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«House of Cards» en Nicaragua
Selección de ContraPeso.info
20 septiembre 2016
Sección: GOBERNANTES, Sección: Análisis
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Los sucesos en ese país son examinados en la idea de Paul J. Bonicelli en esta columna. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

Cuando Nicaragua está en las noticias es por lo general una mala noticia, y así es una vez más a medida que el país desciende a otra dinastía dictatorial.

El hombre que actualmente construye el más reciente gobierno manejado por una familia es el actual presidente Daniel Ortega, quien aparentemente no entiende la ironía de que haya sido él quien condujo una revolución socialista hace 40 años para derrocar a la dinastía anterior.

La historia de Nicaragua es un ciclo que va de dictadura a democracia y otra vez a la dictadura; una historia de esperanza de cambio que ahora tiene un muy mal final. Existen héroes de la democracia liberal, nicaragüenses de todas las clases socioeconómicas que entienden el valor del capitalismo democrático y quieren ser libres, y quienes merecen nuestra alabanza y pésame porque ellos han sufrido el destino muy cruel de haber puesto a su país en el camino correcto para verlo retornar al camino de la servidumbre.

Ortega 1.0: Régimen Marxista-Leninista

La dinastía de la familia Somoza, a la que Ortega sustituyó en 1979, era un típico gobierno militar: incompetente, venal y brutal. El último de los Somoza, Anastasio, infamemente rechazó los proyectos de mejora de la educación en Nicaragua, declarando «No quiero una población educada, quiero bueyes».

Pero la opresión lleva a la revolución. Al final de los años 70, la Guerra Fría estaba siendo realizada vigorosamente por la Unión Soviética, mientras que el liderazgo del presidente Jimmy Carter disminuía la presencia y el poder de los Estados Unidos en el mundo.

Los soviéticos y Fidel Castro, su representante, se aprovecharon; pagaron y dirigieron movimientos comunistas a través de Centroamérica, incluyendo Nicaragua. Allí, el frente armado de Daniel Ortega sacó del poder a Somoza y estableció un estado de un solo partido aliado con la Unión Soviética y Cuba.

Ortega y su partido, conocidos como los Sandinistas, renegaron de sus promesas de liberación y de inmediato comenzaron a nacionalizar todos los aspectos de la economía, apropiándose de tierra y forzando a los campesinos a colectividades, mientras daban ayuda a grupos rebeldes en naciones vecinas.

Mientras conducían a Nicaragua más hacia el abismo, produjeron también dos entidades que aseguraron su caída: una oposición genuinamente democrática que incluyó a muchos antiguos partidarios de los sandinistas que se sintieron traicionados por la imposición de una nueva dictadura, y una resistencia armada (los Contras) decidida al derrocar a los comunistas y sus benefactores con la ayuda de los Estados Unidos donde ahora Ronald Reagan era presidente.

En 1990, mientras el poder soviético desaparecía junto con la asistencia que daba al régimen de Ortega, este mismo acordó celebrar elecciones con observadores internacionales. Violeta Chamorro, en una de las más celebradas victorias de la tercera ola de democracia que barría al mundo, ganó la presidencia siendo ella la viuda de un líder democrático y periodista asesinado por Somoza en 1978.

Breve interludio democrático y rápida desaparición

El gobierno de Chamorro fue un caso de estudio de gracia, firmeza y sabiduría. Ella heredó un país desgarrado por la guerra y en la miseria, que habría sido saqueado de mucho de su industria y propiedad privada por parte del los Sandinistas amargados en retirada.

Pero ya que ella era el alma del espíritu democrático que animó a la oposición al régimen comunista — y con una historia personal acorde dados los sufrimientos qué ella y su marido soportaron bajo Somoza y Ortega— ella unió considerablemente al país.

Desafortunadamente, no toda la oposición democrática que se unió a su gobierno y a su partido estaba tan comprometida con la consolidación de Nicaragua como un estado-nación construido sobre mercados y pueblos libres.

