Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
«Debe Usted Estar Loco»
Eduardo García Gaspar
13 enero 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona exclamó,

«Se necesita estar loco para creer que comprando bienes extranjeros el país podrá prosperar».

Una expresión digna de ver un poco más de cerca. Me recordó lo que otra persona dijo tiempo atrás.

Dijo ella,

«Es necesario estar fuera de juicio para suponer que un país puede crecer prohibiendo importaciones».

La idea opuesta, exactamente opuesta, pero la misma forma de razonar y esto es lo que creo que merece una segunda opinión, ese tipo de argumento que busca ganar una discusión.

Quizá pueda llamársele el «argumento de la locura ajena» y consiste en acusar al contrario de estar demente y chiflado por no pensar como uno. Es, me imagino, una variante del argumento ad hominem, la falacia del insulto.

Consiste en un ataque a la persona, no a lo que dice ella, con la meta de desprestigiar a su persona misma y así dañar colateralmente lo que ella afirma. El error es obvio, lo que ella opina puede o no ser cierto y razonable con independencia de cómo se le califique de loca o no.

En este caso, el ataque a la persona es simple: debe estar demente para creer lo opuesto de lo que uno piensa. «Para creer que se puede prosperar abriendo las fronteras de un país, se necesita tener cero imaginación».

Ninguna de las partes en ese debate de libre comercio está libre de culpa en el empleo del argumento de la locura ajena.

Este argumento, por supuesto, resulta inocuo en una conversación informal, en la que las conclusiones realmente poco importan y la diversión está en la discusión. Pero lo inofensivo del argumento se convierte en gran peligro cuando la discusión es seria y de efectos graves, como en el caso de adoptar o no el libre comercio en un país.

En otras palabras, este argumento de la locura ajena muestra una cierta reducción en la posibilidad de imaginar que la opinión contraria tenga sus justificaciones dignas de considerar. Creer que la única opción es la propia no es una buena muestra de inteligencia.

Otro ejemplo. Hace tiempo, D. Trump, como candidato republicano en los EEUU propuso la devaluación del dólar como medida de fomento a las exportaciones alabando la devaluación china. Esto ocasionó el comentario de otra persona.

Dijo ella que «debemos estar locos si en México no devaluamos aún más el peso para facilitar las exportaciones».

Bueno, pues es cierto que ese sería el efecto de la devaluación de la moneda local, pero sería razonable pensar que una devaluación también tiene el efecto de elevar de precio las importaciones y sería en extremo aventurado suponer que elevando su precio podría prosperarse en el país.

La argumentación que se defiende acusando al otro de chiflado no es particularmente convincente.

Desafortunadamente es frecuente, lo que nos obliga a tener la habilidad para reconocerla, sabiendo que su origen generalmente está en la incapacidad para pensar en la posibilidad de lo opuesto a lo que nuestra imaginación señala.

Quizá el caso más célebre de eso fue la observación de que nada más pesado que el aire puede elevarse, afirmado por Lord Kelvin en el siglo 19. Sí, para cualquiera en ese tiempo, esa hubiera sido la opinión general, no pudiendo tener la imaginación de que pudiera suceder.

Algo como esto sucede en las discusiones entre socialistas y liberales. cuando los primeros afirman que cualquier problema puede ser solucionado por medio de la intervención gubernamental. No imaginan ninguna otra opción posible acusando a los liberales de estar obsesionados con los mercados libres y su poder para ajustarse a la realidad.

En tiempos en los que la razón ha sido sustituida por el relativismo, se pierden habilidades para razonar y encontrar errores.

Recuerdo a un conferencista hace ya tiempo, quien afirmó que

«se necesita estar muy despistado para no comprender que para reanimar a la economía del país el gobierno debe decretar una buena reducción a todas las tasas de interés».

Y esa fue su argumentación más sólida para sustentar su opinión.

Post Scriptum

Un ejemplo de esta falacia, las palabras de Manuel Mondragón, titular de la Comisión Nacional contra las Adicciones, en México, hablando de la posibilidad de legalizar la mariguana (El Mañana 18 enero 2016):

«Si me dicen que con eso vamos a detener el narcotráfico, me río, me carcajeo. Solamente una persona que no tenga el mínimo de cociente puede suponer que eso lo va a resolver»

Uno de los temas continuos en ContraPeso.info es el de las falacias, donde pueden encontrarse otros ejemplos de otros tipos. Quizá le interese una de las más comunes, la del jugador.

Una variación de la falacia de la locura ajena es la que emplea el término «fundamentalista» o bien «fascista», que son en su fondo acusaciones de distorsión mental casi equivalentes a chifladura. La acusación que es lanzada con esas palabras podrá ser o no cierta, pero en nada cancela lo afirmado por la persona (aunque es terriblemente cómodo dejar de pensar y lanzar acusaciones de locura a otros).

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras