Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacia la Fase Oscura
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es uno de los cimientos de la libertad. Seguramente el más básico y vital.

Me refiero a la división del poder. Del poder en general, sobre todo el político. La idea es evidente en sí misma.

Tome usted, por ejemplo, la acumulación de poder económico en un monopolio y verá el daño que produce. Tanto que no creo que exista persona alguna que lo defienda (a excepción de sus propietarios).

Esa es la misma idea esencia que hace rechazar a la acumulación del poder político, lo que produce abusos: dictaduras, tiranías, totalitarismo. Vea usted, por ejemplo, a Nicaragua y la reelección de Ortega.

La idea central es obvia: la acumulación de poder lleva a excesos que dañan a las personas y su prosperidad, sea poder económico o político. Esto es lo que hace temible a la propiedad estatal de bienes de producción que propone en socialismo ortodoxo. Una acumulación de poder como no se había visto en la historia.

Esa idea central llama a separar poderes. El poder económico no debe estar en el gobierno, sino estar separado y, más aún, fragmentado por medio de la libertad económica. El poder político lo mismo, debe estar controlado y con una jurisdicción limitada, fragmentado con elecciones, federalismo y separación de funciones.

Nada que no se sepa ya y tampoco nada que, por alguna extraña razón, no sea violado sistemáticamente (como Clinton y Trump retirando la libertad económica del comercio libre).

Existe una división adicional a las anteriores y ella comenzó con quizá la más obvia de las libertades, la religiosa. Ella llama a la decisión sin consecuencias para la persona de seguir la religión que ella quiera. El gobierno nada tiene que hacer en la conciencia interna de la persona.

Es la misma libertad que sostiene a la libertad de expresión, a la libertad educativa y similares. Ella reconoce que los gobiernos tienen una jurisdicción limitada y que no puede entrar a, por ejemplo, las creencias religiosas. Obvio, dirán muchos.

En realidad, no tanto. Vayamos unos pocos siglos hacia atrás a esos momentos en los que el Cristianismo pasó a ser la religión oficial. Esto, sin duda, alegró a muchos pues significaba que terminaban las persecuciones y el Cristianismo podía declararse victorioso.

Muy bien, de acuerdo, pero la cosa no es tan color de rosa como puede pintarse en la superficie. Recuerde usted el principio de la división del poder y lo conveniente que él es para evitar abusos y permitir la libertad humana. Significaba eso algo riesgoso.

Significaba que de una manera u otra, los gobernantes podían meterse en asuntos religiosos, como cuestiones doctrinales, dogmas religiosos, leyes eclesiales y demás. Y lo que va en la otra dirección, los jerarcas religiosos podían meterse en asuntos gubernamentales, como leyes, impuestos, permisos y otros más.

La combinación es explosiva, siempre lo ha sido, como se ve en nuestros tiempos donde no ser de otra religión pone en riesgo la vida.

Salvadas algunas diferencias, eso sería como tener una agencia noticiosa gubernamental, cuya existencia misma es un atentado a la libertad de expresión. Y, curiosamente, es como tener al gobierno a cargo de la educación, un monopolio que niega la libertad educativa.

El punto al que quiero llegar es el proponer una tendencia natural del poder a ampliarse por cualquier medio y en cualquier oportunidad, con cualquier pretexto; uno de ellos es particularmente curioso:

«Obama pide que los alumnos transexuales puedan elegir baño en las escuelas». El Mundo.

Y cuando ese poder del gobierno sale fuera de su jurisdicción natural y razonable, comienzan los problemas para todos: menos libertades, menos prosperidad, más sumisión, más dependencia.

Mucho me temo que la tendencia gubernamental a salirse de su jurisdicción es clara, lo ha sido ya durante décadas. Después de los logros liberales del siglo 18 y sus secuelas, de nuevo ha aparecido esa amenaza.

Si todo sigue como va, entraremos de nuevo en «la oscuridad del totalitarismo», como lo describió F. Hayek.

Y este es el temor que tengo, el del crecimiento gubernamental a dimensiones que ahoguen a las libertades humanas y que nos condenen a un futuro deprimido, sin prosperidad, donde el gobernante sea un dios salvador.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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