Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Equilibrio de Polibio
Eduardo García Gaspar
29 agosto 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un asunto de equilibrio, de no perder el balance.

De mantener la estabilidad dentro de una situación inestable, en la que intervienen fuerzas contrarias.

Quizá así pueda entenderse a la política, como el arte de mantener el equilibrio posible.

Así era, más o menos, entendida la política de Roma. Algo que combinaba las ventajas de la monarquía, con las de la aristocracia, con las de la democracia. Eso decía Polibio (200 aC ?-118 aC), un historiador griego hablando de Roma.

«El secreto, Polibio sugirió, descansa en una delicada relación de pesos y contrapesos entre cónsules, el senado y la gente, de manera que ni la monarquía, ni la aristocracia, ni la democracia dominan enteramente». Beard, Mary. 2015. SPQR: A History of Ancient Rome.

Tiene sentido decir eso. Sentido y además un contenido previo e implícito que merece una segunda opinión.

La política es naturalmente inestable, propicia al desorden. La función de la política es mantener el equilibrio, evitar la babel, la anarquía. ¿Cómo hacerlo? La primera opción es la que resulta más obvia, por medio de la fuerza.

Es la vía del dictador, del tirano, del gobierno totalitario: el desorden posible combatido con su opuesto absoluto, el orden total por decreto.

Podemos ver esto en ejemplos como la monarquía absoluta, o en casos como la URSS y los dictadores de estos tiempos.

Pero hay más, algo que llama la atención: el dejarse llevar sin límites por la monarquía, la aristocracia, o la democracia, rompe ese equilibrio de la política.

Es eso de las degeneraciones de los gobiernos, según Aristóteles: el monárquico en tiranía; el aristocrático en oligarquía; y el democrático en demagogia.

Sirva esto como un cubo de agua fría sobre las mentes en las domina la idea de la democracia como el remedio político total garantizado. No lo es y contiene la misma semilla para su corrupción que el resto: la conversión del gobierno en uno que olvida su interés en gobernar bien, en interés de todos.

La semilla de la perdición de cada sistema es el poder, o mejor dicho, las personas que detentan el poder. Escribió Montesquieu (1869-1755):

«[…] es una experiencia eterna, que todo hombre que tiene poder siente la inclinación de abusar de él, yendo hasta donde encuentra límites. ¡Quién lo diría! La misma virtud necesita limites. Para que no se pueda abusar del poder es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder». El Espíritu de Las Leyes.

Cada uno de los sistemas, monarquía, aristocracia y democracia, sería bueno y se mantendría así de poderse garantizar que quienes gobiernen no usen el poder para nada más que el bien general de sus gobernados.

Pero, como no se tiene esa garantía, siempre existe el riesgo de la corrupción del régimen, sea el que sea.

Veamos a la democracia más de cerca. Primero, entendida, como comúnmente lo es, el gobierno de la voluntad del pueblo:

«”El pueblo tiene voluntad y ejerce la democracia, redimensiona el concepto constitucional de soberanía. El pueblo no es un ente abstracto, es la base fundamental de la democracia, y con esta convicción marchamos hacia la independencia. Ya no hay ataduras que nos detengan ante la presencia contundente de la voluntad del pueblo venezolano”, expresó la magistrada Morales» Gobierno Bolivariano de Venezuela.

Esa voluntad del pueblo no está exenta de riesgos, incluso tienen nombres como oclocracia y demagogia.

En este caso, quien piense representar a la voluntad del pueblo presentará el mismo riesgo señalado por Montesquieu, el de abusar de su poder (como sucedió con H. Chávez, con los Castro; y lo que López Obrador ilustra en México).

¿Por qué tantos deseos de ese equilibrio de poderes? Claramente porque es la mejor forma para tener y mantener libertades, es decir, para ser humanos y florecer. Sería eso imposible o muy difícil en situaciones de expansión del poder gubernamental. Montesquieu lo ha expresado muy bien:

«La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad de espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad. Y para que exista la libertad es necesario que el Gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer nada de otro». El Espíritu de Las Leyes.

Y eso cambia las cosas totalmente. La democracia no es un ideal ni puede serlo, pues simplemente es un sistema riesgoso de gobierno como el resto de ellos. El ideal que debemos tener es la libertad. Olvidar esto nos llevará a tiranías, oligarquías y oclocracias.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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