Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Defensa de lo Obvio
Leonardo Girondella Mora
31 mayo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Haga el lector un ejercicio mental, el de tomar una cita, una frase, un breve párrafo, y reaccionar ante lo leído —comprendiendo que eso significa, primero, entender el significado y, segundo, ofrecer un juicio razonable.

El editor de ContraPeso.info me presentó ese ejercicio con la siguiente cita —una de José Ortega y Gasset, de su magistral La Rebelión de las Masas:

«Bajo las especie de sindicalismo y fascismo aparece por primera vez en Europa un tipo de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino que sencillamente, se muestra resuelto a imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón [… El hombre medio] Quiere opinar, pero no quiere aceptar las condiciones y supuestos de todo opinar. De aquí que sus ideas no sean efectivamente sino apetitos con palabras, como las romanzas musicales».

Lo primero por hacer es comprender lo dicho: una observación sobre la pasión por opinar, opinar sin límites ni condiciones, sin que intervenga la razón —y peor inclusive, sin siquiera reconocer la necesidad de usar la razón. Tener opiniones por tenerlas reclamando el «derecho a no tener razón», que es la petición real y última de la tolerancia excedida.

Lo segundo por hacer es ofrecer un juicio razonable sobre lo dicho allí —algo que dejo al lector, quien debe responder una interrogante central, la de si tiene o no razón su autor y porqué.

Y eso me lleva al punto que quiero destacar, que es el descubrimiento de lo obvio —lo que creo que sucede con la cita de Ortega y Gasset, eso de tener derecho a no tener razón, una buena forma de expresar lo que sucede, lo que es obvio, pero no ha sido «descubierto» o al menos no es mencionado con frecuencia.

Tomo otra cita, más breve, atribuida a Pablo Coelho:

«El fracaso es parte de la vida; si no fracasas, no aprendes y si no aprendes, no cambias».

¿Obvio? Hasta el cansancio —estoy seguro de que pueden encontrarse muchas otras frases con la misma idea, como la de que «en todo fracaso hay una oportunidad nueva», o «Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo».

Lo que quiero defender es la idea de que hay alguna obviedad que no lo es tanto —más la idea de que «En un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario», como escribió George Orwell.

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Estoy ahora en una posición que me permite ofrecer una tesis sobre lo obvio, dividida en tres grandes categorías:

• El primer y más alto nivel de lo obvio es el de las verdades ocultas, las que una vez reveladas producen esa reacción —la de ser obvias, cuando no lo han sido antes. Es mérito del pensador el haberlas encontrado y expresado de tal manera que aparecen como claras, como obvias.

Este es el nivel al que creo que pertenece la primera cita de esta columna: una idea que tiene sentido, que es razonable y que una vez conocida resulta tener esa cualidad que tiene la verdad, la obviedad.

Son los grandes libros donde se encuentra este alto nivel de obviedad, donde están las grandes ideas que una vez descubiertas resultan obvias —aunque ellas suelan pasar por un lento proceso de aceptación general.

• El último y más bajo nivel de la obviedad es el de las verdades fácilmente vistas, que no son propiamente descubiertas sino repetidas, como la segunda cita que he hecho.

Son pequeñas piezas informativas que buscan explicar algo y lo logran de una manera simplista, como «así es la vida», «lo que no mata, alimenta», «el dinero no compra la felicidad», «el cliente siempre tiene la razón» y otras cosas más de simple mentalidad.

Son los clisés, los refranes, las frases hechas donde se encuentra este más bajo nivel de obviedad, el que tiene como característica central al simplismo —soliendo a veces crear impresiones de sabiduría y profundidad, como cuando se escribe que «el mejor maestro es el tiempo pues sin necesidad de hacerle pregunta alguna, te da las mejores respuestas».

• En medio de esos dos extremos está un espectro amplísimo de obviedad media —como quizá se ejemplifique en esta cita tomada de Internet:

«Antes, cuando decíamos que estábamos aburridos, nos mandaban a leer un buen libro; cuando no queríamos la comida, nos dejaban sin comer hasta que nos diera hambre; porque nuestros padres eran guías, no payasos y las casas eran hogares, no restaurantes. La disciplina con amor es la clave del éxito en la crianza».

¿Obvio? Sin la menor duda, pero hay allí algo que hace reconocer el valor de recordarlo —de esa acción revolucionaria de recordar lo obvio cuando eso se ha perdido.

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