Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Amo y su Servidumbre
Eduardo García Gaspar
14 marzo 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Está conectada con la propiedad. Ligada de tal manera que una no existe sin la otra.

Pruebe usted ser libre sin tener propiedades y lo verá.

Cuando no pueda decirse «esto es mío» tampoco podrá decirse «soy libre».

Y esto tiene consecuencias cotidianas. Un ejemplo obvio, los impuestos. Son ellos retiros obligados por la fuerza de propiedad individual. En otras palabras, son disminuciones de la libertad. Ese es el hecho y no puede negarse.

Cierto, vivir en sociedad necesita una libertad limitada por la libertad del resto, de manera que ella sea igual para todos. Y garantizar tal libertad necesita una autoridad, cuya razón de ser es la defensa de la libertad. Para eso existen los gobiernos y nada más que para eso.

Por supuesto, los gobiernos tienen un costo y ese costo es la razón de ser de los impuestos. Impuestos que deben ser reducidos, simples y justificados por la defensa de la libertad de las personas. Un gobierno que rebase ese límite es un gobierno que viola libertades y eso es indeseable. Muy indeseable.

Entonces sucede algo digno de hacerse notar. Una sociedad que vive ese régimen de libertad personal y un gobierno vigilante de la libertad progresará más y más velozmente que una sociedad en la que no se tenga ese régimen. La evidencia histórica lo demuestra.

La sociedad más rica, más avanzada, más opulenta comenzará a inquietarse internamente y se cuestionará la pobreza que aún allí existe y la desigualdad que en ella se tiene. Lo hará aún a pesar de que sus «pobres» viven mejor que los de otras partes y que sus «desiguales» lleven una vida razonable.

Y esos cuestionamientos les harán olvidar la razón y la causa de su riqueza y bienestar, que es la libertad y un gobierno que la hace respetar. Olvidarán que son ricos, que viven muy bien y comenzarán a querer ser iguales. La igualdad los obsesionará y harán todo lo que puedan para volverse iguales.

La igualdad total será la adicción política, la compulsión social, la fijeza moral y religiosa. Y entonces, el gobierno se transformará y se convertirá en un instrumento de igualación, cuando antes era un instrumento de protección de la libertad.

La libertad ahora no importa, lo que importa es la igualdad, una urgencia moral incontrolable.

Y se implantará una norma social que hará reprobable automático a todo el que posea más. Teniendo todos que ser iguales en lo material hay que quitarle al que tiene más y darle al que tiene menos, sin distinción ni filtro. El gobierno es ahora un aniquilador de libertad.

Llegará a pensarse que en Economía el gasto gubernamental es mejor que el gasto individual, es decir, más impuestos producirán más progreso. Y si los impuestos no bastan, se pensará que más deuda pública producirá más progreso.

Así es que llega la realidad del estado obeso y costoso, ineficiente y corrupto, al que nada satisface. Uno que se alimenta de lo que otros producen. Las propiedades son confiscadas, reducidas y junto con ellas, las libertades humanas. Ha nacido un monstruo autoritario con apariencia bondadosa, el estado de bienestar.

Un engendro curioso, imposible de justificar. Es insostenible económicamente, es indefensible financieramente. Prácticamente no puede sostenerse ni mantenerse. Su futuro es inviable y consiste en una crisis mayor. Crisis que será un retroceso en el progreso y, paradójicamente, mayor desigualdad.

Lo único que mantiene vivo a ese régimen insostenible del estado de bienestar es una ignorancia económica supina y una indignación moral cimentada en la envidia. Ingredientes mezclados con una obstinación intolerante que se niega a ver la realidad.

Llegará entonces el momento cuando no pueda decirse «esto es mío» y así es que no podrá ya decirse «soy libre».

Curiosamente, poco a poco, algunos comenzarán a darse cuenta que aún así tampoco podrá decirse «somos iguales», porque se habrá creado un monstruo satisfecho con nada, el engendro más rico y poderoso que dominará a una sociedad más desigual que la anterior. El será el amo, el resto su servidumbre.

Y esa es una realidad en la que se quitará propiedad a unos para dárselos a otros. Los primeros perderán libertades y los segundos también, pues dependerán ahora de lo que su gobierno decida darles.

Post Scriptum

Una buena forma de expresar lo anterior es la de W. W. Churchill (1874-1965):

«El socialismo es una filosofía de fracaso, un credo de ignorancia y un evangelio de envidia, su virtud inherente es el reparto igualitario de la miseria».

«El vicio inherente del capitalismo es el reparto desigual de beneficios; la virtud inherente del socialismo es el reparto igualitario de miserias».

El tema lo he tratado varias veces. En 2010 con Igualdad, Pasión Desordenada. En 2015 en Desigualdad: Pasión Peligrosa.

Esta página le ha dedicado una buena cantidad de columnas al tema que están en contrapeso.info: Igualdad.

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