Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad y Renuncia
Eduardo García Gaspar
19 abril 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Análisis
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Para entender la esencia de la libertad es inevitable acudir a la noción de la renuncia.

Decidir en libertad es aceptar voluntariamente una opción, abandonando las otras. Y un ejemplo claro de esto se encuentra en el cúmulo de las citas siguientes.

Comienzo con una ilustración diáfana de eso, presentada en tres citas:

«[…] vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red, pues eran pescadores, y les dice, “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres”. Y ellos al instante le siguieron» Mateo 4, 18-20.

«[…] vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes t los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron» Mateo 4, 21-22

«Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres”. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» Lucas 5, 10-11.

Una decisión personal presentada con una economía que la dramatiza. Lo siguieron de inmediato dejándolo todo atrás. La selección libre de una opción y la renuncia dramática al resto.

Lo mismo que para otro acontecimiento similar, narrado de tres maneras muy parecidas, resumida en la idea de levantarse y seguirlo.

«Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice ”Sígueme”. Él se levantó y le siguió» Mateo 9, 9.

«Al pasar, vio a Leví, el del Alfeo, sentado en el despacho de impuestos y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y le siguió» Marcos 2, 14.

«[…] y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió» Lucas 5, 27

Ahora, la misma decisión desde el punto de vista de uno que la ha tomado, en dos versiones:

«Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: “Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido […]» Mateo 19, 27.

«Pedro se puso a decirle: “Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» Marcos 10, 28.

La noción de la libertad comprendida como renuncia es afinada con las palabras de quien intenta persuadir:

«Y Todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna» Mateo 19, 29.

«Decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”» Lucas 9, 23.

Aún más afinación de tal invitación, con la ayuda de un par de historias que ilustran con ejemplos comprensibles a todos, el descubrimiento de algo de valor extraordinario:

«El reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel», Mateo 13, 44.

«También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra» Mateo 13, 45.

En la parábola del joven rico existe otra historia que deja ver a la faceta de la libertad que significa renuncia. Optar por una de las alternativas significa dejar atrás a las otras. El joven virtuoso y rico que tiene frente a sí la invitación de ser aún mejor:

«Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrán un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”. Al oír esto, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes» Mateo 19, 21-22.

«Oyendo esto Jesús, le dijo: “Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres y tendrán un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”» Lucas 18, 22.

La idea detrás de la que voy es mostrada ahora con realismo, con la dureza que ella contiene en su elemento de renuncia:

«A otro dijo: “Sígueme”. Él respondió: “Déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios”» Lucas 9, 59-60.

«También otro le dijo: “Te seguiré, Señor pero déjame antes despedirme de los de mi casa”. Le dijo Jesús: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios”» Lucas 9, 61-62.

«El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío […] cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío» Lucas 14, 27 y 33.

La dureza es mostrada de nuevo:

«Él les dijo: “Yo os aseguro que nadie que no haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos, por el Reino de Dios, quedará sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna» Lucas 18, 29-30.

«[…] “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”» Mateo 16, 24.

Las citas anteriores, con un ejemplo célebre y claro, muestran eso que intento mostrar: el elemento de renuncia que necesariamente contiene la libertad. Más, el elemento indispensable: la opción seleccionada tiene tal valor que el resto carece de importancia.

Esto puede verse de otra manera en:

«Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo […]» Filipenses 3, 7-8.

Es decir, lo abandonado es considerado «basura» frente a la opción seleccionada. La contrapartida del gran valor asignado a la opción seleccionada.

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Con esto doy comienzo a lo que espero sea una serie de ensayos sobre “lo más importante”, un tema íntimamente conectado al de la libertad y para el que seleccioné esta introducción profundamente religiosa.

Me imagino que ese tono espiritual podrá ser causa de cierto desprecio por parte de quien no tenga esas inclinaciones. Aun así, para personas no religiosas, la esencia de la libertad se mantiene: la libertad incluye un componente de renuncia a las alternativas no seleccionada.

Me lleva esto a lo que creo que merece ser explorado: actuando en libertad, la persona se «rinde» ante la opción seleccionada. Esto está explicado de esta manera:

«¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea el pecado para la muerte, o sea la obediencia para justicia?» Romanos 6, 16.

Digamos que la libertad, vista de cierta manera, convierte a la persona en «esclava» de la opción seleccionada, cualquiera que esta sea.

En los textos citados, la alternativa seleccionada es obvia, pero podría ser cualquier otra (como quizá sea posible mostrar en el caso de P. Gauguin; o el ejemplo clarísimo de quemar los navíos de Hernán Cortés).

Post Scriptum

En Los Momentos de la Libertad, hace ya unos años, L. Girondella trató este punto (usando también citas de San Pablo).

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