Su sucesor, Arnoldo Alemán, había ganado a Ortega en las elecciones pero era tan corrupto como cualquier Sandinista. El interludio democrático terminó cuando Ortega ganó en 2007 las elecciones presidenciales. Esto puso un freno efectivo a la democracia liberal y Ortega tuvo la libertad para embarcarse en un nuevo autoritarismo creciente pero esta vez no muy socialista sino de promoción personal.

Ortega 2.0

Para Daniel Ortega recuperar la presidencia no era sólo un asunto de orgullo. Él quería asegurar un legado y volverse rico pero ¿cómo lograr eso en una era posterior a la Guerra Fría sin las ayudas de Cuba y la Unión Soviética?

Descartaría él el enfoque marxista-leninista tratando de atraer a la inversión nacional y extranjera. Ayudado en gran medida por los subsidios energéticos de la Venezuela autocrática, Ortega ha tenido un éxito considerable y durante 10 años ha estado erosionando la libertad política al mismo tiempo que ha dejado hacer dinero en Nicaragua a todos los que cooperan —principalmente él y su familia.

La erosión de la libertad ha significado elecciones fraudulentas, una prensa controlada y un estricto control del sistema legislativo y judicial.

Fui testigo de esto cuando servía como administrador adjunto de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID). El presidente George W. Bush había lanzado la agenda de la libertad para asegurarse de que la ayuda extranjera de los Estados Unidos y el trabajo de la USAID estuvieran apoyando a países comprometidos con la libertad política, el estado de derecho y el capitalismo democrático.

Viajé a Granada, Nicaragua, para asistir a un evento en el que miles de nicaragüenses recibirían certificados oficiales de su propiedad. Observé a Ortega, el «servidor del pueblo», llegar a la plaza en el más caro Mercedes USV disponible, salir del auto con su esposa Rosario Murillo y saludar a las multitudes durante una hora de politiquería y besar bebés.

Eso fue hace nueve años y la mayoría de los nicaragüenses, especialmente aquellos en áreas rurales, siguen siendo pobres y sin tierra; nada ha hecho él para cambiar eso.

Durante esa misma visita a Nicaragua, me encontré con una delegación de empresarios que se beneficiaba de un programa de USAID que los ayudaban a ellos y a sus socios pequeños productores agrícolas para comerciar con los detallistas de los Estados Unidos.

Una mujer, que vestía el logotipo de su empresa, me contó acerca del aumento de ingresos de sus trabajadores por causa de los nuevos mercados a los que podrían llegar; también me dijo con un tono más bien de ansiedad que temía un revés y pedía al gobierno de los Estados Unidos que no dejara que el programa fallara.

Con el paso de los años, ellos han observado el crecimiento de la inversión siendo testigos de un lento aumento de su estándar vida, pero también han presenciado el poder en aumento del hombre y del partido que tienen una historia de gobernar a Nicaragua en beneficio propio como un feudo, no como una república.

Ortega/Murillo: una nueva dinastía

La historia verdadera no se repite en realidad así misma tanto como ella rima, y es así que hoy encontramos a Ortega en el trayecto de un tercer periodo (los sandinistas eliminaron la ley que prohibía la reelección) con en el anuncio de que su esposa, Rosario Murillo, será su candidato como vicepresidente.

Gran parecido de ellos con «House of Cards».

Así que se trata de los Somoza otra vez. Los nombres han cambiado y las tácticas son más modernas y menos violentas, pero la naturaleza del régimen es el mismo: ustedes la gente pequeña pueden ganar dinero mientras yo permanezca en el poder para ganar el mío.

Las cosas irritantes como las comisiones independientes electorales, las legislaturas y la prensa libre no serán toleradas ya que esto se trata de mí y de mi familia, no de una democracia liberal. Los pobres pueden permanecer en la parte de atrás mientras que la gente lo suficientemente lista como para adherirse al régimen puede disfrutar de algo del botín.

Nicaragua no es una república libre, y no es probable que se convierta en una otra vez mientras una familia gobernante controle todos los resortes del poder.

¿Recuerda a esos líderes de negocios mencionados antes, emocionados pero aprensivos? Sólo podemos imaginar lo que ellos sienten ahora que Ortega está dando las riendas a su esposa la que predica al socialismo diariamente en la televisión estatal. Tienen ellos razones para la desesperación.

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