Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Congruente
Eduardo García Gaspar
14 abril 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Imagino que todos la valoren, si se les hace la pregunta explícita.

Pero la realidad muestra otra cosa, al menos en muchas instancias. No la valoran como dicen que lo hacen.

Me refiero a la libertad. En una encuesta en la que se preguntara qué tan importante es la libertad, imagino que ella ocuparía un lugar alto. La gente opinaría que la libertad es positiva y debe ser respetada.

Pero mucho me temo que en circunstancias particulares, esa importancia de la libertad tendría un desplazamiento sustancial hasta ocupar lugares secundarios. Un ejemplo ilustra esto.

Un amigo piensa que la libertad es muy importante y piensa que debe defenderse siempre.

Sin embargo, al mismo tiempo, está a favor de la regulación que prohibe fumar en bares y restaurantes; dice que el gobierno es responsable de la salud pública y que eso está por encima de los derechos de propiedad.

¿Inconsistencia e incongruencia? Creo que sí.

Si acaso usted piensa que la libertad es una gran bien, bajo el que se cobijan derechos como la libertad de expresión y la propiedad, su posición más lógica sería oponerse a que los gobiernos prohibieran fumar dentro de propiedades en las que los dueños lo quieren.

Sería inconsistente la posición de quien, por ejemplo, valora a la libertad pero está de acuerdo con la censura en los medios noticiosos (aunque la autoridad alegase que lo hace en beneficio público).

Si no se quiere que el gobierno entre a la propiedad privada de los medios y ejerza su poder, no veo la razón por la que sí se quiere que el gobierno entre a la propiedad de los bares y ejerza su poder.

No estoy hablando de delitos, como el que dentro de la propiedad se sospeche la fabricación de explosivos, sino de propiedades en las que se reportan noticias y de lugares en los que la gente va a pasar un buen rato.

Otra cosa, la educación pública. Si se preguntara si los padres deben tener el derecho y la libertad de educar a sus propios hijos, imagino que la inmensa mayoría responderían que sí.

Entonces, cuesta trabajo explicar a la educación pública, aplaudida por muchos, que niega esa libertad a los padres forzándolos a aceptar la educación dictada por el gobierno.

Parece como si la libertad fuese tomada poco en serio, dándole solo el culto verbal acostumbrado, pero sin consecuencias lógicas en la realidad.

Creo que esto muestra que algunas personas resultan estar más dispuestas a la comodidad perezosa que a la molestia del esfuerzo; más a la conveniencia de la dependencia que a la desazón de la autonomía.

Para ellas resulta ser de más holgura delegar en el gobierno lo que ellas deberían hacer. Son quienes piensan que si algo produce daño, es responsabilidad gubernamental prohibirlo o castigarlo.

Eso incluye la prohibición de fumar en bares y los impuestos a productos con calorías. Es entender al gobierno como un papá que nunca piensa que los hijos pueden valerse por sí mismo.

Pero hay algo especialmente molesto aquí. Las personas que más apoyan todas esas propuestas que limitan la libertad de la gente lo hacen siempre argumentando la defensa de otros que no son ellos. Defienden al otros y lo hacen creyendo que los otros son unos tarados e imbéciles que no pueden ser responsables de nada.

Porque piensan que son incapaces mentales, apoyan todo eso que da pie al estado de bienestar. Vaya, hasta reparten condones quejándose luego de embarazos no deseados y piden más condones para regalar. Nunca se les ocurre pensar que debe ser la gente misma la que entiende que no debe dejarse llevar por el sexo sin límites.

Cierto, la libertad tiene límites pero ellos están marcados por la libertad del resto. Usted tiene libertad religiosa, pero también el resto y eso significa que usted no puede matar al que no sea de su religión, ni el otro puede usarlo a usted como sacrificio humano.

Pero si usted arriesga su capital y pone un restaurante en el que la gente puede fumar y beber, si la entrada es voluntaria, no tiene sentido alguno que se prohiba eso; como tampoco prohibir comer camarones porque tienen colesterol.

Quizá todo el asunto radica en querer hacer que la gente use su libertad sin hacer cosas malas, como fumar. Una buena intención, pero que no debe llegar al extremo de prohibirlo afectando la propiedad de otros.

Aceptemos que la libertad siempre tendrá como resultado algunas cosas indeseables. Si alguien queriendo evitarlas acude a la autoridad, caerá en la misma falla que critica: también es indeseable que el gobierno limite la libertad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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