Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Diversidad y Desigualdad
Leonardo Girondella Mora
25 octubre 2016
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


«Respeto y valoración de la diversidad» es una de las «competencias cívicas y éticas» apuntadas en los cursos escolares del gobierno mexicano.

Allí se hace una afirmación:

«Respeto y valoración de la diversidad. Se refiere a las facultades para reconocer la igualdad de las personas en dignidad y derechos, así como a respetar y valorar sus diferencias en su forma de ser, actuar, pensar, sentir, creer, vivir y convivir. La diversidad es una condición inherente a cualquier forma de vida y se expresa en aspectos como edad, sexo, religión, fisonomía, costumbres, tradiciones, formas de pensar, gustos, lengua y valores personales y culturales».

No hay gran dificultad en esto: todas las personas son iguales en cuanto a su dignidad, de la que derivan derechos que son los mismos en todos. Al mismo tiempo, y a pesar de esa igualdad, se reconocen diferencias notables entre personas.

Las variaciones de «edad, sexo, religión, fisonomía, costumbres, tradiciones, formas de pensar, gustos, lengua y valores personales y culturales», son las acostumbradas.

No está mal enseñar eso al alumno: entre las personas existe una combinación de igualdad y diferencias —la que puede ser expresada como igualdad esencial y desigualdad circunstancial.

A la desigualdad se le llama ‘diversidad’ seguramente para evitar un término que resulta tabú para demasiados. No sería políticamente correcto hablar del «respeto y la valoración de la desigualdad» aunque ello sea equivalente a respetar y valorar a la diversidad.

Continúo citando esa parte del documento oficial:

«También implica tener la posibilidad de colocarse en el lugar de los demás, de poner en segundo plano los intereses propios frente a los de personas en desventaja o de aplazarlos para el beneficio colectivo».

Ahora la exaltación de la desigualdad o diversidad es llevada a un terreno específico: el alumno debe ponerse en los zapatos de los otros —una especie de empatía que le lleve a comprender a los otros.

Una buena idea que en realidad lleva al alumno a entender al otro —lo que incluso puede ser llevado a un plan socrático: hacerle preguntas para entenderlo y hacerlo de manera respetuosa. Solamente haciendo preguntas y produciendo respuestas podrá tenerse esa empatía con el resto.

Pero luego añade que el respeto a la diversidad implica «poner en segundo plano los intereses propios frente a los de personas en desventaja o de aplazarlos para el beneficio colectivo».

¿Quienes son esas personas en desventaja? Si la diversidad es bienvenida eso significa que cada uno estará en cierta desventaja en alguna circunstancia, pero tendrá cierta ventaja en otra.

Y, peor aún, ¿qué es el interés colectivo? Todo el énfasis del texto está en la igualdad esencial de la persona y su desigualdad circunstancial —se habla de personas, de individuos, no de colectividades.

Esto abre la puerta a posibilitar que una colectividad, justificando que representa al interés colectivo, anule la desigualdad o diversidad de los que no son como ellos. La inexactitud complica los conceptos de exaltación a la diversidad.

Después dice el mismo textos que la valoración de la diversidad:

«[…] implica equidad, lo cual demanda el desarrollo de la capacidad de empatía y solidaridad para comprender las circunstancias de otros, así como poder cuestionar y rechazar cualquier forma de discriminación […]».

En parte repite la idea de empatía señalada antes, pero contiene la adición de «poder cuestionar y rechazar cualquier forma de discriminación» —es decir, una reprobación de lo que produzca discriminación, o trato injusto por desigualdad personal, y que podría producirse cuando la persona sea obligada a seguir el interés colectivo.

Hay en esta exaltación de la diversidad o desigualdad elementos admirables, pero ellos están mezclados con otros que confunden la intención —entre los que se encuentra una omisión significativa.

¿Qué hacer con quienes no aprueban la exaltación de la diversidad? La respuesta aparente, según la lógica del escrito, sería la de respetarlos y valorarlos, pero eso colocaría a la exaltación de la diversidad en un apuro del que no puede salir por sí misma.

Y también, ¿qué hacer ante personas que claramente tienen ideas o creencias equivocadas? Ante alguien que está convencido de que matar paganos es una manera de ganarse el paraíso, la tolerancia no tiene respuesta que satisfaga, a menos que sea la de respetar actos de ese tipo igual que respetaría diversidad de ideas políticas.

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Lo que he hecho es tomar un texto oficial del gobierno mexicano acerca de la enseñanza cívica, en la parte en la que elogia a la diversidad y con eso mostrar que la tolerancia a la que llama es una virtud incompleta —que necesita ser complementada con otras que son ignoradas.

Nota del Editor

La columna de Girondella contiene una idea que apunta la peligrosidad que contiene el elogio a la diversidad sobre el que no pone límites. Más aún, parece que el encomio de la diversidad llevaría a tener que celebrar todo lo que sea diferente por el hecho de serlo.

Tendría que aplaudirse por igual a quienes enaltecen a la diversidad y a quienes la reprueban, porque el final de cuentas estos últimos son una muestra de diversidad.

Cuando la diversidad por sí misma es considerada la máxima y casi única de las «competencias cívicas», nada podría ser reprobado. La persona tendría que considerar bueno identificarse y celebrar a otros, sin importar lo que ellos hagan.

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