Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Defenderla de Sus Defensores
Eduardo García Gaspar
13 abril 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una defensa de la libertad. Una de sus modalidades.

La más obvia es enfrentar a ideas opuestas, esas que van contra al libertad. El socialismo, el intervencionismo, el comunismo, el dirigismo… todas las doctrinas que desprecian a ignoran a la libertad.

Esa lucha es clara. Los enemigos son visibles y están identificados.

Y, sin embargo, la defensa de la libertad, su buena custodia, debe aceptar que en ocasiones la libertad debe ser amparada contra los ataques que sus defensores le hacen sin darse cuenta. Paradójico, pero real. Como un fuego amigo.

Me refiero a la argumentación que algunos amantes de la libertad hacen al afirmar que ella significa poder hacer lo que la persona quiera; que quiere decir liberación de principios, reglas y normas. La definición de libertad como «hacer lo que se nos venga en gana».

Me refiero a la concepción de la libertad que todo límite a la libertad es manipulación, conciencia estrecha, represión mental y esclavitud. ¿Lo es? Realmente no. Vayamos paso por paso.

Algún liberal me ha dicho que las reglas morales son relativas, que no existen valores universales y que, por tanto, no no pueden imponerse límites religiosos ni morales a la libertad. En otras palabras nada hay universalmente bueno ni malo.

Eso es falso. Si el liberal en cuestión defiende a la libertad eso quiere decir que la considera buena, universalmente buena, algo que «debe ser». Más aún, el liberal también concede que hay algo malo, universalmente malo, la limitación de esa libertad.

En otras palabras, ese liberal acepta, aunque no se dé cuenta, que hay al menos una regla moral que establece a la libertad como un valor deseable y bueno. Esto es reconocer al menos un principio moral universal y objetivo.

Más aún, si se defiende a la libertad como algo universalmente bueno, eso necesariamente significa que se consideran moralmente correctos los mandatos que impidan a unos quitarle su libertad a otros.

Si el liberal pretendía ignorar la existencia de normal morales se ha encontrado con un problema serio. Quizá no se haya dado cuenta hasta ahora, pero también él tiene sus nociones sobre lo bueno y lo malo. Y esto quiere decir que es imposible definir a la libertad como el hacer lo que nos venga en gana.

Lo anterior es suficiente como para destruir el argumento de que la libertad consiste en hacer de lado a toda norma moral. Pero eso no es todo. La libertad necesita tener sentido, ser justificada más allá de quedarse en la situación de defenderla y solo eso. Ella debe ser cimentada.

Y no podrá serlo sin contestar una pregunta sobre la naturaleza humana. ¿Qué somos las personas y qué es la libertad para nosotros? Quien defiende a la libertad, por tanto, necesita responderla de tal forma que la libertad forme parte esencial de nuestra naturaleza. Y si forma parte de nuestra naturaleza, entonces desarrollar alguna idea del «para qué».

Conozco a muchos que defienden a la libertad económica y a eso se dedican. Hacen bien, pero hay algo en ellos que falta, algo que no satisface por ser incompleto. Libres para consumir y para producir, está bien, pero hay algo inacabado. ¿Todo el sentido de la libertad para comprar, vender y producir?

Limitarse a eso presenta una naturaleza humana truncada, de cortas miras y ambiciones reducidas. Debe haber más. El que podamos pensar, razonar, decidir y actuar justifica a la libertad y eso presenta una justificación razonable de la libertad. De nada serviría el pensar sin la libertad de actuar.

Si el defensor de la libertad no se mete en estos vericuetos, su defensa de la libertad estará coja y será inefectiva. Más todavía, hay que enfrentar otro problema, el de la dirección de la libertad. ¿Hacia dónde permite que nos dirijamos? Eso que en filosofía se llama «telos», es decir, propósito, objetivo, meta, fin.

La vida se le ha complicado al defensor simple de la libertad. Ahora tiene que ponerse a pensar en el propósito de la vida y el papel que la libertad juega en ella. La cosa es ya bastante más compleja que encontrar evidencias para probar que el socialismo no funciona (lo que puede hacerse con facilidad).

La vida se le ha complicado a quien defiende a la libertad creyendo que es un ingenuo hacer lo que yo quiera sin reglas ni normas. Ha tenido que reconocer que es un moralista. Ha tenido que poner atención en la naturaleza humana, definirla, y encontrarle sentido. Ha tenido que filosofar.

En fin, creo que esto bien ha valido una segunda opinión. Flaco favor hacen a la defensa de la libertad quienes suponen que ella es la renuncia a toda moral, a toda norma, a todo sentido de conciencia. Defenderla de esa manera es otra forma de embestirla y destruirla.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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