Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Emprendedores de Gobierno
Eduardo García Gaspar
4 febrero 2016
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona los llamó «nuevos ricos». Se refería a personas con grandes fortunas, logradas en una generación.

Típicamente el padre que pasó velozmente de tener un ingreso medio o bajo a disponer ahora de un patrimonio sustancial.

El contraste que usualmente se hace es contra los ricos de generaciones, quienes gozan también de grandes fortunas creadas y aumentadas/disminuidas por las generaciones siguientes. Una especie de aristocracia económica distinta a la clase del «nouveau riche».

La persona quiso centrar la conversación en un tipo de los nuevos ricos cuyas fortunas en buena parte «no son tanto el resultado de una visión del mercado, sino de un contacto en el gobierno», como lo expresó.

Se refería, me imagino, a una distinción que merece la pena hacer notar. El emprendedor en su sentido original percibe oportunidades de negocio en el mercado, en las necesidades de las personas.

Pero hay otro tipo de emprendedor, el que busca también hacer negocio y percibe oportunidades de gobierno: privilegios legales, ilegales, o supralegales, que puede obtener para el beneficio de su empresa.

Dado el tamaño de los gobiernos en la actualidad, no sorprende que ellos produzcan oportunidades de negocio.

Esto produce una situación que merece ser apuntada. Una parte importante de los nuevos ricos deben su fortuna a oportunidades de gobierno: permisos, licencias, licitaciones, concesiones, lo que se le ocurra. Y esto produce una situación peculiar.

Hermann-Hans Hopper la ha descrito muy bien, ellos deben su fortuna directa o indirectamente al gobierno y:

«Por tanto, a menudo son ellos más dependientes de la continuación de los favores gubernamentales que mucha otra gente de menor fortuna. Ellos son típicamente ya no más las cabezas de familias líderes establecidas de largo tiempo, sino ricos nuevos. Su conducta no se caracteriza por la virtud, la sabiduría, la dignidad, o el gusto, sino que es un reflejo de la misma cultura proletaria masiva, orientada al presente, oportunista y hedonista que los ricos y famosos hoy comparten con todo el resto».

Tenemos, entonces, frente a nosotros una situación notable: la aparición de una nueva clase social, la del emprendedor de gobierno. Un nuevo rico de fortuna rápida con visión de negocios sustentados en la obtención de privilegios gubernamentales (que no debe confundirse con el político corrupto de fortuna veloz).

Esta nueva clase de personas de gran fortuna es una celebridad a su estilo, un personaje conocido que tiene su influencia en la sociedad. La influencia del ejemplo que muestra que la gran fortuna inmediata puede ser lograda por otros medios.

Piense usted, por ejemplo, en la visión del emprendedor con visión de negocios y mercados, por ejemplo, un ícono en México, Eugenio Garza Sada (1892-1973). Contraste usted eso con cualquier caso que conozca del otro tipo de emprendedor, el mercader de privilegios gubernamentales.

Tenemos por tanto, un contraste de valores y virtudes. Si el emprendedor tradicional muestra virtudes, a pesar de su imperfección, el emprendedor de oportunidades de mercado muestra su imperfección como causa de su fortuna.

Niega la visión de largo plazo y afirma la de corto. Ataca a la moderación y la mesura, promueve el exceso y la permisividad; se burla del trabajo y ensalza haraganería; pone de lado al ahorro y fomenta la dilapidación.

Este empresario de la oportunidad de gobierno es ya no un líder ejemplar al que se admira y respeta. sino un hombre común que tiene más dinero que el resto y al que se envidia y teme.

Un ejemplo de esas mentalidades, las declaraciones de uno que justificó atacar a choferes de Uber en el aeropuerto de Monterrey, México:

«Nos echan de que agredimos y que amedrentamos a los de Uber, pero ellos son los que vinieron aquí a agarrar pasaje que no les corresponde […] Lo que estamos haciendo es defender el trabajo, porque aquí (para operar) tenemos una licencia (de chofer) federal que nos cuesta 4 mil 800 pesos, y ellos con la normal de particular vienen a quitarnos el pasaje».

Es decir, el gobierno cobra por permiso para trabajar y quien lo paga aprovecha la oportunidad de ese privilegio que no todos pueden o quieren lograr. Defienden el trabajo que el privilegio gubernamental les permite.

Todo lo que he querido mostrar es la existencia de nuevo tipo de emprendedor, muy distinto al original, quien aprovecha otro tipo de oportunidad de negocio, el que le crea la expansión gubernamental y que así crea un ejemplo desafortunado para el resto.

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