Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Intención de Don Pedro
Eduardo García Gaspar
27 enero 2016
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Se llaman efectos no intencionales. Son las consecuencias imprevistas de actos que buscan otros objetivos.

Con más claridad, son esas ocasiones en las que se dice que «el tiro salió por la culata».

Los actos gubernamentales están llenos de ejemplos.

Herbert Spencer escribe sobre uno de ellos en su libro clásico (Social Statics. New York. Robert Schalkenbach Foundation, 1995).

Cuenta que en Bavaria las autoridades se preocuparon por la felicidad de los hijos de las familias. Se les ocurrió que los hijos tendrían una mejor familia si los futuros padres contaran con medios suficientes para mantenerlos. Y concluyeron que no permitirían el matrimonio de personas que no tuvieran esos medios.

Nadie duda de las buenas intenciones de la medida. ¿Quién va a estar en contra del bienestar de los hijos? Cualquiera que se hubiera opuesto habría sido acusado de insensibilidad social.

¿Qué produjo esa medida, más felicidad familiar? En realidad no, dice Spencer que en ese lugar la mitad de los hijos fueron ilegítimos. Una situación que difícilmente ayudaría a la felicidad filial. Este es solo un caso de muchos.

Esta página web tiene una colección aceptable de ellos en ContraPeso.info: Efectos no Intencionales. Quiero añadir otro. La historia de don Pedro.

Don Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, en España, en el siglo 15. Preocupado con los préstamos con interés, que en ese tiempo eran sumamente reprobables, decidió prohibirlos en sus grandes dominios. ¿El resultado?

Don Pedro tenía la intención de ayudar a sus vasallos. Los prestamistas usureros son una plaga y la gente viviría mejor sin ellos. Bueno, pues resultó que los mismos vasallos que sin préstamos vivían peor que con ellos: tenían que vender sus bienes, como ganado y lana, antes de la cosecha.

Don Pedro debió sentirse contrariado cuando sus propios vasallos le pidieron que restaurara la situación anterior, en la que existían los préstamos. Se negó a hacerlo, lo que usualmente sucede con las autoridades que enfrentan estas consecuencias no intencionales.

E hizo lo que también hacen las autoridades en estos casos, tomar acciones correctivas para solucionar sus propios errores: don Pedro se vio forzado a dar a tres de sus pueblos dinero y grano, que los campesinos podían pedir prestados. Nada que no haya sucedido antes y después.

El esquema o la estructura de los efectos no intencionales es sencillo. Comienza con una buena intención, un deseo de ayudar a la gente; un sentimiento muy propio de las autoridades políticas, especialmente de nuestros tiempos.

Tenemos, pues, al gobernante con conciencia social, con deseos de hacer el bien, al que conmueven situaciones injustas. Sigue el proceso con una decisión directa y fácil, con escaso análisis. ¿Sufre la gente con los préstamos? ¡Prohíbalos y asunto arreglado!

¿Son malas las bebidas alcohólicas? Lo mismo, ¡prohíbalas y ya!

Es obvio el error que se comete: la intención, sin duda positiva, es usada equivocadamente, como una justificación de la decisión, como un sustituto del análisis.

¿Quiere usted reducir la pobreza? ¡Simple, eleve el salario mínimo! Aún se hace.

Es la secuencia, a continuación, después de implantar la medida, comienzan a presentarse las consecuencias no intencionales; a veces mucho tiempo después, tanto que suele tenerse dificultad relacionando causa con efecto. Como cuando se reducen las tasas de las hipotecas para tiempo después encontrar que hay buena cantidad de ellas que son incobrables.

Don Pedro, no hay la menor duda, tenía una buena intención, la de ayudar a sus vasallos. Quería protegerlos de la usura de los prestamistas, entre los que sin duda había abusos. ¿Como hacerlo? La solución fácil fue la que él implantó, los prohibió. Podía haber habido otra solución.

Una solución mucho menos aparente, incluso oscura y que va en contra de la lógica superficial: aumentar la oferta de préstamos, lo que producirá competencia y reducción de tasas de interés. Una solución que es más ingeniosa menos rudimentaria, más imaginativa menos simplona.

Una solución astuta que tiene un problema serio: será difícil de aceptar, va en contra de la intuición ingenua.

Con una desventaja adicional, si le hubiera dicho a don Pedro que usted se oponía a la prohibición de préstamos, quizá le hubiera respondido que usted era sospechoso de estar asociado con los prestamistas, los que le habían dado dinero para defender sus intereses.

Post Scriptum

El ejemplo está en Grice-Hutchinson, Marjorie 2013 Early Economic Thought in Spain, 1177-1740 (Routledge Revivals).

La biografía de Pedro Fernández de Velasco a quien hace referencia el libro de M. Grice-Hutchinson apunta que «Creó la primera institución de crédito agrícola en pueblos de Castilla». Una manera de explicar el remedio forzado a una mala decisión inicial.

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