Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deseos y Deseos
Eduardo García Gaspar
18 enero 2016
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay de muchos tipos. Los hay de toda clase, tipo y ralea.

Funcionan como detonadores de decisiones y conductas. Son las opciones de nuestra vida, esas alternativas que seleccionamos.

Y nuestra selección es una buena imagen de las ideas que tenemos.

Una cita de C. S. Lewis (1899-1963):

«Todo hombre civilizado y sano debe tener algún conjunto de principios por medio de los que decide rechazar algunos de sus deseos y permitir otros […] Sucumbir a todos nuestros deseos obviamente lleva a impotencia, celos, mentiras, hipocresía y todo lo que es opuesto a salud, buen humor y franqueza. Porque para cualquier felicidad en esta tierra, será necesaria una buena cantidad de moderación».

Siguiendo al mismo Lewis, imagine usted a alguien que tiene un deseo grande por la comida.

«No hay nada de qué avergonzarse cuando disfrutas tu comida: habría todo de qué avergonzarse si la mitad del mundo hiciera de la comida el principal interés de sus vidas, pasando su tiempo viendo fotografías de comida y chasqueando sus labios».

Hay una gran idea en esas palabras de Lewis. Frente a nosotros, a diario, se presentan oportunidades de decisión, alternativas para actuar. Motivadas por la satisfacción de deseos personales, objetivos que queremos lograr.

Puede ser beber una cerveza ahora mismo; ir por la tarde al cine; terminar una tarea; dar un beso a la esposa; saber el último chisme de un político; contar un chisme a un amigo; ver pornografía en Internet; mandar un video de un gato que baila a los correos de los amigos.

Son miles de posibles deseos por satisfacer; robar un banco; pagar la hipoteca; rezar un rosario; engullir un plato doble de pasta; golpear al que está frente a nosotros; ponerse una máscara y romper el aparador de una tienda; miles y miles de cosas, deseos que podemos cumplir.

Mi punto es que, entre esos miles de deseos, nuestra conducta mostrará un patrón de conducta: un cierto tipo de deseos satisfechos con acciones frecuentes. Ese patrón que muestra a un cierto tipo de deseos cumplidos es lo que permite mostrar los principios que tenemos.

Principios que usamos para «rechazar algunos de sus deseos y permitir otros», como escribió Lewis.

Es decir, nuestra conducta real, las cosas que hacemos, son un buen indicador de los principios que están en nuestro interior. Si examinamos las cosas que hacemos con frecuencia y las que evitamos hacer, eso nos dará información sobre lo que consideramos más importante en nuestras vidas.

Tomo un ejemplo claro y extremo para ilustrar esto. El de una persona que lleva varias operaciones de cirugía estética, es compradora frecuente de ropa y accesorios para vestir, y también de maquillaje. Esto puede dar a esa persona una buena indicación de sus prioridades. Pero no es todo.

Son también importantes las cosas que evita y rechaza. En este caso ella no lee ni el periódico, la ahuyentan las comidas fuertes y las conversaciones “de fondo”. Un caso claro, simplificado, que ilustra mi idea.

Observando las conductas propias, uno es capaz de conocerse mejor sabiendo las cosas que a uno más importan. Por inferencia, eso permite conocer los principios que unos más valúa. Esto no es más que esa idea de conocerse a sí mismo; la de que la vida propia debe ser examinada.

Un examen de deseos propios y cómo los seleccionados y los evitados dan una idea de lo que más valoramos. Este es el punto al que quiero llegar: ese conocimiento propio es que que inevitablemente plantea una pregunta. ¿Eso es todo en la vida o hay más?

Vuelvo al caso simple y extremo anterior. Podría esa persona preguntarse si en su vida hay algo que está más allá de senos rejuvenecidos y bolsos de M. Kors. Otros podrían preguntarse si hay cosas más allá de videojuegos, cerveza y fiestas.

Es esa actitud socrática de ponerse a pensar y vivir una vida digna, es decir, examinada. O al menos tratar de hacerlo. Un buen punto de arranque es esa pregunta de si hay cosas más allá, superiores a las que forman la vida propia actual.

Y es que me parece obvio que hay mucho que está más allá de 50 Sombras de Grey, Lady Gaga y J. Bieber; más allá de telenovelas y M. Cyrus; más allá de «just do it», memes en internet y textear.

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