Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Otra Inestabilidad
Eduardo García Gaspar
11 octubre 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Nuestra historia es inestable por naturaleza. Hay, sin embargo, tiempos más inestables que otros.

Creo que en estos momentos nuestros tiempos son de una inestabilidad mayor a lo común.

Cosas que crean inestabilidad hoy: la posibilidad de D. Trump en la presidencia de EEUU, el armamento atómico de Corea del Norte, las decisiones del gobierno de Irán, las acciones de V. Putin, los actos de ISIS, la tragedia de Venezuela… la lista es larga en lo internacional.

Pero tiene manifestaciones locales, como en México la posibilidad de López Obrador en la presidencia, los reclamos sindicales de maestros, el narcotráfico… otra lista larga que se repite en otras partes.

Estas son las cosas que se ven, eso que vemos a diario en los noticieros y leemos en los periódicos. Pero no es todo. La inestabilidad natural de nuestra historia tiene otra dimensión adicional a la de la obvia.

Cito a Alasdair MacIntyre en A Short History Of Ethics: A History Of Moral Philosophy From The Homeric Age To The Twentieth Century cuando analiza a Maquiavelo:

«En períodos en los que el orden social es relativamente estable todas las cuestiones morales pueden surgir desde dentro del contexto de las normas que la comunidad comparte; en períodos de inestabilidad son esas normas las que son cuestionadas y puestas a prueba en relación al criterio de los deseos y necesidades humanas»

Este es otro tipo de inestabilidad, mucho menos conspicua y, por eso, de mayor profundidad y consecuencias. Esto es algo que merece una segunda opinión.

Siempre inestable, nuestra historia ilustra fácilmente esa característica. Podemos encontrar períodos de relativa estabilidad, como la Pax Romana, o la era Victoriana, o la de la Colonia Española que siempre están expuestos a sucesos imprevisibles que todo lo alteran.

Creo que los casos más visibles de inestabilidad abierta y conspicua están dados por el arribo al poder de personas específicas, como Lenin o Stalin en la URSS, como Hitler. La lista puede irse hacia atrás en el tiempo con el caso de Alejandro Magno y, en general, todos los conflictos de lucha de poder entre los que destacan ahora mismo los actos terroristas.

Mi punto es que esos sucesos forman la inestabilidad obvia y notoria. Es esa a la que estamos acostumbrados en la historia que aprendimos en la escuela y los libros que leemos (o, como en el caso de un amigo, la que ve en el History Channel). Son las guerras de independencia, las invasiones militares, las guerras civiles, los golpes de estado y cosas como esas.

Pero es seguro,, creo, que exista otro tipo de inestabilidad en nuestra historia. Esa a la que se refiere la cita, cuando las normas que la comunidad comparte son puestas en tela de juicio y contrastadas contra criterios humanos. Este campo recibe menos atención y es el de la historia de las ideas. El de la influencia de libros que casi nadie lee.

La inestabilidad es producida por un cambio en los cimientos de las culturas y civilizaciones, eso que llamamos ideas, creencias, suposiciones. Lo que tenemos como convicciones, y presunciones. Nuestros dogmas y credos, sean o no religiosos.

Cuando todas o casi todas esas cosas son compartidas por una gran mayoría de las personas, esa sociedad podría ser calificada de menos inestable que en el caso en el que no lo sean o se encuentren en proceso de modificación y cambio.

Con una adición, esos cambios son graduales tomando una gran cantidad de tiempo y creando lo que creo que puede verse como un período de inestabilidad de crisis. Durante el cambio hay crisis y conflictos entre las diferentes ideas que pueden predominar. Las consecuencias serán mezcladas, para bien y para mal.

En la civilización occidental, por ejemplo, la influencia de los filósofos griegos marca toda una época, como también el Cristianismo y toda esa mezcla que se produjo en la Edad Media: greco-latino-judío-cristiano, modificado después por la Ilustración y por el laicismo creciente, que es lo que estamos viviendo.

Creo que los tiempos que vivimos son una parte de una etapa crítica de modificación de ideas, creencias, suposiciones, convicciones, y presunciones. Todo eso lleva mucho tiempo siendo cuestionado creando una inestabilidad superior a la estándar en nuestra historia, con resultados que son imposibles de predecir. Podrán ir desde épocas de gran florecimiento hasta de triste devastación.

La lección para mí es obvia. Esperar tiempos dorados de florecimiento utópico es un sueño idiota; siempre viviremos en medio de la inestabilidad esperando que en el futuro vivamos algo mejor, sin que eso sea garantía. Y la inestabilidad mayor no es la que producen visiblemente los actos humanos, sino la inestabilidad oculta que crean las ideas de los humanos.

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