Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Identidad Cultural en Riesgo
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Puede ligarse al conocimiento personal. Como cuando se dice que alguien «posee gran cultura».

Será alguien que sabe de historia, arte, literatura y cosas relacionadas, como filosofía y demás.

Pero ‘cultura’ también puede significar otra cosa, como se explica en esta cita:

«[…] la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura».

Es más o menos lo mismo que lo que establece esta otra definición:

«Cultura es todo complejo que incluye el conocimiento, el arte, las creencias, la ley, la moral, las costumbres y todos los hábitos y habilidades adquiridos por el hombre no sólo en la familia, sino también al ser parte de una sociedad como miembro que es».

Tenemos, entonces, algo fascinante. La cultura, así entendida, es una noción construida para designar a comunes denominadores principales de personas dentro de una sociedad. Eso que tienen en común: costumbres, normas, gustos, arte y literatura, creencias, festejos, expresiones, historia, cocina y muchas más.

Es lo que nos permite hablar de, por ejemplo, una «cultura mexicana», o una «cultura occidental», cuando se hace referencia a delimitaciones geográficas. Algo que casi puede ser entendido como la forma de vida de una comunidad de cualquier tamaño, su estilo de vida, hábitos, opiniones, ideas, actitudes, intereses (que son producto de su historia, idioma, héroes, creencias, leyes…).

En todo esto, creo que el factor dominante para la formación y mantenimiento de una cultura, debe ser uno que la influya en sus bases más profundas, en sus ideas más básicas y centrales. Creo que ese factor dominante es la religión, la que por su misma naturaleza explica la vida y la razón de la existencia.

Claro que en nuestros tiempos, con mucha menor influencia religiosa tradicional, la explicación de la vida y la razón de la existencia siguen dándose. No tienen ya un origen central, como el Cristianismo en Occidente, sino una multitud de explicaciones espirituales, incluyendo el materialismo total.

Mi punto primero es ese precisamente: la cultura de cualquier parte necesita eso que conocemos como religión: las explicaciones profundas y espirituales de nuestra vida.

En el caso de Occidente al menos, esto presenta una situación fascinante. Incluso los ateos y los mayores partidarios de la secularización total deben sus ideas al legado Cristiano. No están tan libres de religión como creen.

Pero, en segundo lugar, nuestros días presentan una situación distinta a la de antes. Me explico esquemáticamente.

Hace no mucho, en Occidente, por ejemplo en México o en España, la cultura nacional era claramente católica. Había una cierta uniformidad cultural, producida por esa base común mayoritaria. Podríamos hablar de una cultura que contiene fuertes lazos.

En la actualidad, en Occidente, la uniformidad cultural, esos lazos, son menos fuertes debido a la multitud de opciones religiosas, o mejor dicho espirituales. ya no es solamente el Judeo-Cristianismo, sino una multiplicidad enorme de alternativas.

El efecto neto, me parece, es una menor cantidad de comunes denominadores culturales en las personas que forman una comunidad. Ya no son tantos los hábitos, opiniones, ideas, actitudes, intereses, que se tienen en común; más aún, algunos de ellos son opuestos entre sí, lo que reduce la homogeneidad cultural.

El resultado es el surgimiento de eso que se llama «guerras culturales», de lo que es un muy buen ejemplo la legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo. Y también provoca el surgimiento de formas de solución de conflictos, de lo que es un muy buen ejemplo los llamados constantes a la tolerancia.

Hemos pasado de una relativa homogeneidad cultural a una situación de heterogeneidad, lo que significa una menos sólida identidad cultural.

Quizá ayude la idea de fuerza centrífuga para ilustrar el peligro de perder el centro cultural, dañando a la sociedad. La centrípeta, creo, también la destruiría por falta de desarrollo y cambio.

En fin, vivimos, como el resto de las anteriores generaciones, tiempos difíciles (como creo que dijo J. L. Borges).

Post Scriptum

Cito una definición razonable de cultura organizacional y que ayuda a comprender lo anterior :

«[…] la cultura organizacional es la unión de normas, hábitos y valores que de una forma u otra, son compartidos por las personas y/o grupos que dan forma a una institución, y que a su vez son capaces de controlar la forma en la que interactúan con el propio entorno y entre ellos mismos».

Lo mismo aplica a una comunidad, a la que la cultura da forma y personalidad distinta a la del resto.

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