bien o para mal, la religión produce mandatos morales, creencias, costumbres, ceremonias, filosofías, festividades, valores, que son parte esencial de cualquier cultura.

La posibilidad más realista es la de crear un sustituto de la religión, algo que llene el vacío que su ausencia produzca. Es decir, algo que cree también mandatos morales, creencias, costumbres, ceremonias, filosofías, festividades, valores y todo lo demás. Elaborar todo eso, mucho me temo, es equivalente a crear otra religión.

Otra religión, aunque de nombre se conozca como ateísmo, secularismo, o lo que usted quiera. Son tan profundas las raíces de la religión que retirarla de la cultura haga a esta última lo mismo que tener un libro de Don Quijote en el que no aparezca el personaje central. Y si se intenta, tendrá que inventarse un sustituto.

Visto de otra manera, querer tener una cultura sin religión es una postura que primero debe examinar si acaso es posible eso que pretende: una cultura sin mandatos morales, creencias, costumbres, ceremonias, filosofías, festividades, valores y demás. No lo creo.

Lo que sí es una posibilidad es sustituir una religión con otra, unos dogmas con otros. Una posibilidad que plantea un problema imprevisto para quienes piensan que debe tenerse una cultura sin religión: el problema de la libertad humana.

¿Se forzará y obligará a las personas a abandonar su religión? ¿Se retirará a las religiones la libertad de expresar sus creencias y persuadir a otros? Solamente en un régimen sin libertades, en un totalitarismo, eso podrá intentarse, forzando una «nueva religión» aunque no se le llame así.

En nuestros tiempos, dadas las circunstancias de una amplia variedad de opciones religiosas, me parece que solamente con el respeto a la libertad religiosa podrá mantenerse la cultura. Es decir, los intentos de usar a los gobiernos para forzar una religión (o ateísmo), deben ser reprobados. Cada opción religiosa debe tener la libertad de expresar sus ideas y hacer sus misiones.

Hasta aquí, la conclusión me parece natural: no puede tenerse una cultura sin religión y, si eso se intenta, ello solo será posible sustituyendo a la religión existente con otra (aunque ella no se vea a sí misma como religión).

¿Qué hacer entonces? Respetar un valor religioso cristiano, el de la libertad humana permitiendo que las alternativas religiosas coexistan en una sociedad de personas libres. Esto, mucho me temo, impedirá el problema inmediato del totalitarismo, pero creará situaciones de conflictos severos, eso que se llama «guerras culturales».

Conflictos que siempre presentarán la tentación de usar la fuerza gubernamental para imponer una sobre las demás. Una forma de vida incómoda y riesgosa, imperfecta y llena de pugnas, pero que es mejor que la alternativa de imponer por medio de la fuerza estatal una religión, la que sea.

Post Scriptum

Supernova Espiritual es una lectura conveniente, con una idea de Charles Taylor.

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