Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos: Universales, Gratuitos
Eduardo García Gaspar
11 mayo 2016
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


«Tengo derecho a vacaciones pagadas», dijo la persona. La frase parece simple, pero tiene sus sutilezas.

Bien vale una segunda opinión explorarlas, en estos tiempos de demasiada televisión y poco seso.

Veamos, por ejemplo, una declaración del gobierno mexicano:

«[…] los trabajadores que tengan más de un año de servicios tienen el derecho a disfrutar anualmente de un periodo de vacaciones con goce de sueldo. Las vacaciones representan un derecho irrenunciable del trabajador señalado por la Ley, sin menoscabo de la remuneración habitual, ni la suspensión de la antigüedad en el empleo».

Esto significa que dentro de la negociación del salario se incluyen esos costos como parte del precio por el trabajo acordado entre empleador y empleado, dentro de las condiciones estipuladas por la ley de cada lugar.

Significa que el trabajador ha intercambiado su labor por un precio que incluye esas vacaciones. Él las obtiene a cambio de su trabajo. Podría, tal vez, renunciar a esas vacaciones y llegar a un acuerdo de recibir más dinero, si el empleador está de acuerdo, pero la ley se lo prohíbe.

¿Es un derecho eso de las vacaciones? De cierta manera. Más bien es un acuerdo entre partes, empleador y empleado, obligado por la ley, cuyo costo está incluido en el acuerdo mutuo de sueldo.

Pero hay una característica importante en ese acuerdo: no tiene un costo que deban pagar terceros. Esto es vital y pocas veces reconocido. Los derechos no pueden significar un gasto en terceros. Yo no puedo llegar a la casa de usted y exigirle que me pague las vacaciones a las que la ley me da derecho.

Esto es lo que merece ser puesto encima de la mesa. Los derechos son universales, es decir, aplicables a todos por igual. Si alguien tiene un derecho, eso quiere decir que todos lo tienen sin excepción. Esto significa que, en el caso anterior, el empleador también tiene derecho a vacaciones, lo ejerza o no.

La universalidad de los derechos tiene un efecto fascinante: ningún derecho, absolutamente ninguno, puede ser aplicado a unos sí pero no a otros. Y, más aún, el ejercicio de un derecho de uno no puede significar el deterioro de un derecho en otro.

¿Suena teórico? Un ejemplo lo aclara: usted no puede llegar a mi casa a pedirme que le pague sus vacaciones anuales en la playa. El que yo tenga que pagarle a usted sus vacaciones significa que mis derechos son afectados (tal vez ya no tenga dinero para mis vacaciones, o para lo que sea que quiera hacer).

Lo único que usted puede pedirme es algo que no tiene costo para mí, el que no le impida salir de vacaciones que usted mismo está pagando con sus ingresos.

Supongamos ahora que alguien nos alega a usted y a mí que sus hijos tienen el derecho a la diversión. No hay problema. De nuestra parte, usted y yo le diríamos que adelante, que se diviertan sus hijos hasta que se harten.

Pero otra cosa sería si esa persona nos pide nuestro automóvil para llevar a sus hijos al parque, o nos pide que les compremos juguetes. Eso produciría un desequilibrio en la universalidad de los derechos: esa persona tendría el derecho, pero nosotros no.

La cosa se torna más difícil cuando lo mismo se aplica al derecho a la salud y se interpreta de manera no universal queriendo incluir:

«El derecho a un sistema de protección de la salud. El derecho a la prevención y a tratamientos preventivos para luchar contra la propagación de enfermedades. El derecho al acceso a los medicamentos esenciales».

Eso significa que quien quiera operarse del apéndice podrá llegar a mi casa a pedir que pague su operación. Ya que eso sería absurdo, se sigue otro mecanismo que lo oculta: el gobierno entra a nuestros bolsillos y se lleva dinero que luego, en parte, usa para operar a esa persona.

Menos notorio, pero también es una violación de la universalidad de los derechos humanos.

La única posibilidad de ejercer el derecho a la salud es que nadie le impida a usted operarse, no que le paguen los costos de eso.

En este punto suele haber una queja común, la de lanzarme una serie de acusaciones sobre al menos mi insensibilidad. Negar el derecho a la salud parece ser una de las peores cosas que alguien puede decir.

Vea, sin embargo, lo que he dicho: los derechos universales no son una herramienta que legitime que el gobierno entre en su billetera alegando que así cumplirá con el derecho a la salud o con cualquier otro.

Eso es un uso pirata de la idea de los derechos humanos, una falsificación, una estafa emocional que indebidamente defrauda el concepto de caridad y amor al prójimo.

¿Le conmueve que haya personas que no tengan acceso a hospitales y médicos? También a mí. Solamente pido dos cosas.

Una, por favor, no prostituyamos la idea de derechos humanos convirtiéndola en un pretexto para que los gobiernos se lleven nuestro dinero.

Dos, la caridad y el amor al prójimo es nuestra obligación directa y personal. No la podemos delegar en la burocracia. Busque usted la manera de ayudar a esos que no tienen servicios médicos.

Post Scriptum

Si el derecho a la salud se aplicara como debe ser, universalmente, en un universo de tres personas, dos de ellas pagarían los gastos de A, luego las otras dos pagarían los de B y dos de ellas pagarían los de C; con un problema de diferencial de costos entre cada persona.

El sistema podría mejorarse con un sistema de seguros. Pagando todos una prima, los fondos cubrirían los gastos médicos de quien los necesite durante el período cubierto. No está nada mal, pero requiere que todos paguen lo mismo (sí con variables de edad, sexo y demás). Sería injusto que unos pagasen la prima y otros no.

No hay que confundir a los derechos humanos con metas deseables y acciones de caridad y compasión.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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