Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Mente Cómoda
Eduardo García Gaspar
20 septiembre 2016
Sección: EDUCACION, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona fue enfática. Dijo que los gobiernos hacen muy bien prohibiendo fumar dentro de bares, cafeterías y restaurantes.

La causa es obvia, dijo también, el gobierno tiene la obligación de cuidar a los ciudadanos de lo que les es dañino.

Quien eso dijo no es un tipo tonto, al contrario. Sabe razonar sobre negocios, tiene una gran imaginación para ellos y, además, posee un buen sentido del humor.

Y, sin embargo, nunca lo pude convencer de que esa prohibición violaba libertades, especialmente la libertad del propietario del establecimiento.

Estaba totalmente convencido de que el gobierno debe cuidar a sus ciudadanos de lo que los daña, y la prohibición de fumar era una buena disposición gubernamental. Le dije que entonces el gobierno debía obligar a la gente a salir abrigada en invierno para prevenir gripas. Le pareció exagerado mi ejemplo.

«No es lo mismo», me dijo. Abandoné la conversación. Pero seguí pensando en ella: un tipo inteligente que no hacía caso a la razón. ¿Por qué? Creo que tengo una respuesta razonable.

Se trata de un abandono de principios y valores, de un hacer de lado las creencias centrales, por causa de un asunto de objetivos bien intencionados. En el fondo, es un asunto de comodidad intelectual, de conveniencia práctica, incluso de pereza.

Si tienes principios y creencias, vive de acuerdo con ellos. Si no los tienes, vive cómodamente. Es la diferencia entre una vida esforzada y una existencia confortable. ¿Para qué preocuparse de principios si existe la opción aceptar lo que venga cómodamente sin protestas?

La persona, lo recuerdo, me miraba extrañada de mi posición. Le era incomprensible que protestara defendiendo la libertad del propietario de un restaurante al que ni siquiera conocía. En fin, la vida cómoda es un tanto descorazonadora y quizá sea el mayor enemigo de nuestros tiempos.

Es la vida que en aras de lo confortable echa al cesto de la basura a las creencias y a los principios. No me refiero a la conveniencia general, sino a la política. La persona que la que dialogué es un tipo activo, esforzado, trabajador durante largas jornadas. No tiene una vida cómoda, excepto en asuntos de política.

Lo que quiero apuntar y que me parece algo que bien vale una segunda opinión es la «comodidad filosófica», esa que hace de lado asuntos políticos, económicos, morales, y adopta un simple dejar que las cosas sucedan, así sea el perder libertades o aceptar lo inaceptable.

En cuanto a lo que defiendo acerca de esa prohibición es la libertad de otros, las de propietarios de esos establecimientos; y la libertad de sus clientes. ¿No habría sido más sencillo dejar que las personas decidieran si ir o no a establecimientos en los que se fuma?

Esa «comodidad filosófica», mucho me temo, no entiende que si alguien pierde libertades también las pierde uno. Que defender la libertad ajena es defender a la propia. Es por esto que los gobiernos aman a estas mentes cómodas porque con ellas pueden hacer lo que quieran.

De la comodidad a la esclavitud hay muy pocos pasos. Y uno de esos pasos es creer que las buenas intenciones justifica la violación de principios. Si se acepta que el gobierno debe proteger a las personas de los daños que ellas puedan hacerse, se acepta también obedecer órdenes gubernamentales sin cuestionarlas.

Hace ya tiempo, un alto ejecutivo de una gran empresa sugería la elevación del salario mínimo para que fuera suficiente para una vida digna (lo que sea que eso signifique). «Si el gobierno lo hace, todos viviríamos mejor y la gente tendría más dinero para comprarnos más productos», me dijo.

Otro caso de comodidad política justificada con buenas intenciones. Nunca se le ocurrió pensar que eso elevaría costos de producción y anularía los efectos del incremento de salarios. «Pero la intención es buena», me respondió.

Sí, la intención es buena, pero el razonamiento es erróneo y significa un desprecio de conocimientos, principios y valores.

Post Scriptum

¿Cómo reconocer una mente cómoda en esos terrenos? Un libro nos da respuestas comprensibles, de las que he hecho mi propia adaptación:

• Dicen «No me importa, al fin que yo ni fumo ni tengo un restaurante».

• Dicen «Si lo apoya la mayoría, debe prohibirse».

• Dicen «La prohibición es buena porque es para nuestro propio bien».

• Dicen «Si el gobierno no los obliga, nadie lo podría hacer».

• Dicen «Prohibir que se fume es algo sin importancia, no hay que exagerar».

Esa comodidad, peor aún, es la que se vuelve una fuerza de reclamaciones: querer subsidios, querer becas, querer agua. Querer que el gobierno solucione los problemas personales es la ambición mayor de la mente cómoda.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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