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Dios y Dinero
Selección de ContraPeso.info
5 octubre 2016
Sección: ECONOMIA, ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Money and Moral Absolutes.

Desde el inicio de las primeras formas de capitalismo en el norte de Italia, Flandes y otras partes de Europa medieval, a partir del siglo IX en adelante, muchos de los comerciantes que fueron parte de formas financieras cada vez más refinadas, usaron inscripciones como Deus enim et proficuum («por Dios y la ganancia»), en las esquinas superiores de sus libros de contabilidad.

Otros abrieron sus contratos de sociedad con fórmulas como A nome di Dio e guadangnio («a nombre de Dios y de la utilidad»).

Uno de los eruditos más destacados de este periodo, el historiador belga de economía Raymond de Roover, insistió en que tales frases no eran «una expresión de cinismo» ni «un signo del materialismo».

En vez de eso, tales palabras reflejan la convicción de sus autores de que la banca y las finanzas son esfuerzos económicamente útiles, y que en la búsqueda de ganancias de alguna manera ellos estaban dando gloria a Dios ayudando a desplegar todo el potencial del universo que él había creado.

Luis Molina SJ y los muchos otros cristianos que exploraron estas cuestiones a lo largo de la historia no buscaban la mayor eficiencia del mercado. Su preocupación era moral. Analizaron ellos las decisiones que las personas toman en finanzas para ver cuáles acciones eran moralmente justas y cuales de ellas caían por debajo de las exigencias de la verdad cristiana.

Como importantes efectos colaterales, tales estudios ayudaron a identificar las características claves del dinero, clarificaron cómo funcionó el interés como medio para calibrar el riesgo y aumentaron el conocimiento de la verdadera naturaleza del capital, explorando cómo puede ser el usado para generar riqueza.

No obstante, los cristianos estuvieron —y deben continuar estándolo—, principalmente preocupados con la moralidad de las diferentes opciones financieras.

Este enfoque es diferente al de la mayoría de las personas que estudian finanzas en la actualidad. Su atención se concentra en tratar de comprender y de criticar a las prácticas contemporáneas financieras para poder mejorar la capacidad de los sistemas financieros para generar riqueza y lograr las metas de políticas específicas.

Al hacerlo, estos académicos han descubierto mucho acerca de cómo funciona las finanzas modernas —un conocimiento que debe ser tan útil para los cristianos que exploran en estos campos, como los descubrimientos de la investigación científica que los han ayudado en la ética médica.

Donde el planteamiento de los fieles cristianos es diferente al de la mayoría de los enfoques seculares en finanzas es que los cristianos no pueden aceptar reclamos de conveniencia o de maximización de utilidades como el criterio último para tomar decisiones morales.

El autor de uno de los pocos estudios modernos de las finanzas desde un punto de vista cristiano, el fallecido Thomas Divine, SJ, subrayó este punto.

El padre Divine argumentó que el potencial para la explotación de prestatarios por parte de los prestamistas se redujo dramáticamente dentro de las condiciones de un mercado competitivo de capital precisamente porque los prestatarios no estaban ya a merced de uno o de dos prestamistas.

Sin embargo, Divine no dudó al afirmar: «si los resortes del interés están contaminados en su origen, entonces ninguna cantidad de bienestar social que el interés pueda promover logrará purificar ese origen».

Divine entendió —al igual que lo comprendieron figuras como san Pablo, san Basilio, san Agustín, Santo Tomás de Aquino y, más recientemente, C. S. Lewis— que la estabilidad misma de la ética cristiana ortodoxa reside en su afirmación inequívoca de que hay absolutos morales sin excepción: es decir, hay cosas que nunca deben hacerse sin importar qué tanto bienestar social puedan ellas promover.

Los cristianos que estudian las finanzas, sin embargo, no pueden caer en la trampa de pensar que es aceptable elegir intencionalmente un mal con el fin de realizar un bien.

Esa forma de elección moral y de conducta fue específicamente condenada por san Pablo (Romanos 3:8) y por la completa tradición cristiana ortodoxa.

Más aún, Finnis previene: hacer de la valoración de los cálculos el principal punto de referencia moral es profundamente irracional porque presupone lo imposible: que los humanos pueden saber y valorar todas las consecuencias conocidas y desconocidas de acciones o reglas particulares.

Nota del Editor

Esta columna es un fragmento de un nuevo libro de Samuel Gregg For God and Profit: How Banking and Finance Can Serve the Common Good (Crossroad Publishing Co., 2016)

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

 





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