Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Egoísmo y Altruismo
Eduardo García Gaspar
27 septiembre 2016
Sección: ETICA, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Quizá sea una dicotomía falsa. Algo que bien vale una segunda opinión.

Exploremos eso de que solo existen dos alternativas: ser egoísta o ser altruista. Comencemos por definir los términos.

Usualmente, usted encontrará definiciones como estas:

«El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés». definición.de

«[…]el altruismo es la capacidad de actuar desinteresadamente en beneficio de otros que pueden necesitar la ayuda o que se encuentran en condiciones de inferioridad». Definicion ABC

Sirve pero hay otra forma de ver el tema y que es más útil.

¿Egoísmo? Un orden de prioridades personales en el que la consideración del bien personal es colocada en el primer lugar y la consideración por el resto de las personas es colocada en un lugar secundario.

¿Altruismo? Un orden de prioridades personales en el que la consideración del bien de otros es colocada en primer lugar, por encima de la consideración del bien propio.

Vistos así, egoísmo y altruismo, pueden entenderse mejor, con gradaciones variables de intensidad que pueden llegar a extremos pero suelen moverse en intensidades medias en los que no se registra una contraposición intensa entre uno y otro.

Veamos extremos.

Del lado egoísta estaría el caso de un gobernante corrupto que consistentemente se hace de dinero que toma de fondos públicos, lo que daña a los ciudadanos. Un claro caso de egoísmo extremo manifestado en una conducta persistente y continua. Y reprobable.

Del lado altruista estaría el caso de, por ejemplo, Maximiliano Kolbe, un sacerdote que en un campo nazi de concentración «se ofreció a los verdugos para salvar a otros cautivo». Un claro caso de altruismo extremo y, contrario al otro caso, tan loable que se le ha declarado santo.

Entonces se presenta un aspecto fascinante. Entre los extremos de altruismo y egoísmo hay una diferencia notable. El altruismo extremo conlleva admiración, pero el egoísmo extremo acarrea reprobación. Esto sucede en los extremos, pero lo aún más interesante sucede en las intensidades medias del altruismo y del egoísmo.

Especialmente en una zona media en la que ambos pueden confundirse perdiendo la oposición que poseen en casos extremos. El que esta posibilidad exista puede ser causa de sorpresa entre quienes tienden a ver solo los extremos. La frase más famosa que expresa esta posibilidad es:

«No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses». Citada en La Ilustración Liberal

Si usted es el panadero y quiere tener un beneficio personal producirá pan que guste a los demás y los demás queriendo tener un beneficio personal comprarán pan en el lugar que más les convenga, con usted o con otros panaderos. Es decir, el otro lado de la frase de A. Smith (1723-1790) podría ser este:

«No es la benevolencia del comprador de carne, cerveza o pan de donde el carnicero, el cervecero o el panadero obtendrán su beneficio, sino de la preocupación del comprador por sus satisfacer sus propias necesidades».

Este es un punto entre egoísmo y altruismo que reta la percepción general que causan los casos extremos: existen conductas que combinan egoísmo y altruismo como una acción de compraventa. Ambas partes se benefician en lo personal y ambas partes benefician al otro (sin darse mucha cuenta de ello, debo señalar).

En esta intensidad media de egoísmo y altruismo no encontramos cabida a los calificativos de egoísmo reprobable o altruismo admirable. Supongo que mucha de la conducta humana se encuentra en esta zona media que no admite ni gran admiración ni gran reprobación.

He querido proponer esta idea porque he visto a muchas personas condenar a la libertad económica creyendo que la conducta del vendedor es siempre y por definición egoísta y condenable, sin poner atención en la conducta del comprador y sin reconocer que en acciones voluntarias no existe, por definición, nada reprobable (tampoco nada admirable realmente).

Por último, lo obvio: la conductas del panadero y del comprador no son siempre egoístas, pero hay casos en los que podrían serlo. Eso lo explica bien esta cita:

«Pero Adam Smith jamás sostuvo que todo comportamiento egoísta del panadero sea siempre socialmente beneficioso, en todas las circunstancias. Habrá veces en que la búsqueda egoísta del interés individual sea socialmente beneficiosa y habrá otras veces que no. Y la lección que cabe extraer es que resulta imprescindible analizar caso por caso si la libre iniciativa conduce o no a soluciones óptimas». La benevolencia del panadero, la paradoja de Braess y los límites del liberalismo». Luis del Pino.

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