Las lecciones económicas de Alemania. No fue un milagro realmente. La gran economía alemana fue el producto natural de adherirse hasta donde fue posible a la libertad económica. Esta es la idea de Samuel Gregg.

Las lecciones económicas de Alemania: introducción

Dado el aparente entusiasmo actual de muchos estadounidenses por el socialismo, no es difícil concluir que vivimos en una época en la que millones conocen poco de historia, o bien no están inclinados a aprender de ella.

Hay lecciones que aprender del colapso en 1989 de las economías planificadas de Europa Central y del Este, de la desintegración económica argentina durante todo el siglo XX y de la implosión actual del «socialismo del siglo XXI» en Venezuela.

También podemos aprender de los casos en los que los países abandonaron a las economías planificadas y salvaron a sus sociedades de la miseria económica.

Un ejemplo importante, pero a menudo olvidado, de esa transformación es el giro en 1948 de Alemania Occidental hacia los mercados libres. Las lecciones económicas de Alemania no deben olvidarse.

El socialismo del nacional-socialismo

Los crímenes contra la humanidad del régimen nacional-socialista, especialmente su intento de exterminar al pueblo judío, son hoy muy bien conocidos. Sin embargo, pocos reconocen que el movimiento nazi también abrazó algunas ideas indiscutiblemente socialistas.

El programa de 25 puntos adoptado por los nazis en 1920, por ejemplo, exigió la nacionalización de industrias clave y la expansión del cuidado estatal para la vejez [old-age welfare].

Los líderes nazis utilizaron un lenguaje consistentemente negativo acerca del capitalismo, al que invariablemente retrataron como siendo controlado por los «banqueros judíos».

Las propias opiniones económicas de Adolfo Hitler son bien conocidas como eclécticas. Mientras proclamaba que «somos socialistas» y que «somos los enemigos del sistema capitalista de hoy», Hitler en otras ocasiones hizo hincapié en que la destrucción de la propiedad privada era un error.

Lo que queda claro, sin embargo, es que él creía que la economía, como el resto de las cosas, estaba subordinada a los mandatos de un estado totalitario.

Práctica socialista

En la práctica, las políticas económicas de los nazis eran una mezcla de proteccionismo, programas económicos de estímulos casi keynesianos, alto gasto en la producción de armas y relaciones cercanas entre el Estado y las industrias consideradas vitales para la fuerza militar, como como las del hierro y el carbón.

En la medida en que existía un común denominador de esas políticas, este era uno de nacionalismo económico.

No fue un gran salto desde tales ideas hasta la más amplia colectivización de la economía alemana que sucedió sin orden ni concierto durante la Segunda Guerra Mundial.

Hitler fue reacio a mover a la economía a una total escala de guerra, sobre todo porque esto habría significado admitir la posición desventajosas de Alemania que simultáneamente peleaba con el Imperio Británico, la URSS y los EEUU.

Pero conforme pasó el tiempo, se introdujeron controles de precios, se implantó y extendió el racionamiento, fueron elevados los impuestos al ingreso y los negocios privados perdieron más más y más su libertad al integrarse cada vez más a la máquina alemana de guerra.

En 1944, casi el 25% de la fuerza laboral alemana consistía de mano de obra esclava, principalmente prisioneros de campos de concentración y trabajadores forzados de territorios conquistados.

Con Hitler muerto, aún enganchados en la economía nazi

Después de la rendición de Alemania en 1945, ella se dividió en cuatro zonas de ocupación controladas por la URSS, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia.

En la zona soviética, que eventualmente se convertiría en la República Democrática Alemana, los rusos y los comunistas alemanes rápidamente giraron a la economía hacia el colectivismo.

En las zonas occidentales, los poderes aliados hicieron poco para cambiar las condiciones económicas que habían prevalecido bajos los nazis.

Se mantuvieron los controles de precios, al igual que el casi inútil Reichsmark —la inflada moneda del régimen nazi.

Por consecuencia, los precios y salarios oficiales no reflejaban el verdadero estado de la oferta y la demanda.

Como resultado, más del 50% de la economía se localizaba en el mercado negro, el crecimiento económico era inexistente, grandes segmentos de la fuerza de trabajo estaban desempleados o subempleados y las cosas más esenciales escaseaban para los alemanes.

Los cigarrillos, en lugar del Reichsmark, fueron la moneda preferida de los alemanes.

Mentalidad intervencionista

Una de las causas de esta situación fue la realidad de que las ideas keynesianas y del New Deal dominaron la perspectiva económica de las autoridades de la ocupación.

Los social-demócratas alemanes y porciones del naciente movimiento demócrata-cristiano estaban también comprometidos con ideas más o menos socialistas.

Esto produjo un fuerte cuerpo de opiniones a favor de retener y de extender muchas de las políticas económicas establecidas o ampliadas por los nazis.

Los disidentes

Sin embargo, un pequeño número de economistas alemanes tuvo una visión diferente: el de una economía libre de las ataduras de los controles de precios y de otras medidas socialistas.

