Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dios y el Terrorismo
Eduardo García Gaspar
21 junio 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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El terreno es fascinante. Es el de Dios y nuestra relación con él.

Fascinante igual para creyentes que para ateos, pues ambos tienen un profundo interés religioso aunque en sentidos opuestos.

Inicio con una cita, de un columnista comentando sobre el ataque terrorista en Orlando:

«Mucha gente en el mundo está convencida de que conoce realmente lo que piensa o dice Dios, aunque cada religión ofrece una lista diferente de los supuestos deseos y órdenes divinos.Yo pienso que hay algo de sacrílego en la pretensión de afirmar que uno sabe lo que quiere Dios, especialmente cuando se afirma que ordena matar a personas inocentes al azar».

La mezcla de ideas es irresistible, pero una de ellas lo es en especial: conocer lo que piensa o dice Dios, pensar que se sabe lo que Dios quiere.

¿Tenemos o no la posibilidad de conocer a Dios y su voluntad? Respondamos con lógica.

Primero, si Dios no existe la pregunta es absurda y, lo peor, eso que se pretenda que es la voluntad de Dios resultaría una mentira (involuntaria o intencional). Entonces lo que interesa es ver la otra alternativa, la de que Dios efectivamente existe.

Es un escenario en el que Dios existe se plantean dos opciones básicas. En la primera opción, Dios existe pero no permite comunicación entre nosotros y él; simplemente no le interesa comunicarse con nosotros y tampoco le interesa que nos comuniquemos con él.

En esta opción, por tanto, toda pretensión de creer saber la voluntad de Dios es falsa y engañosa. Para todo propósito práctico esta opción es igual a la de la no existencia de Dios.

La otra opción es una en la que se cumplen dos condiciones: (1) Dios existe y (2) él se comunica con nosotros y nosotros con él.

Este es el escenario en el que se fundamentan el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Suponen ellas que Dios se revela a las personas, desea que ellas conozcan a su Creador y les provee medios. La Biblia cristiana es un ejemplo brillante de esa idea de Dios revelándose a sí mismo frente a los humanos.

Ahora una consideración. ¿Cuál de las dos opciones es más razonable? ¿Un Dios que no le interesa comunicarse con su Creación o un Dios que ama su Creación y se comunica con ella? Creo que la segunda es más razonable que la primera.

Ahora viene algo que pone aún más sabor al tema. ¿Qué hacemos las personas con la Revelación de Dios? Es decir, a la manera en la que la entendemos y asimilamos y nos persuade.

Me refiero a lo que Lukas Wicke llama desarrollo doctrinal y que en pocas palabras es el uso de nuestra razón aplicada a esa Revelación.

Hay dos maneras centrales de atender a esa Revelación, dependiendo de si se usa o no a la razón.

Es posible tomar esa Revelación, la de textos sacros, y concluir que la razón no aplica a ellos, que no tiene sentido usarla, que lo único que es posible es aceptar esa Revelación como algo literal y fundamental, a lo que nuestro pensamiento nada puede agregar. En este caso, la religión consiste en el obedecer sin cuestionar ni pensar.

La otra manera es hacer lo opuesto, aceptar que es posible usar la razón para entender a la Revelación, para complementarla, incluso para discutirla. Un ejemplo: en esta posibilidad de uso de la razón se da cabida a demostraciones racionales de la existencia de Dios (como las cinco pruebas de Santo Tomás de Aquino), lo que para la otra opción es impensable.

Regreso al inicio de la columna, a la idea de lo afirmado por el columnista:

«Yo pienso que hay algo de sacrílego en la pretensión de afirmar que uno sabe lo que quiere Dios».

¿Lo hay? No lo creo, quizá sea lo opuesto, al menos si se cree en la existencia de un Dios que ama a su Creación y que, por eso, tendrá interés en comunicarse con su Creación. Esto hace perfectamente razonable el suponer que se conoce a la voluntad divina.

Pero la cosa no es tan simple y el acto de terrorismo lo demuestra.

Es extraordinariamente dudoso que pueda afirmarse que ha sido la voluntad de Dios el destruir parte de su Creación: asesinar a inocentes en edificios, en bares y cafeterías, en estaciones de tren, en donde sea. Que el asesino diga que eso fue ordenado por Dios reta a la razón y resulta falso.

Esa es una creencia falsa, un engaño a sí mismo, pero no descarta toda posibilidad de conocer lo que Dios desea. El que alguien se equivoque creyendo conocer lo que Dios quiere, no significa que todos los demás estén también equivocados.

El mismo columnista parece reconocer que sabe que Dios no quiere esas matanzas.

Post Scriptum

El columnista citado es Sergio Sarmiento, Dogma Intolerante, Grupo Reforma 14 junio 2016.

Del libro de Lukas Wicke cito:

«Los dogmas cristianos reflejan este intento, hasta el punto en el que formulan racionalmente las verdades de la fe sobre el fundamento de la revelación […] algunos dogmas no se encuentran palabra por palabra en la Biblia. Solamente pueden ser formulados sobre la base de reflexión y tradición teológica. Porque el dogma no es una forma cerrada y completa de conocimiento revelado dentro del gran patrimonio de la fe, se mantiene abierto a nuevas profundidades».

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