Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Moral en Estos Tiempos
Eduardo García Gaspar
1 mayo 2016
Sección: ETICA, Sección: AmaYi
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La queja sobre el lamentable estado de la moral en la actualidad tiene una explicación en la idea de MacIntyre. En siete puntos el autor ofrece una respuesta que expone las razones de la mala situación moral de estos tiempos y una solución.

La idea fue encontrada en MacIntyre, Alasdair C. 1998. The MacIntyre Reader. Univ of Notre Dame Press, pp. 69-72.

El autor ofrece una descripción profunda del orden social y moral en el que se vive actualmente. Afirmaciones que expresan una posición moral y social. Siendo ellas producto de lo escrito en su libro After Virtue.

La primera afirma que una faceta distintiva de la situación cultural y social del presente es la imposibilidad de solucionar desacuerdos morales en asuntos esenciales. Por ejemplo, en asuntos como la eutanasia y el aborto; la guerra y la paz; la justicia redistributiva y la propiedad.

¿Por qué? Los defensores de cada una de esas posiciones usan argumentos inconmensurables, es decir, independientes unos de otros; distintos e imposibles de comparar.

MacIntyre usa un ejemplo. La discusión sobre el aborto usa conceptos de propiedad personal para defender el derecho de la mujer a usar a su cuerpo; conceptos de justicia para el respeto de la vida de un ser humano; y conceptos utilitarios. Unos contra otros y con distintos orígenes.

Separados de sus orígenes, concepciones y contextos sociales, esos argumentos en pro o en contra se convierten en poco más que «actitud y sentimiento».

La segunda afirmación trata el origen de ese estado de cosas: el fracaso de lo que el autor llama el «proyecto de la Ilustración». El proyecto suponía el reemplazo de la moralidad juzgada como supersticiosa con una moral que fuera aceptada por toda persona racional.

La ambición no dio resultado. Produjo en su lugar una variedad de posiciones morales opuestas entre sí, cada una asegurando ser la mejor y desacreditando a sus rivales.

Esto produjo una conclusión: la razón es «impotente en esta área», como lo expresa el autor.

La tercera afirmación establece que las posiciones morales de la actualidad son emitidas como conceptos que tienen una genealogía filosófica que les da una credibilidad y una justificación que en realidad no tienen.

Sin un cimiento racionalmente objetivo, esas posiciones morales se ponen al servicio de opiniones variadas, antagónicas entre sí. Los casos más notables de esto son los derechos humanos y el bienestar.

La naturaleza emotiva de la cultura moral actual provoca que las relaciones entre personas sean manipuladoras: la fama y el renombre que posea el concepto para la administración efectiva. Suponen el conocimiento de leyes sociales que permiten a los administradores manejar a la sociedad; leyes que no conocemos.

Los creyentes en la Ilustración propusieron descubrir tales leyes, desorientándonos al desconocer la imposibilidad de predecir la realidad. Un engaño en el que se sostiene la burocracia actual, pública y privada.

En cuarto lugar, MacIntyre afirma que quien mejor entendió que el proyecto de la Ilustración había fallado fue Nietzsche al decir que las creencias morales contemporáneas se habían convertido en «máscaras para propósitos inconfesables».

Es el planteamiento del error esencial del proyecto de la Ilustración y que el autor establece con claridad: el olvido de la ética y la política aristotélica. De hecho, Aristóteles y Nietzsche con las dos únicas alternativas en la teoría moral contemporánea.

La quinta afirmación se refiere a la virtud, a una concepción correcta de ella, especialmente como «todas esas cualidades sin las que los seres humanos no pueden alcanzar los bienes internos a sus prácticas».

MacIntyre define entonces a la práctica como:

«cualquier forma coherente y compleja de actividad humana cooperativa socialmente establecida a través de la cual los bienes internos de esa forma de actividad son realizados en el curso del intento de lograr esos estándares de excelencia que son apropiados a, y parcialmente definitorios de, esa forma de actividad, con el resultado que los poderes humanos para alcanzar excelencia y las concepciones humanas de los fines y bienes involucrados son sistemáticamente extendidos».

El mismo autor expone como ejemplo de «práctica» a la agricultura, la pesca, las ciencias, las artes y juegos como el fútbol y al ajedrez. La política actual, sin embargo, no es práctica como si lo era en el mundo antiguo y el medieval.

Más aún, la virtud tienen también la función de proveer un «telos» a la persona, un sentido de propósito final. Esto significa tener una narrativa de vida, imposible sin ese sentido de propósito final. Virtudes que también deben «ser entendidas como cualidades requeridas para sostener en buen funcionamiento tradiciones sociales en curso».

La sexta afirmación habla del fracaso de la última parte de la Edad Media Europea para sostener la tradición de la virtud, como es entendida en términos aristotélicos y cristianos. Esto permitió el rechazo de esa idea y abrió la puerta al proyecto de la Ilustración.

Esto provocó que se viva ahora en una cultura moral en la que las virtudes no tienen un lugar importante. Una cultura moral en la que las disyuntivas y discusiones morales son irresolubles dentro de la moral actual y dentro de la moralidad en sí misma.

Por último, la séptima afirmación sostiene que Aristóteles vence a Nietzsche. La historia de la moral en su teoría y práctica, escrita desde la perspectiva de Aristóteles es la que permite entender lo que sucede moralmente en nuestros tiempos, «las condiciones morales de la modernidad».

El autor responde a la inquietud profunda de los muchos que en la actualidad lamentan la falta de valores como causa de situaciones reprobables: guerras, violencia, crimen, impunidad, divorcios, pederastia y una larga lista más.

¿Qué ha sucedido que haya producido la proliferación de tantas conductas tan inaceptables e inadmisibles? La respuesta usual es la falta de valores y el remedio casi automático, clases de valores y civismo en escuelas y universidades.

MacIntyre va mucho más a fondo con una explicación amplia. El origen está en el rechazo de Aristóteles, el repudio de la virtud, que se sufrió gracias a la Ilustración. Ella aspiraba a crear una moral racional, aceptable a toda persona razonable, como un sustituto a la moral anterior vista como supersticiosa, dogmática e inexplicable.

No lo logró. Fracasó en su intento y produjo una miscelánea de escuelas morales que pretenden ser las mejores y son antagónicas entre sí. El debate entre ellas, su diálogo, más aún, no produce soluciones.

Más aún, los argumentos usados por cada postura moral no tienen un común denominador, como si unos usaran peras y otros manzanas. Los dilemas grandes de la moral actual se tornan insolubles. Esto permite una utilización fraudulenta de argumentos morales sacados de su contexto.

Por consiguiente, se concluye que la razón es insuficiente y así se da entrada al emotivismo moral: los fines morales son un asunto de sentimientos y emociones individuales.

¿La solución? Una revaloración de la idea de la virtud, esas cosas que son necesarias para alcanzar el máximo del desempeño humano en cada labor que realiza y que da a la persona un sentido de propósito final

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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