Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad Como Cuota
Eduardo García Gaspar
12 abril 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las obsesiones producen miopía. Una demostración: la igualdad definida como cuota o proporción.

Un ejemplo: pedir que la mitad de los legisladores sean mujeres. De lo contrario, se piensa, hay desigualdad.

El fenómeno específico al que me refiero es el del reclamo de desigualdad basada en cuotas.

Si, por ejemplo, en cierto país hay 40% personas de tipo A, 30 de tipo B y 30 de tipo C, se dirá que hay desigualdad si se encuentra que entre los profesionales de medicina el 70% son tipo A, una injusticia para los de tipo B y C.

Sustituya los «tipos» anteriores por lo que quiera: razas, preferencia sexual, edades, estado migratorio, lo que quiera, y verá el corazón de lo que se pide: que toda comunidad o grupo sea un reflejo muy similar de toda la población.

Un caso extremo ayudará a entender a la igualdad reclamada como cuota o proporción.

Tomemos un grupo, el de ganadores del Premio Nobel. La exigencia insistirá en reclamar que igualdad por cuota; por ejemplo, será injusto que en ese grupo no haya premiados latinoamericanos en proporción a su población en el mundo.

Curioso es, por ejemplo, que el 20% de lo Premios Nobel hayan sido ganados por judíos que son menos del 1% de la población mundial. ¿Desigualdad injusta que los latinoamericanos no tengan el 10% de esos premios? No lo creo.

Creo que el punto es claro. La igualdad definida como la igualación de proporciones de la población total en las proporciones de grupos específicos es el reclamo que hace la obsesión igualitaria.

Si, por ejemplo, en la población general existiera una proporción de 7% de personas que hablan lenguas indígenas, la igualación por cuotas vería como injusto que el 7% de los médicos cirujanos no hablaran esas lenguas.

¿Cree que exagero? Eso es lo que piden, al final de cuentas, quienes exigen cuotas por sexo en las cámaras legislativas y puestos de gobierno. La exigencia general es, entonces, reclamar la misma proporcionalidad general en cada uno de los grupos en los que se pone atención.

Como, por ejemplo, poner la misma proporción de hombres y mujeres en cirujanos, ejecutivos, legisladores y lo que a usted se le ocurra. El punto central es si eso que se reclama tiene un fundamento racional.

Esto tiene parecido con una prueba estadística, la de chi-cuadrada. Ella compara una muestra de datos con la distribución que se espera que ellos tengan.

Si en la población general se tiene una distribución de mitad mujeres y mitad hombres, se esperaría que esa misma distribución se tuviera en, por ejemplo, los alumnos universitarios. Si acaso no la tuviera, entonces eso se vería como desigualdad injusta.

Esta expectativa es lo que da origen a noticias como esta:

«’Igualdad’ en la universidad: 40% de profesoras, 20% de catedráticas y una sola rectora en 50 centros públicos» ElDiario.es

El problema es, por supuesto, uno de expectativa sin justificar. Pensar que porque la población general tiene una cierta distribución el resto de los grupos dentro de la sociedad tendrán la misma distribución, es algo que no tiene lógica.

Hay muchos y muy variados factores que deben examinarse antes de reclamar injusticia y desigualdad.

Piense en, por ejemplo, tratar de explicar la razón por la que en el basquetbol estadounidense, en 2011, casi el 80% de los jugadores eran de raza negra, mientras que en el hockey son de esa raza menos del 3% (Diversity, Ignorance, and Stupidity).

Es como querer homogeneizar todo de acuerdo con parámetros predeterminados. Un ejemplo de esto es el reporte de de acuerdo con la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias AMMJE, 2013:

«Las mujeres destinan más del 70% de sus ganancias a la comunidad y a su familia, en tanto que los hombres sólo inyectan entre 30 y 40% de sus recursos para dichos fines». (ipade.mx)

¿Qué significa en realidad? No tengo la más remota idea porque no dice nada concreto, ni posible de comparar. ¿Dan más donativos las empresas manejadas por mujeres y también más a gatos domésticos?

Al final de cuentas, lo que creo que bien vale una segunda opinión es advertir que la igualdad, convertida en obsesión, lleva a posiciones insostenibles, a expectativas irreales y a hacer de lado al análisis.

Post Scriptum

Un amigo expresa esto de esta manera:

«Los que tienen fijaciones igualitarias van por el camino que eventualmente les llevará a demandar a quienes otorgan los premios del Oscar porque todos los que reciben el premio al mejor actor son siempre hombres».

Otra posibilidad, real, la posibilidad de que en un congreso exista una representación de «trabajadoras sexuales». ¿No es creíble?

 

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