Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es Causa, es Efecto
Eduardo García Gaspar
3 febrero 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una falacia clásica. Una forma errónea de pensar. Tan obvia como repetida.

Está bien representada en un suceso común «voy a sacar el paraguas porque así no llueve; cuando no lo llevo, entonces sí llueve».

Técnicamente se le conoce como post hoc ergo propter hoc. Una expresión que da la apariencia de gran cultura entre quienes la usan. Es eso de «cada vez que mando lavar el coche, llueve y, por eso, ya no lo limpio».

En esencia implica relacionar como causa y efecto a dos sucesos simultáneos o con un muy corto tiempo entre ambos. Hay un ejemplo muy ilustrativo en un libro (Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher. Plume).

«Imagine que estamos viendo un partido de fútbol y yo digo “si me rasco la pierna habrá un gol en la siguiente hora”. Si en realidad me rasco la pierna y en realidad hay un gol, muy pocas personas creerán que el rascar ha sido la causa del gol».

Eso es obvio. Solo un pensador muy alocado pensará que rascándome la pierna he producido un gol. Quien lo creyera, me pediría rascarme con más frecuencia para que ganara su equipo favorito y yo terminaría con la piel irritada. ¿Una aclaración tonta?

Puede ser, pero sucede más de lo que sería conveniente. El mismo libro apunta que este puede ser el origen de las supersticiones. Piense en la persona que vio un gato negro y poco después sufrió un accidente; o en quien rompió un espejo y más tarde se cayó por las escaleras.

Contando esa historia a otros podrá crearse algo que podemos llamar «atención selectiva», sesgada a las evidencias que prueban que cuando me pongo una camisa amarilla gano en el póquer. La atención selectiva me hace olvidar las veces que llevo ese color y no gano.

Las ansias de probar una cierta relación entre dos eventos, como causa y efecto, puede llevar a recordar lo que prueba esa relación y desechar lo que la niega. Piense usted en un caso muy actual: una o dos personas pasan por una conversión religiosa sustancial y poco tiempo después ellas cometen un acto terrorista.

La pregunta es la obvia. ¿Fue esa conversión religiosa la causa del acto de terrorismo? En cada caso se podrá tener una buena idea de la respuesta y quizá en muchos casos podrá concluirse que sí. ¿Puede de allí concluirse entonces que evitando a la religión se acabará también con el extremismo? No lo creo.

Un amigo lo resumió bien. Dijo «Muchos terroristas en la actualidad son musulmanes, pero no todos los musulmanes son terroristas». No es mi punto entrar en el tema del terrorismo, sino en el del pensar correctamente. Por ejemplo, el caso de la falacia del jugador.

Piense usted en alguien que está seleccionado el número de la lotería:

«En 1903 tocó el Gordo de Navidad con el número 20297, y 103 años después, en 2006, volvió a salir el mismo número. Ocurrió también en 1956 y 1978, con el número 15560. La pregunta es, ¿jugarías estas Navidades a la lotería con algún número que ya hubiera salido años anteriores? Un primer impulso sería “jugar mejor a otro número”, argumentando que ya tocó, y además, en dos ocasiones cada uno. Y si el número hubiera sido uno como el 01010, probablemente tampoco jugaríamos, pero por otros motivos: parece poco probable».

Piense usted en esto. Si alguien compra el número 010101010, muchos pensarán que tiene baja probabilidad de salir premiado. Podrán probar que nunca ha salido premiado en toda la historia y que es una tontería el comprarlo. Bueno, pues tampoco han salido premiados con el «gordo» la inmensa mayoría de los números.

La relación es obvia: el evento de no salir premiado es tomado como el efecto de ser un número extraño. Igual que creer que si me rasco la pierna habrá un gol. Igual que creer que si se lanza una moneda y sale cruz, hay más probabilidad de que el siguiente lanzamiento sea cara.

¿No me cree? Intente convencer a alguien de que, después de cien lanzamientos de una moneda, todos produciendo una cruz, el siguiente lanzamiento no tiene mayor probabilidad de ser cara.

La esencia de la falacia está en asociar dos eventos como causa-efecto, cuando entre los dos no existe una relación causal razonable. Siendo humanos nuestro pensamiento siempre está expuesto a ese riesgo porque pensamos en términos de causa-efecto.

Si tomo una medicina y mejora mi salud, por ejemplo, eso me hace pensar así. La medicina es causa y la salud es efecto. ¿Lo son?

Puede ser, pero piense usted en algo real como la regresión a la media y el efecto placebo.

Post Scriptum

Examine usted esto. Alguien afirma que «Ese Estado no ha cumplido con la democracia y cuando no hay democracia, hay feminicidio».

La relación es clara y postula que donde no existe democracia matan a mujeres; y donde existe democracia no las matan. ¿Es la democracia la variable que explica los asesinatos de mujeres? Responda usted mismo.

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