Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Homosexuales y Odio
Leonardo Girondella Mora
12 enero 2016
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La frecuente acusación de odio a los homosexuales es un argumento de ataque a quienes se oponen a su matrimonio. Este fue el tema de una conversación reciente y que aquí resumo en sus partes centrales.

— Usted me ha dicho que se opone a las bodas de homosexuales, pero en cambio yo las apoyo porque me parecen ser un derecho humano que les ha sido violado históricamente. Creo que usted y su iglesia odian terriblemente a los homosexuales —dijo la persona.

— ¿Dije que odio a los homosexuales? —pregunté.

— Bueno, no con esas palabras, pero en el fondo debe odiarlos para querer impedirles que tengan el derecho a contraer matrimonio. Usted realmente es homofóbico.

— Nunca he dicho que odio a nadie, ni siquiera he mencionado la palabra —insistí.

— Pero usted los odia, igual que su iglesia. ¿Donde está el amor que su Dios dice tener para todos si prohibe el matrimonio de los homosexuales? También su iglesia los odia.

— ¿Reprobar es igual a odiar? Hacerlos equivalentes es un paso muy atrevido. Yo repruebo su opinión, peor no por eso lo odio a usted. Es más, usted me cae bien.

— Bueno, yo tampoco lo odio a usted, pero si usted no aprueba que haya matrimonio entre homosexuales, usted debe sentir rencor hacia ellos y no simpatía. Lo mismo que su iglesia que no admite ese matrimonio.

— ¿Reprueba usted al robo, al engaño, a la mentira? —pregunté.

— Claro que los desapruebo, son actos indebidos. Mentir es una falta, igual que robar. ¿A dónde quiere llegar?

— Usted y yo desaprobamos a los mentirosos, o mejor dicho, a la acción de mentir, pero eso no lleva a odiar al mentiroso, ni al ladrón. Sus conductas se consideran reprobables, eso es todo. No hay odio, ni inquina.

— ¿Qué tiene que ver eso con los matrimonios homosexuales? —preguntó la persona.

— Igual que se reprueba la acción de un ladrón, creo que la conducta del homosexual es reprobable. No hay odio hacia ellos, sino reprobación de su conducta. Incluso sigue habiendo amor hacia ellos que son prójimos en el sentido religioso.

— Pero si se les prohibe casarse, se les están limitando sus derechos y eso implica falta de amor.

— No, lo que implica es que su matrimonio resulta reprobable, igual que la conducta de cualquier otro que realiza un acto indebido. Eso es todo.

— Pero tienen derecho a casarse, ¿o no?

— Todos tienen derecho a casarse bajo ciertas condiciones y aceptando responsabilidades de sus derechos. Usted tiene derecho a ser médico, pero para serlo tiene que cumplir con varias condiciones, como estudiar.

— Entonces, ¿el derecho a casarse puede tenerse solamente si se realiza entre personas de género distinto?

— Exactamente, eso es lo que digo. La familia, el matrimonio, es algo a lo que se tiene derecho cumpliendo con condiciones establecidas, como el ser mayor de edad y, por supuesto, ser dos personas solamente, una de cada sexo.

— Pero impedirles casarse por ser del mismo género es discriminarlos y eso implica cierto odio. Es una exclusión social condenable.

— No es discriminación, ni exclusión, es un simple cumplir con requisitos y condiciones de sentido común. Frenar a quien quiera hacer algo indebido no es odiarlo, ni discriminarlo.

— Pues yo creo que sí, que usted odia a los homosexuales y que su iglesia también los odia y por eso les impide casarse.

— No, usted insiste en dar un paso que no tiene lógica. Oponerse al matrimonio de tres personas, por ejemplo, no es odiarlas, aunque ellas afirmen que se aman. El matrimonio es una institución muy definida y clara que no puede acomodarse a todo deseo.

— ¿Por qué no acomodar al matrimonio al amor que se tienen las personas?

— Porque el amor no es suficiente. Usted puede amar a sus hijos, a sus amigos, a quien sea y eso no significa que se vaya a casar con ninguno de ellos. Otro puede realmente amar a tres mujeres u hombres, pero no ese amor no es sujeto a matrimonio, el que requiere un amor especial entre dos personas de sexo diferente.

— Creo entender lo que dice y sí, no es odio el que usted siente, pero aún así no veo por qué oponerse a que el amor entre homosexuales justifique su matrimonio.

— Me alegra que usted ya no piense que siento odio y eso es ya ganancia. Mi punto es que no resulta sano manipular al gusto a la idea de la familia y el matrimonio.

Addendum

En esa conversación se ha ilustrado un hecho frecuente, el de acusar de odio, discriminación y exclusión a quienes nos oponemos all matrimonio de personas del mismo sexo. Esa acusación es un non sequitur muy común que obstaculiza diálogos que podrían ser de mayor provecho.

Y, además, esa acusación da pie a la censura de opiniones, lo que viola libertades de expresión y religión.

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