Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y la Mayoría
Eduardo García Gaspar
17 febrero 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La frase es ilustrativa. Una declaración de El Bronco, entonces un candidato independiente, y ganador de la elección para gobernador, en Nuevo León, México. Dijo él en una entrevista:

«La raza paga, la raza manda».

En el lenguaje popular de la localidad, «la raza» es la gente, el pueblo, las personas.

Una vez elegido, enfrentó un problema de aceptar o no una ley aprobada por los diputados del estado y que reducía su presupuesto; en Facebook escribió:

«Yo estoy aquí porque así ustedes lo decidieron y voy a dar todo de mí para que las cosas funcionen, pero para eso también necesito que todos participen, díganme qué creen que debamos hacer, ¿vetarles la decisión o aceptarla? Lo que la mayoría diga eso haré»

No tardó mucho en recibir respuesta. Miles de «likes» y comentarios se inclinaban por vetar la ley.

La pregunta que surge de inmediato es la obvia. ¿Será antidemocrático que el nuevo gobernador no vete la ley cuando la mayoría dijo que la vetara? Cierto que las respuestas en Facebook están muy lejos de ser una consulta ciudadana o un referéndum, pero aún así el problema que se presenta es fascinante.

¿Debe hacer un gobierno todo lo que sus ciudadanos le manden hacer? ¿Deben consultarse al menos las más importantes decisiones de gobierno con los ciudadanos?

Hay quienes piensan que sí. Decisiones como la de entrar en una guerra, aprobar un presupuesto de gasto y cosas graves como esas.

Examinar esto bien vale una segunda opinión. Vayamos paso por paso.

Imaginemos un extremo. Uno de consultas frecuentes, muy frecuentes, que son más la regla que la excepción. Dentro de este régimen, la mayoría dicta y manda las decisiones de gobierno. Esto es hacer eso de «la raza manda» y el gobernante obedece.

¿Es esto una democracia? Realmente no, como veremos después. Más bien, se trata de un sistema de mayoriteo popular, o como quiera usted llamarle. Su peligro es obvio y doble.

Primero, la decisión de la mayoría, así sea abrumadora, no tiene garantía alguna de ser la correcta.

Segundo, las minorías carecerían de protección frente a la mayoría que podría obligarlas a lo que sea bajo esta mala interpretación de la mayoría. Vetar ese presupuesto en Nuevo León, sería popular, pero no necesariamente la mejor opción.

Imaginemos ahora otra posibilidad. En ella las personas eligen a representantes, a gente que tomará decisiones por ellas. Se trata de un poder delegado. Esto es lo que propiamente se llama democracia, democracia representativa.

Esos representantes son los que tomarán las decisiones (excepto en casos muy aislados). Lo que estos representantes decidan no podrá llamarse antidemocrático, incluso aunque no vaya de acuerdo con la opinión pública mayoritaria.

La democracia representativa supone que las personas eligen como gobernantes a quienes tienen un cierto grado de calidad que les haría buenos gobernantes. Un sistema muy dependiente de la calidad de los gobernantes y en esto consiste su peligro.

¿Cómo resolver el peligro de malos gobernantes que toman malas decisiones? Esto nos lleva a las instituciones acostumbradas. A la división de los poderes gubernamentales. A la limitación de poderes económicos y culturales unidos a los políticos.

Todavía más. Para limitar tanto el poder crudo del sistema de mayoriteo y el abuso del poder de los representantes de la democracia, se añaden conceptos útiles. Por ejemplo, el de la república y el del constitucionalismo.

Los dos introducen la idea de leyes: los gobernantes deben actuar dentro de la ley y ella limita sus posibilidades de acción.

Así llego al punto central, el que creo que debe ser obvio.

El común denominador es claro: evitar abusos de poder, sean de la mayoría o sean de los gobernantes.

Este es el principal gatillo con el que arranca la explicación de la división de poderes de Montesquieu (1869-1755) en su muy célebre libro.

Este es el problema número uno de la política, el de evitar abusos de autoridad. Hacia ello van dirigidos todos los regímenes que entienden a la libertad como el máximo bien político que puede tenerse.

La defensa de la libertad es lo que justifica todos esos sistemas, mecanismos, procesos, que buscan limitar el abuso de la autoridad y, sí también, el de la mayoría.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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