Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación Para Todos
Eduardo García Gaspar
8 noviembre 2016
Sección: DERECHOS, ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
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El reclamo de nuestros días es un aullido frecuente. Se pide educación para todos.

La demanda es demasiado genérica para ser útil. Demasiado imprecisa para tener provecho.

Al final de cuentas, ¿qué es educación para todos?

Comprendida esta exigencia como un mínimo razonable, comienza a tener sentido. Esto es si se define como, en un mínimo absoluto, el saber leer y escribir; más seguramente habilidades de razonamiento y solución de problemas, matemáticas básicas y conocimientos culturales simples.

Una buena educación de primaria como mínimo y también secundaria, eso puede dar significado y utilidad a la demanda de educación para todos. Una preparación mínima básica que dé a la persona un cimiento para su mayor productividad individual, para su propio beneficio y el de los demás.

La educación para todos, en este sentido mínimo básico deseable, es una meta razonable y realizable. Requiere una atención especial a esos niveles de educación primaria y secundaria, que sumarían entre seis y ocho años de educación. Es decir, la calidad de esta educación es central para el bienestar del país.

Así lo define, creo que correctamente, la UNESCO : «La iniciativa Educación para Todos (EPT) es un compromiso mundial para dar educación básica de calidad a todos los niños, jóvenes y adultos».

En México, por ejemplo, esa calidad educativa ha sido asumida, en el 90%, por el gobierno, poniendo a su cargo casi 23 millones de alumnos en niveles de primaria, secundaria y preescolar.

Esa calidad educativa básica mínima de primaria y secundaria a cargo del gobierno ha tenido resultados consistentemente malos en México, al menos según la medición de PISA.

El efecto, por supuesto, es un daño público severo que impide crear prosperidad y prolonga a la pobreza. En fin, otra prueba de la mala calidad de los servicios gubernamentales.

Hasta aquí vemos lo razonable de ambicionar un mínimo razonable de educación básica de gran calidad. Los problemas comienzan cuando la idea de educación universal se amplía más allá del nivel básico, como se explica en Wikipedia:

«El derecho a la educación es un derecho humano reconocido y se entiende como el derecho a una educación primaria gratuita obligatoria para todo niño, una obligación a desarrollar una educación secundaria accesible para todos los jóvenes (sin distinción racial), como también un acceso equitativo a la educación superior, y una responsabilidad de proveer educación básica a los individuos que no han completado la educación primaria».

O como se expone en otra parte:

«El derecho humano a la educación confiere a cada mujer, hombre, joven o niño el derecho a una educación básica libre y obligatoria así como todas las formas disponibles de educación secundaria y superior».

¿Lo ve usted? Cuando se va más allá del mínimo básico razonable se entra a campos que producen problemas, como en la educación superior, donde claramente se tienen requerimientos de capacidad, conocimientos, voluntad; cosas que no son universales.

Déjeme ser toscamente claro: hay un punto a partir del cual la educación comienza a ser elitista implicando diferencias de superioridad de mente, capacidad y conocimientos. Lo siento, pero eso es real y, si acaso se ignora, ello tiene consecuencias.

La consecuencia es la degradación de estándares de calidad, la educación dejaría de ser digna. Piense usted en reducir las exigencias para estudiar matemáticas en carreras de ingeniería y entenderá que los egresados,a pesar de un título, en realidad no serán ingenieros.

Los efectos de la reducción de estándares educativos en niveles más allá del mínimo, daña no solo a los estudiantes, sino al resto, a todos. Vea el drama que tiene un abogado con dificultades para escribir con claridad y que no sabe ortografía, como lo vi hace tiempo.

Quizá la conclusión más sana sea aceptar dos niveles de educación. La mínima indispensable y básica, que es conveniente que sea universal; pero la superior y alta, que no es para todos y cuya calidad depende en mucho de altos estándares.

En fin, otra frase que merece ser precisada. No toda la educación es para todos. Es muy deseable que el mínimo sea universal, y eso es tan vital como el aceptar que más allá del mínimo, esa educación no debe ser para todos.

Post Scriptum

La reducción de altos estándares de educación superior ha tenido un efecto curioso, la creación de estudios universitarios, materias y carreras, que desafían explicaciones, por ejemplo, una materia, Queer Musicology:

«Due to seemingly popular demand, the UCLA have actually combined queer theory – the study of gender, feminism and gayness – with the science of music, to produce a very open-minded course within their Herb Alpert School of Music. The LA Times reported that the course will introduce debates like: “the idea that if you’re gay, then music by gay composers such as Benjamin Britten will sound different to you than it would if you were straight”».

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