Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad de Disentir
Eduardo García Gaspar
8 junio 2016
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Un asunto de lógica. De simple ponerse a pensar.

Una persona expuso su opinión, dijo que el concepto de familia y de matrimonio es debatible.

Es decir, sujeto a discusión y afinación. Más aún dijo que el concepto de familia y de matrimonio debe incluir a parejas del mismo sexo y la adopción de hijos.

Eso también dicen algunos otros. Por mi parte, expresé mi opinión: el matrimonio y la familia están ya definidos como una relación hombre-mujer, para la procreación de hijos y de largo plazo.

Lo anterior confronta opiniones opuestas en estos tiempos y nada tiene de nuevo. Pero, dentro de esa argumentación en pro y en contra, hay un elemento que pasa desapercibido con demasiada facilidad.

Esto bien vale una segunda opinión.

Comencemos con esa idea tradicional de que el matrimonio y la familia son conceptos cuestionables, sujetos a debate, refutables. Ese fue el punto central que ella planteó para proponer la modernización de los conceptos a las circunstancias actuales.

Esos conceptos tradicionales de matrimonio y familia, dijo ella, son rebatibles. Y, dijo que me oponía yo a debatirlos y discutirlos manteniendo mis ideas tradicionalistas. En pocas palabras, la persona dijo que ella las ponía a debate y que yo me negaba a ponerlas en debate.

¿Es cierto eso? No, en realidad no. La razón es un tanto sutil y fascinante. Vamos paso por paso.

La persona asegura que ella está poniendo en debate a las ideas tradicionales del matrimonio proponiendo que se acepten matrimonios de personas del mismo sexo y su adopción de hijos.

Yo me opongo a aceptar esas nuevas definiciones de familia y matrimonio, lo que hace que la persona concluya que yo me niego a debatir y discutir sus nuevas definiciones. Pero esto es erróneo. Yo no me he negado a debatir.

Lo que he hecho yo es poner en debate a las ideas no tradicionales del matrimonio, las que la persona propuso. Estoy debatiendo de seguro, pero lo hago en contra de lo que ella quiere. No me he negado a dialogar y a razonar, al contrario, pero lo hago en contra de la posición de esa persona.

Usted ya vio el error seguramente.

Si los conceptos conservadores y tradicionales de familia y matrimonio deben estar sujetos a discusión y debate, me parece de sentido común que también deban estar sujetos a debate y discusión los conceptos progresistas de familia y matrimonio.

Apuntar esto es lo que dije que bien valía una segunda opinión.

Primero, porque nadie pone atención es esto, ni siquiera los conservadores. Segundo, porque en estos tiempos de demasiada televisión y poca razón, la falta de reflexión lleva a la censura. Me explico con otro ejemplo.

La persona A afirma que se ha debatido y discutido el concepto de sexo y género concluyendo que está plenamente justificada la homosexualidad, habiéndose probado que ella no es una enfermedad y que reprimirla ocasiona enfermedades.

La persona B afirma que la homosexualidad no puede justificarse de esa manera porque no es una enfermedad sino una falta moral y que ella es una de las pasiones desordenadas que si se legitiman producen daños sociales de consideración.

(Para lo que sigue, no importa quién tiene la razón. Lo que importa es la forma que toma usualmente el diálogo sobre el tema).

La persona A, después de escuchar a la persona B, llama a esta «homofóbica», algo que se define como «rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres u hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales», y que produce rechazo y repudio al homofóbico, quien debe abstenerse de expresar su opinión.

Sin embargo, en el fondo, la persona B ha hecho lo mismo que la persona A. Las dos personas pusieron a discusión el tema de la homosexualidad, una argumentando en un sentido y la otra en el otro.

Impedir que cualquiera de los dos sea libre de debatir y razonar su posición constituiría una falta seria. Pero sucede, por ejemplo:

«El Bloque Nacionalista Gallego (BNG) llevará al Parlamento la “apología de la homofobia” de un profesor de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), el berciano Domingo Neira, que utiliza como material de estudio un libro escrito por él mismo en el que señala “la sodomía” como una “desviación conductual”».

En fin, creo que he mostrado mi punto y, de paso, el riesgo real y presente de censurar a quienes expresan opiniones contrarias a lo que ha sido establecido como norma de pensamiento no sujeta a discusión alguna, la prohibición de disentir implantada por la fuerza del Estado.

Post Scriptum

Si, por ejemplo, una persona argumenta a favor de la revolución cubana y otra debate en su contra, y esta argumentación sucede en La Habana, podrá verse la asimetría a la que me refiero: el defensor de ese régimen podrá hacerlo sin limitación, pero quien la critique correrá riesgos inminentes (Las Damas de Blanco).

«La observación de la situación de los derechos humanos en las cárceles cubanas no está permitida como actividad legítima, sino que es considerada “traición a la patria” o un “atentado a la soberanía cubana”. De hecho, ningún grupo local ni internacional de derechos humanos está reconocido por el ordenamiento jurídico interno cubano. Tampoco se permite que organizaciones internacionales envíen misiones de investigación a Cuba, cuyo gobierno es uno de los pocos en el mundo, y el único de América, que niega al Comité Internacional de la Cruz Roja acceso a sus prisiones».

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