Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Diagnóstico Capitalista
Eduardo García Gaspar
4 enero 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


«Todo el mundo, sin importar lo fanáticos que sean a la hora de difamar y luchar contra el capitalismo, implícitamente lo homenajean al demandar apasionadamente sus productos». L. v Mises.

Es una mentalidad. Un marco de referencia. Un pensamiento acostumbrado y usual. Una estructura intelectual. Ella produce párrafos como este (enfasis mío):

«Así, a la sombra del mal entendido feminismo, el añejo machismo, el capitalismo galopante, la pobre espiritualidad, la violencia pública y privada, la corrupción de las instituciones, el desprestigio clerical, los hijos están creciendo en solitario».

No es el único caso. Vea esto, por ejemplo:

«No hay duda de que nuestro actual sistema económico ha abierto una brecha cada vez más grande entre ricos y pobres. Ya se ha señalado al capitalismo voraz como responsable del desajuste socioeconómico de México… »

¿Capitalismo galopante y voraz causante de familias en colapso y desajustes económicos? Eso es lo que se afirma. La afirmación tiene dos facetas.

Primero, la creencia de que vivimos un capitalismo libre y sin restricciones. El más mínimo contacto con la realidad indica lo contrario. En realidad vivimos en sistemas con buenas dosis de socialismo y sus variaciones.

Segundo, la tendencia a culpar al capitalismo de cualquier problema que se tenga. ¿Las familias se desintegran o la economía va mal? El capitalismo tiene la culpa. «El capitalismo profundiza en la crisis, condena a la pobreza a buena parte de la población mundial…» se dice sin vaguedad.

Esa mentalidad o marco de referencia es común. Se encuentra en todas partes. Es un paisaje intelectual acostumbrado. Nadie se inquieta mucho cuando se presenta y lo hace con frecuencia en todas partes.

Esto bien merece una segunda opinión. No solamente para ver lo pueril que resulta, sino sobre todo para conocer sus causas. Una de ellas me parece que da en el blanco.

Comienza con una realidad innegable. La pobreza, miseria, falta de crecimiento, desigualdad económica, lo que sea que usted quiera llamarle. América Latina es en general un buen ejemplo de eso que llaman economías frenadas.

Las soluciones se proponen con buen motivo. Y ellas son siempre de un mismo tipo, más intervención estatal en la sociedad. ¿Cuál es la razón de ese tipo de propuestas?

Me parece que la razón es una confusión.

En América Latina, por ejemplo, los regímenes imperantes en la actualidad tienen dosis feudales, con modalidades de siervos atados a la tierra y a regímenes improductivos.

Pero también tienen dosis de asociaciones entre el gobierno y grupos poderosos, entre los que cuidan sus intereses. Grandes empresas en simbiosis con los gobiernos; sindicatos protegidos por los gobiernos; grupos de presión atendidos con más solicitud que el ciudadano.

En resumen, tenemos un sistema en el que domina el capitalismo de amigos, el corporativismo, el amiguismo y demás. Dominan y causan lo obvio, estancamiento económico. La pobreza se perpetúa.

Aquí está precisamente el problema y consiste en creer que esos sistemas económicos que dominan son capitalismo. No lo son. No lo pueden ser. Van contra a esencia más característica de la libertad humana.

Creo que el problema puede ser ya entendido. Es un problema de mal diagnóstico de un médico que ve al paciente, constata los síntomas y receta la medicina incorrecta, porque identificó equivocadamente a la enfermedad.

Tome usted a una persona cualquiera. Una que haya escrito o dicho cosas como «un capitalismo galopante» en México y estará frente a otro caso de diagnóstico equivocado.

La persona ve un crecimiento pobre, una pobreza que disminuye menos de lo posible, casos graves de miseria rural y los interpreta como consecuencia de un capitalismo sin frenos. Y, por supuesto, ella recomienda soluciones opuestas al capitalismo que ella ve, es decir, más estatismo.

Pero sucede que lo que México sufre no es precisamente un capitalismo irrestricto, sino un estatismo creciente que sí es causa verdadera de la falta de dinamismo en la economía. El culpable no es el capitalismo, él es la cura no la enfermedad. Se necesita menos gobierno y no más.

Puesto de otra manera, para dejar las cosas claras. ¿Le inquieta a usted la pobreza? ¿Quiere usted ayudar a los pobres?

Pues, primero, haga un diagnóstico exacto del régimen económico y verá que es el exceso de gobierno lo que padecen tantos países: México, Argentina, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Cuba, Ecuador; por no mencionar a la Unión Europea.

¿No me cree? Vea esto, un párrafo tomado de ¿Quién Genera Pobreza y Desigualdades?:

«[causas de pobreza y desigualdad son la] Deuda externa, empresas transnacionales, relaciones comerciales injustas y sobreconsumo 200 años de capitalismo nos han demostrado que estamos en un sistema totalmente injusto porque se basa en generar pobreza y desigualdades entre las personas. Mientras el capitalismo mata de hambre a 950 millones de personas y hunde en la miseria a 4.700 millones, de las cuales el 70 por ciento son mujeres, este mismo sistema mantiene en la opulencia y el exceso a otra pequeña parte de la población. ¿Acaso existe algún sistema más injusto?

¿Capitalismo basado en generar pobreza? Pero si es precisamente lo contrario. Desde que el capitalismo tuvo oportunidad de implantarse ha generado una riqueza siempre creciente de la que ahora disfrutamos y que está amenazada por ese mal diagnóstico (no muy diferente al error de C, Marx).

Post Scriptum

La columna citada al principio es de J. Leroux, «Familias en colapso» (El Norte, 10 diciembre 2015).

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