Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía, Religión, Gresca
Eduardo García Gaspar
28 septiembre 2016
Sección: POLITICA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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No ha sido la primera. Hay muchas como ella. Son quienes piensan que las iglesias tienen un plan económico, o un sistema económico al que proponen.

Es lo que da origen a un llamativo encabezado :

«”Papanomics”: la economía, según Francisco»

Quienes son socialistas encuentran gran regocijo en algunas de las palabras del papa Francisco, haciendo rabiar a más de un liberal.

Los socialistas, por su parte, llaman la atención a palabras de S. Juan Pablo II que reprueban al socialismo y gustan de las libertades. Unos y otros usan a León XIII según su capricho (conviene ver Papa Revolucionario)

La realidad es que (1) llama la atención cómo es que en un mundo cada vez menos religioso, las opiniones del Papa reciben tanta atención. Sería más lógico que se ignoraran, pero eso no sucede, al contrario, se busca con ansia el respaldo papal de las ideas económicas personales.

Y (2) la escasa atención que se pone a la posibilidad de entender el tema de otra manera, que es más compleja (lo que explica su impopularidad).

Para explicar esto acudo a la obra de Lukas Wick, Islamic Theology, Constitutionalism, and the State, 2012.

Dice el autor que «en el proceso de reconciliar a la teología y a las constituciones políticas dentro del Cristianismo» él reconoce un par de condiciones que han dado como resultado que las instituciones eclesiásticas reconozcan al gobierno constitucional y su defensa de las libertades.

La condición que más nos importa aquí es la primera, la que tiene que ver con los sistemas político-económicos: «el estado es considerado incompetente en el campo de la religión y la religión como incompetente en el orden secular». Eso escribe Wick y no suena nada mal.

Hay allí un cierto sabor a J. Locke (1632-1704) y su obra sobre la tolerancia, la que trata el tema partiendo de un principio, el de la especialización. Los gobiernos están a cargo de asuntos terrenales y las iglesias a cargo de los espirituales (la salvación de las almas).

Esta noción de especialización tiene su utilidad. No es la respuesta perfecta, pero ayuda a resolver conflictos, en especial un par de ellos que son esenciales.

Primero, los gobiernos no saben de asuntos religiosos y no pueden crear ni imponer una religión. Segundo, las iglesias no saben de economía y no pueden crear ni imponer un sistema económico.

Los gobiernos, se concluiría, deben dejar libres los asuntos religiosos en manos de las iglesias y de las creencias de las personas. Por su parte, las religiones deben dejar los asuntos económicos en manos de quienes saben y no pueden crear ni patrocinar la imposición de un sistema económico.

El principio es razonable como punto de partida y haría que, por ejemplo, los gobiernos se abstuvieran de emitir juicios sobre la Trinidad Cristiana; y las iglesias sobre políticas de aranceles en comercio exterior.

Sin embargo, el aislamiento entre las especialidades de cada uno no es total, ni puede serlo. Necesariamente hay áreas de contacto entre ambas especialidades y son las ocasiones de conflicto, en buena parte, quizá, por la diferencia de lenguaje y vocabulario con significados inexactos. Y, por imprudencia también.

En el caso de Francisco, su crítica a la «teoría del derrame» lo metió en terrenos en los que su opinión puede ser criticada con sustancia por especialistas. Se metió innecesariamente en el terreno que otros conocen mejor.

En cambio, sus llamados a ayudar a los pobres son perfectamente adecuados a su papel religioso, como no lo son tanto sus análisis sobre la desigualdad en buena parte porque se prestan a ser secuestrados por quienes los usan como apoyo a sus ideas políticas.

Y lo peor, el llegar a creer que cambiando de un sistema económico a otro, se acabarán los problemas humanos.

Mi impresión personal es esta: los ministros religiosos se meten en problemas innecesarios cuando hablan como especialistas de lo que desconocen, por ejemplo:

«El ingreso de México al sistema de libre mercado permitió ubicar al país como la décima economía del mundo y a tener al cuarto hombre millonario a escala global, Carlos Slim -según la revista Forbes-, “pero a costa de tener a 75 por ciento de su población en pobreza y a la tercera parte de la misma, en pobreza extrema”, acusó el obispo de Saltillo, Raúl Vera López». La Jornada

Resultaría, por lo mismo, extraordinariamente chocante que algún ministro de economía se quejara de la escuela de la sola escriptura.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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