Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fijando Precios Justos
Eduardo García Gaspar
14 diciembre 2016
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea del precio justo puede llevar a nociones como esta:

«[…] el precio que corresponde a la equivalencia de prestación y contraprestación o, mas simplemente, el que permite al productor o comerciante vivir decorosamente con el producto de su actividad, sin que por ello deje de estar al alcance del consumidor». Enciclopedia Jurídica

La idea es interesante aunque incompleta. Un precio justo, según eso, permite que las dos partes de la compra y venta tengan un beneficio y eso abre la puerta al corazón del tema: ¿quién juzgará mejor ese beneficio mutuo?

La respuesta puede ser variada:

• Si el vendedor es quien juzga qué es un precio justo tenderá a elevarlo por simple inclinación humana, pues eso le dará mayores beneficios personales.

• Si el comprador es quien juzga qué es un precio justo tenderá a reducirlo también por simple inclinación humana, pues eso le dará mayores beneficios personales.

• Un tercero, ni comprador ni vendedor, que juzgue por decisión propia cuál es el precio justo de un cierto bien y, necesariamente, tenga el poder suficiente como para obligar al comprador y al vendedor a aceptar el precio decidido por él.

• Una negociación privada entre comprador y vendedor de la que surge un acuerdo voluntario de ambos en cuanto al precio y ese es precisamente el precio justo en ese momento y en esa ocasión, bajo condiciones de no coacción ni fraude de ninguna de las partes.

La mejor respuesta es la que mejor responda a la pregunta original, ¿quién juzgará mejor ese beneficio mutuo?

Las primeras dos opciones se descartan automáticamente pues cada una de ellas ignora a la otra parte haciendo imposible el beneficio simultáneo de ambas.

La tercera opción, la del tercero imponiendo su voluntad sobre las dos partes puede descartarse también. Es difícil aceptar que un tercero conozca mejor que la persona misma cuál es el beneficio personal de ellas dos. Y con un problema adicional, el del favoritismo por cualquiera de ellas y que dañaría a la otra.

La cuarta opción, en cambio, responde satisfactoriamente a la interrogante de quién juzgará mejor ese beneficio mutuo. Claramente cada una de ellas tiene un mejor conocimiento de sus necesidades y deseos que cualquier otra persona y, por eso, está en una posición sólida para decidir el precio al que desea vender o comprar.

Con la salvedad de ser libre de engaño y coacción, el acuerdo mutuo permite además incorporar un elemento clave de los precios, su dinamismo. Ellos cambian en el tiempo y, más aún, son dependientes de la apreciación personal.

«La escolástica salmantina incorporó un elemento novedoso: el precio justo de las cosas depende también de la intensidad con la que los hombres deseen tenerlas, lo que explicaría también por qué los precios justos pueden cambiar en el tiempo o entre distintos lugares y, en consecuencia, permite afirmar que las variaciones sobre un precio justo no tienen por qué ser injustas». Diario de Almería.

Esto añade un elemento genial a la idea de precio justo: varía en el tiempo y en el espacio. Todo porque es producto de la decisión libre entre compradores y vendedores, en diversos tiempos y lugares.

«[…] un precio justo sería el fijado para las transacciones celebradas en el mercado, siempre que no mediase coacción ni engaño, pues la libertad que habría conducido al acuerdo mutuamente provechoso garantizaría la equivalencia de valores y, como consecuencia, la justicia conmutativa». Ibídem.

Ahora es cuestión de imaginar otra faceta del precio justo así definido.

Si en cada compra y venta existe un «acuerdo mutuamente provechoso» eso es igual a un beneficio para ambas partes. Las dos ganan y la suma de todos esos beneficios mutuos en millones de transacciones comerciales mejora la situación personal de todos.

Comencé diciendo que la característica esencia de un precio justo es el generar un beneficio para ambas partes, comprador y vendedor. Por esa razón, la pregunta central es ¿quién juzgará mejor ese beneficio mutuo de un precio justo?

La respuesta es la natural y lógica: el acuerdo voluntario y libre, sin coacción ni engaño, entre ambas partes porque ellas más que nadie más conocen qué quieren, desean y necesitan en sus circunstancias exactas y en su lugares específicos.

Post Scriptum

Una curiosidad:

«En 2001, el presidente Chávez: “El precio justo del barril, debe oscilar entre 21-28 dólares”. En 2011: “Nosotros, humildemente, creemos que para el barril, 100-120 dólares, sea un precio justo”, última estimación pública, año en que la cesta local marcó un precio récord de 101 dólares por barril (dpb) y un costo de 11,6 US, con lo que la ganancia “justa” ascendía a 900%». El Impulso.

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