Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felices Por Decreto
Eduardo García Gaspar
15 febrero 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es la condición de la libertad, el requisito de la felicidad. No es algo complicado, ni difícil.

La causa de su olvido escapa toda razón. Debe ser terquedad, ignorancia, no sé qué. tengamos una poca dosis de sentido común y veamos esto algo más de cerca.

El Estado de Bienestar, o como le suelen decir también, el Estado Social, es una vaga entidad conceptual que en realidad significa que el gobierno se haga cargo de la felicidad de usted, de la mía, de la de todos. Desde que nacemos hasta que morimos.

La felicidad, según la definición gubernamental, consiste en crear derechos humanos que luego el gobierno mismo dice garantizar proveyendo los medios para lograrlo.

¿Quiere usted jubilarse a los 50 años? Muy bien, el gobierno garantiza el derecho a una pensión jugosa a esa edad.

El Estado Social entonces se transforma en un proveedor de satisfactores de necesidades humanas. Las que él desee, como educación básica y universitaria, gratuitas; como préstamos hipotecarios a tasas reducidas. Y otros satisfactores más que él haya decidido, como abortos gratuitos.

Independientemente de que eso podrá mantenerse mientras exista dinero, lo que no durará mucho, hay un problema filosófico de fondo. Piense usted en un pequeño detalle que hace toda la diferencia.

¿Quiere usted ser feliz? Claramente sí. ¿Cuál es su definición de felicidad? Eso usted lo sabe, usted y solamente usted. Incluso tendrá dificultades definiéndola hoy, porque además, en unos pocos días podrá cambiar un poco o mucho.

La realidad de que usted sea quien define su felicidad personal tiene consecuencias.

Solamente siendo libre usted podrá realizar su felicidad, hacerla realidad. La felicidad necesita de decisiones propias, libres, autónomas. Eso significa que no haya coerción, que no haya impedimentos para que usted decida y actúe (sí, obviamente mientras usted no altere la misma libertad en los demás).

Como consecuencia, hay dos alternativas aquí.

La primera y mejor es la que le hace a usted dueño de sus acciones; usted gozará de sus buenas decisiones y sufrirá las malas.

La segunda alternativa es que alguien más decida en en el lugar de usted, que es el caso de Estado Social: usted ya no decide su vida, la deciden otros.

El punto filosófico es el obvio. Usted será feliz de acuerdo con la definición de felicidad que otros tengan y le impongan a usted. Pero esa definición de felicidad no será la suya, sino la de otro.

Como efecto inevitable, usted ya no será feliz. ¿Ejemplos? Todos los regímenes de bienestar, con casos extremos como los de la URSS, Mao-Tse-tung, Pol Pot, los Castro, H. Chávez, Corea del Norte…

En el monto en el que dejemos de tomar decisiones sobre nuestras vidas dejaremos de ser libres y, por eso, dejaremos de ser felices. No es complicado. Piense usted en un caso concreto, el de una compra-venta de un automóvil.

Cuando el comprador y el vendedor son libres, entre ellos encuentran un precio que satisface a los dos. Cuando les satisface intercambiarán el auto y el dinero. Eso significa que ambos ganan, que ambos son un poco más felices porque decidieron hacer algo y lo lograron gracias a ser libres.

Veamos ahora lo que sucede cuando uno de los dos o los dos pierden su libertad porque el gobierno entra a querer hacer feliz a sus ciudadanos. Una opción es reducir el precio del auto, obligar al vendedor a bajar su precio; lo que hará feliz al comprador, pero a costa de la infelicidad del vendedor.

La otra opción es que el gobierno intente hacer feliz al comprador y le ayude a subir el precio (retirando, por ejemplo, competencia). Esto hará feliz al vendedor, pero el comprador reducirá su felicidad.

Lo mejor que hubiera hecho un gobierno habría sido permitir la libertad de ambos, que es la única que no daña a ninguno de los dos. Ambos necesitaron ser libres para elevar su felicidad. No es complicado.

Ahora piense en otra posibilidad. El gobierno quiere que la gente sea feliz y dicta que puede pensionarse a los 35 años de trabajo, con el 80% de su sueldo último a partir de los 50 años. No cabe duda de que eso hará felices a muchos.

La perspectiva de una pensión que vaya de, digamos, los 52 años hasta cerca de los 80, es fantástica.

¿Habrá alguien a quien esto haga infeliz? Por supuesto, a quienes tienen que poner los fondos para que esas pensiones sean posibles, puesto que el gobierno no pone dinero alguno.

Los trabajadores jóvenes a quienes se les retira dinero para pagar las pensiones de los viejos, a los jóvenes a quienes se les reduce las probabilidades de empleo por haberlos encarecido, a los que tienen que pagar impuestos… hasta a los ahorradores cuyos ahorros se destinan a pagar pensiones, no a inversiones.

La idea de que para ser felices debemos ser libres es una que en política suele olvidarse casi siempre.

Quizá sea en parte una explicación del porqué de la pobreza en Bolivia, por ejemplo, o en Venezuela, o en tantas partes de América Latina.

Post Scriptum

Un caso que ilustra, el de Venezuela:

«Presidente Maduro: El destino de Venezuela es la libertad, la felicidad y el socialismo. El destino de Venezuela es la libertad, la felicidad y el socialismo, destacó este sábado el presidente de la República, Nicolás Maduro, desde el estado Nueva Esparta, donde inauguró una nueva Base de Misiones Socialistas en la comunidad Piedras Negras. ”Es la verdad de un pueblo que está dispuesto a ser libre”, manifestó el Jefe de Estado venezolano». (Mar 28, 2015)

¿Cómo es posible ser feliz cuando a unos se les impone la felicidad que alguien decidió sin consultarlos y haciendo infelices a otros? Véase Charlatanería Política.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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