Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Valor De Una Silla
Leonardo Girondella Mora
19 enero 2016
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La respuesta a cuanto vale un bien cualquiera, sea una silla o un reloj, es uno de los problemas económicos más interesantes —y puede ser respondido desde dos principales puntos de vista.

Desde el punto de vista del productor, una mesa o el vidrio de una ventana, vale lo que resulta de la suma de todos los recursos que fueron utilizados para su producción —este sería el precio de venta al que se le ofrecido el producto.

Pero hay otro punto de vista mucho más interesante, el del consumidor —para el que el valor de las cosas está en función de la utilidad que él percibe en cada producto. Esta es una expresión subjetiva del valor y tiene poco que ver con el costo de producción del bien en cuestión.

Por tanto, se tiene una posible divergencia de opiniones.

La silla que el productor valúa por ejemplo en $1,000, un consumidor cualquiera podría valuarla en no más de $500 — y otro consumidor podría valorarla en $2,000.

El consumidor que la valúa en $500, por tanto, no la compraría, pero para quien vale $2,000, el precio de $1,000 sería muy ventajoso. Puede apreciarse aquí esa divergencia de opiniones y el predominio de la opinión del consumidor.

Para el consumidor el valor de las cosas es subjetivo —se establece gracias a la evaluación que el consumidor hace de los bienes, es decir, de la utilidad personal que él percibe en cada producto en cada momento.

Para quien necesita sillas, ellas tendrán un valor mayor que para quien no las necesita. Cuando no se necesita un bien de acuerdo con la percepción del consumidor, el precio de ese bien tendrá que ser en extremo bajo para convencerlo de comprarlo.

Lo que quiero enfatizar es algo que puede ser difícil de entender para algunos, la realidad de que el valor de las cosas es subjetivo —es un resultado de la evaluación personal del consumidor, en cada momento, de la utilidad que percibe en la silla, la mesa, la camisa, o cualquier otro bien.

De acuerdo con esto, sucede algo que puede ir en contra de la intuición superficial: los productores de bienes y servicios calcularán sus costos en concordancia con lo que ellos piensan que los consumidores percibirán como valor en esos bienes y servicios.

Es decir, los costos de producción estarán afectados por la idea que se tenga del valor que ellos tendrán a los ojos del consumidor.

Lo anterior puede ser ejemplificado utilizando una situación extrema. Una persona produce una mesa cuyos costos de producción totalizaron un millón de pesos —lo que hace que ese productor le ponga un precio de esa misma cantidad.

En ese caso se necesitará de uno o más consumidores que perciban que la utilidad que les proporcionaría en esa mesa fuese mayor a un millón de pesos —ningún consumidor que valora la utilidad de esa mesa en menos de esa cantidad, la compraría.

En otro ejemplo, el aceptar qué el valor de las cosas depende de la evaluación subjetiva del consumidor, ayuda a resolver el viejo problema del mayor valor del agua en el desierto —donde una persona antes que fallecer de sed estaría dispuesto a dar uno o más diamantes a cambio de una cantimplora.

Es común, en fechas recientes, que se reclame pagar el precio justo al productor, especialmente cuando este es un agricultor —por ejemplo hablar de fair trade para los agricultores de café pagándoles un precio más alto.

Lo que sucede la práctica es que los consumidores que están convencidos de ese fair trade serán los que paguen el precio más elevado que ello les significa —pero los consumidores para quienes el fair trade significa poco un nada, se guiarán por otras evaluaciones diferentes.

Lo que he querido hacer en esta columna, es recordar de nuevo que el valor de los bienes y servicios tiene su origen en la subjetividad del consumidor —una subjetividad que se origina en el cálculo de utilidad personal que hace el consumidor.

Es decir, la suma de los insumos que ha sido necesarios para producir un bien no tienen utilidad alguna en sí mismos —no pueden ser utilizados para determinar el valor de las cosas. Ese valor está en la mente del consumidor.

Nota del Editor

Si le gustó la columna quizás también, El Valor Económico Es Subjetivo. También es recomendable la columna El Valor De Las Cosas.

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