Figuras como Walter Eucken, Franz Böhm y quizá sobre todo, Wilhelm Röpke no solamente poseían credenciales impecablemente anti nazis. Ellos y otros más proveyeron las ideas que muestran las lecciones económicas de Alemania.

Estaban convencidos de que el keynesianismo y la social-democracia significan un continuo estancamiento económico. Más aún, ellos eran escuchados por alguien en una posición para hacer algo al respecto.

Ludwig Erhard, quien tenía experiencia de negocios, fue nombrado director de asuntos económicos para las zonas administradas por Estados Unidos y Gran Bretaña en 1948.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Erhard había absorbido las ideas de economistas de libre mercado como el ganador del Premio Nobel Friedrich von Hayek, pero sobre todo, libros y artículos escritos por Röpke durante su exilio en Suiza.

La publicación de La Cuestión Alemana en 1946 ejerció efectos similares en la opinión pública alemana de la posguerra a los que tuvo Camino a la Servidumbre de Hayek en las audiencias estadounidenses.

De la misma manera, los artículos periodísticos de Röpke tuvieron un impacto profundo en la opinión informada —especialmente en católicos practicantes y Protestantes que dominaban el liderazgo de los nacientes demócratas cristianos.

Una de las más famosas piezas de Röpke defendiendo los libres mercados fue publicado por el semanario católico Rheinische Merkur. Está considerado como uno de los más importantes artículos que ayudaron a preparar a la opinión pública alemana para que Erhard restableciera una economía de mercado en Alemania Occidental en 1948.

La gran reforma y las lecciones económicas de Alemania

Bien dispuesto ya hacia las ideas de libre mercado, Erhard absorbió el pensamiento económico de Röpke, lo que confirmó su convicción de que la recuperación de la economía alemana dependía de la restauración de los elementos básicos de un mercado libre, muy especialmente una moneda estable y precios libres.

En junio de 1948, Erhard dio el paso decisivo. Actuando en contra de los deseos de la mayoría de los oficiales de la ocupación aliada, Erhard introdujo una nueva moneda, el marco alemán —para reemplazar al casi inútil Reichsmark.

Un mes después, Erhard abolió los controles de precios y producción.

En los doce meses que siguieron fueron desmantelados muchos otros controles económicos que databan de la época nazi.

Estos cambios fueron rápidamente copiados en la zona francesa de ocupación, creando por esa razón arreglos económicos uniformes en todo lo que se convertiría en la República Federal de Alemania en 1949.

Efectos de la reforma

Estas reformas tuvieron efectos de corto y de largo plazo. Los bienes de consumo aparecieron de nuevo de un día para otro en el mercado abierto, porque los productores podría encargar el precio real (más alto) que el precio más bajo (ordenando por el gobierno y por eso artificial).

El absentismo laboral desapareció ya que el dinero por el que se trabajaba tenía ahora poder real de compra. Más en general, la existencia de una moneda estable animó a las empresas a invertir capital en la restauración y modernización de la industria alemana.

Esto proporcionó la base para un fuerte crecimiento basado en las exportaciones y un aumento prolongado de la productividad, los ingresos y las ganancias.

El milagro alemán

El Wirtschaftswunder (milagro económico) estaba en marcha. A mediados de la década de 1950, Alemania Occidental se había levantado de las cenizas para convertirse en el motor económico de Europa Occidental.

Fue marcado el contraste con Gran Bretaña, la que se movió en una dirección socialista después de la guerra y no suprimió el racionamiento hasta 1954.

No significa esto decir que Alemania Occidental adoptó una irrestricta economía de mercado. Como ministro de finanzas, Erhard tuvo que aplacar a los escépticos del mercado del gobierno de Alemania Occidental.

Uno de esos compromisos significó expandir el estado de bienestar alemán instituido inicialmente por el canciller de hierro Otto von Bismarck en la década de 1880. Esto no pasó desapercibido.

Por ejemplo, en 1950 el canciller Konrad Adenauer comisionó a Röpke a escribir una defensa de las políticas económicas de su gobierno.

Para sorpresa de Adenauer, el reporte de Röpke alabó las medidas de liberación pero también insistió en que el gasto del bienestar y los impuestos no podían exceder ciertos niveles «sin menoscabo de los aspectos expansivos y regulatorios de una economía de libre mercado».

Röpke dijo entonces que ese gasto y esa regulación eran ya excesivos. En ese punto ya no se le escuchó. No fue sino hasta la década de 2000 que el gobierno alemán hizo frente a esos problemas de manera sistemática.

Dicho esto, una de las principales razones por las que la Alemania contemporánea es una de las economías más prósperas del mundo es que hace 68 años unos pocos y responsables políticos e intelectuales rechazaron las ideas social-demócratas que ahora están otra vez de moda.

Las lecciones económicas de Alemania

Lo que importa, sin embargo, es recordar que la recuperación de Alemania no fue un milagro. Fue el resultado lógico de adherirse al mercado.

Desafortunadamente, esta lógica también funciona en la otra dirección. No hay nada misterioso en la manera en la que el socialismo y la democracia social producen caos y destrucción.

