Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es Demasiado Complicada
Eduardo García Gaspar
5 septiembre 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


La persona propuso lo obvio. Dijo que necesitamos mayor control gubernamental.

Nada que no se haya escuchado antes. Demasiados proponen más leyes, más reglamentaciones, más intervención estatal.

Su hipótesis es que así la sociedad progresará más.

Pero hubo algo fuera de lo común. La persona justificó su propuesta diciendo que la sociedad actual es muy intrincada, que la economía de nuestros días es muy complicada, que la tecnología es embrollada.

En resumen, la complejidad de nuestra sociedad es un justificante de la intervención gubernamental mayor.

Hay que entender esto correctamente antes de evaluar la idea.

Se dice que la sociedad actual es complicada, tan complicada que ella necesita que el gobierno intervenga para ponerle controles. La idea es curiosa y significa que conforme más complejidad tenga una sociedad mayor necesidad tiene de que alguien la controle.

Controlar, en este sentido, significa ponerla en orden, organizarla, estructurarla, configurarla. La complejidad se entiende como un desorden indeseable que llama a la necesidad de controlar por parte del gobierno. El gobierno, entonces, es una entidad con una función adicional, según este argumento.

La nueva función gubernamental es poner en orden, dar un arreglo a la complejidad, controlar procesos, regular espontaneidad desordenada. Es, me imagino, una responsabilidad de acomodar a la sociedad a un cierto orden. Hasta aquí el resumen de lo que la persona aseguró.

Toca ahora examinar esa idea, que tiene cierta novedad (al menos yo no la había escuchado tan ampliamente expuesta). Veamos sus facetas,

Uno, la sociedad es indudablemente compleja, pero eso no significa que ello sea malo, ni indeseable. Es más, resulta razonable pensar que por naturaleza la sociedad es embrollada y laberíntica, por lo que tratar de simplificarla a un orden predeterminado va en contra de su propia naturaleza.

Dos, la imposición de un orden puede significar restarle espontaneidad a la sociedad. Querer hacerla simple y predecible puede muy bien no ser deseable, pudiendo introducir variables que la dañen y lastimen. El orden predeterminado que quiera imponerse puede muy bien no ser el que naturalmente le sea propicio.

Tres, la hipótesis de que los gobiernos conocen lo suficiente acerca de la sociedad como para ordenarla con mayor intervención en ella. Nada hay que indique que los gobiernos saben más que el resto como para realizar esa tarea de reducción de la complejidad.

Más aún, podría alegarse con buena razón que si se asegura que la sociedad es compleja y enrevesada, nadie en realidad posee el conocimiento suficiente como para hacer una buena labor ordenándola.

Cuatro, podría argumentarse con buenas razones que la complejidad social necesita de las aportaciones de los talentos de sus miembros. La libertad de estos, millones de ellos, en sus campos de acción, podría hacer aportaciones numerosas que tuvieran un efecto superior general que el del orden impuesto.

Cinco, la más alta y básica responsabilidad gubernamental es crear y mantener un estado de derecho que proteja a las personas y a sus propiedades, para que estas puedan realizar sus intenciones en un medio ambiente estable y confiable. Esta prioridad puede dañarse si se intenta imponer un orden a los resultados por encima de un orden de reglas de juego.

Seis, ha sido ya sostenida la idea contraria: para el mundo complejo se necesitan reglas simples (véase Epstein, Richard Allen. 1995. Simple rules for a complex world. Cambridge, MA: Harvard University Press).

Siete, el llamado a mayor intervención estatal por causa de la complejidad social falla al no especificar el objetivo de esa intervención. Pretender simplificar a la sociedad es una meta imposible, por lo que debe tratarse de otra meta.

Si ella llega a ser el tratar de conocer resultados futuros que ahora son impredecibles, se trataría de detener a la sociedad y volverla estática, otra imposibilidad (véase Postrel, Virginia I. 1998. The future and its enemies : the growing conflict over creativity, enterprise, and progress. New York: Free Press)

La propuesta de aumentar la intervención del estado en la sociedad justificando esa medida en la complejidad de la sociedad es una idea que he tratado de examinar en esta columna. Encontré que tiene poco o nula solidez.

Más aún, es posible y razonable argumentar en sentido opuesto y sostener que una sociedad compleja, como lo son todas, no necesita mayor intervención gubernamental sino menos.

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