Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia: Reglas Universales
Eduardo García Gaspar
2 junio 2016
Sección: LEYES, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una pérdida sustancial. Un abandono importante.

Es la omisión de algo que se llama «universalidad de reglas y derechos».

No es complicado entender que, por ejemplo, las leyes son aplicables a todos por igual, o deben serlo.

Igual con las normas morales, con los principios éticos: para tener justicia, las reglas deben ser universales, sin excepciones. Un autor lo explica muy bien (Hoppe, Hans-Hermann. 2007. A Theory of Socialism and Capitalism: Economics, Politics, and Ethics. CreateSpace Independent Publishing Platform).

«[…] para poder ser justa, una regla debe ser general aplicable a toda persona de la misma manera. La regla no puede especificar derechos u obligaciones para diferentes categorías de personas (una para pelirrojos y otra para otros, una para mujeres y otra para hombres), porque esa regla “particularista” nunca podría, naturalmente, ni siquiera en principio, ser aceptada por todos como una regla justa».

Si yo pongo una regla por la que tengo la facultad de entrar en su casa y obligarle a darme de comer y beber, usted no verá eso como justo. Muy especialmente si usted no puede hacer lo mismo al entrar en mi casa.

Y si acaso, la regla especificara que ambos, usted y yo, podemos exigir eso al otro, resultará justo que esperemos igual o similar calidad y cantidad de comida. Si yo le ofrezco una champán Hiedsieck, 1907 Diamant Bleu cuvee, esperaría que usted me diera algo similar.

Podemos llamarle simetría de normas y leyes, o bien simplemente universalidad: las reglas justas aplican a todos por igual, sin distinción. No hay excepciones, ni puede determinarse que para cierta persona o cierto grupo la regla que a otros no aplica.

Pero esta universalidad de reglas se olvida con frecuencia y, lo que es más sorprendente, llega a considerarse que eso es justo y deseable. Veamos dos casos que en su esencia son iguales, pero que producen dos reacciones diferentes.

Primero, la regla que considera negativo al robo y lo castiga. Si un ladrón entra en su casa y roba algunas de sus posesiones, incluyendo una caja de champán Louis Roederer Cristal 1981, eso se considera injusto. La razón: viola la norma de la propiedad privada, igual para todos, sin excepción.

Segundo, la ley que considera positivo y justo tratar de manera diferente a las personas cobrando a unos más impuestos que a otros, proporcionalmente más. En su fondo es igual que el caso anterior, alguien afecta la propiedad de otros de manera indebida, una excepción a la regla.

Piense usted en la diferencia de percepción que los dos casos suelen producir: se reprobará el robo del ladrón como algo injusto, pero su aplaudirá como justa una regla no igual para todos. La diferencia es eso a lo que me refiero, el abandono del sentido de universalidad e igualdad (lo que es paradójico en estos tiempos de obsesión igualitaria).

Vea usted un texto del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación :

«La discriminación es una práctica cotidiana que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo […] El origen étnico o nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, la condición social o económica, la condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo de distinción, exclusión o restricción de derechos».

La idea es clara y suplica una pregunta, ¿podría ser la riqueza personal un motivo de trato con reglas diferentes? La respuesta obvia es no. Una persona de ingresos medios, por ejemplo, no puede ser sujeta a una regla especial que no aplica a otros, como el pagar impuestos proporcionalmente mayores que el resto, ni tampoco podría impedírsele, por esa razón, entrar a una universidad.

Y, si eso, sucediera, sería juzgado como indebido, lo que no sucede cuando, por ejemplo, se aplican tasas impositivas mayores a los de ingresos altos. No es consistente celebrar un caso de discriminación cuando otro igual se reprueba.

Piense ahora en la libertad de expresión como regla universal. Si un progresista es invitado a una universidad a dar una conferencia, se vería como algo indebido el que los estudiantes le impidan hacerlo. pero sucede que esos mismos estudiantes hacen eso con un conferencista conservador.

Impedir la libertad de expresión en una universidad, por parte de estudiantes, muestra ese abandono de la idea de universalidad de reglas.

Una pérdida sustancial que pone en riesgo a la educación completa.

Post Scriptum

Un ejemplo evidencia con claridad el abandono de la universalidad de reglas. En este caso, la petición al gobierno mexicano de prohibir una película:

«Lobby gay enfurece por película que critica adopción homosexual en México […] Una petición realizada en la plataforma Change.org ha recogido más de 14 mil firmas para exigir que la Secretaría de Gobernación de México y la Comisión Nacional de Derechos Humanos prohíban la película».

El comentario del director de la cinta es atinado:

«Del Toro criticó luego que en México “sacan películas gays y nadie protesta, La Chica Danesa, Las Cuatro Lunas, Secreto en la Montaña”, mientras que cuando alguien presenta “algo que es diferente, no en contra, diferente, y todo el mundo se alarma. Qué chistoso es este país”».

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