Es una consecuencia natural de negar a la libertad. Esta lección es una que muchos en Occidente están hoy de decididos a ignorar. El costo, por desgracia, será pagado por todos.

Y unas cosas más…

Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es «The Forgotten Story of the German Economic “Miracle”». La columna apareció originalmente en The Stream.

Conviene ver:

Bonus track: más sobre las lecciones económicas alemanas, Ludwig Erhard y la idea de la caridad estatal.

La caridad estatal

Por Eduardo García Gaspar

La combinación es fatal. La de una mala idea envuelta en intenciones bondadosas. Es el problema de la compasión mal entendida.

El de ese que tiene las más loables intenciones pero intenta alcanzarlas por los peores medios. No está mal querer hacer el bien, pero eso no basta.

El caso lo ilustra muy bien una persona que aprobó la intervención estatal para ayudar a la gente. Alabó el otorgamiento de pensiones, el financiamiento de casas, el seguro de desempleo, la pensión universal y otras cosas más.

«Hay que ayudar a la gente y el gobierno tiene esa responsabilidad», dijo sin darse cuenta que al mismo tiempo creaba un gobierno imposible de sostener y un ciudadano impasible y aletargado.

Es cierto que tenemos la obligación de ayudar al que menos tiene, pero eso no justifica que sea el gobierno quien lo haga. La obligación es nuestra, no ajena.

Erhard y las lecciones económicas de Alemania

El tema es fascinante y tiene sus sutilezas. Por ejemplo, la distinción en el responsable de la compasión o la caridad. No hay duda de que existe la obligación de ayudar.

Pero responder diciendo que la obligación es gubernamental es un razonamiento débil e injustificado.

O bien, otra cosa, la de las consecuencias de esta compasión asignada al gobierno. Ludwig Erhard, el responsable de la recuperación alemana después de la Segunda Guerra Mundial tiene sus ideas al respecto.

«Me alarma haber comprobado […] con qué enorme poder repercute en el ámbito social el llamamiento a la seguridad colectiva. Pero ¿adónde vamos a parar y cómo queremos mantener el progreso si nos entregamos cada vez más a una forma de convivencia humana en que ya nadie quiere responder de sí mismo y todos buscan la seguridad de sí mismos?». Erhard, L. (1989), Bienestar Para Todos. Barcelona: Unión Editorial

Es ese el efecto de la caridad estatal, el de producir personas que ya no quieren sentirse responsables de sí mismas, que buscan el amparo de lo estatal y colectivo.

La mentalidad detrás del milagro alemán

Dice Erhard:

«Así como un pueblo no puede consumir más de lo que, como pueblo, ha creado en valores, así tampoco puede el particular conquistar más seguridad auténtica que la seguridad que en total nos hemos granjeado mediante nuestro rendimiento». Ibídem

Es cierto e irrebatible. No puede haber más medios para la seguridad de las personas que aquellos que ellas mismas han creado.

Los gobiernos no tienen más recursos para brindar seguridad colectiva que los que han producido sus ciudadanos.

El que busca seguridad colectiva sin crear los medios, usará los creados por otros. Esta es la mentalidad que inspiró al milagro y las lecciones económicas de Alemania.

Sobre el mismo tema, Erhard apunta que,

«El ideal que yo sueño es que cada cual pueda decir: “Yo quiero afianzarme por mi propia fuerza, quiero correr yo mismo el riesgo de la vida, quiero ser responsable de mi propio destino. Vela tú, Estado, por que esté en condiciones de ello”. El grito no debería ser: “¡Estado, ven en mi ayuda, protégeme, asísteme!”, sino: “No te metas tú, Estado, en mis asuntos, sino dame tanta libertad y déjame tanta parte del fruto de mi trabajo que pueda yo mismo organizar mi existencia, mi destino, el de mi familia”». Ibídem

Ya no es esta una consideración económica, sino filosófica.

No se trata en el fondo de saber que es imposible de mantener un sistema en el que lo aportado es menos que lo retirado y donde se incentiva el pedir y se castiga el crear.

Esto es el cómo ver al propio ser humano.

Y puede verse como ése que grita pidiendo ayuda al gobierno, solicitando su protección y asistencia. O puede verse como el que quiere valerse por sí mismo, bajo las consecuencias de su libertad.

No es necesario ahondar en la diferencia que habrá en las sociedades en las que domine una de esas mentalidades, o la otra. La parte esencial de las lecciones económicas de Alemania.

En resumen

Comencé mencionando el caso de una persona, la que con las mejores intenciones compasivas asignó la responsabilidad de la caridad al gobierno.

No supo en realidad lo que estaba haciendo con eso: proponiendo un sistema económicamente inviable y creando un ser humano indolente, cuya única ambición es vivir del esfuerzo ajeno.

Hay muchas personas como esa, según mi experiencia. Es gente buena, motivada por el deseo de ayudar, que se conmueve ante la pobreza.

Alegra ver eso, pero causa mucha inquietud el verlas apoyar programas gubernamentales de seguridad y protección que son imposibles de financiar y que fomentan la indolencia.

Es el problema de la caridad mal entendida, la que con buenas intenciones justifica medidas malas, de consecuencias nefastas.