Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lo Extraño de lo Extraño
Eduardo García Gaspar
10 marzo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Les llamamos así, coincidencias. Son casualidades, o incluso concomitancias.

Llevan la idea de dos o más hechos asociados entre sí, que suceden mostrando una curiosa relación entre ellos.

Pero la palabra tiene significados diversos. Uno, muy claro, es el de semejanza entre dos o más partes o sujetos; en el sentido de parecerse, de ser similares.

Puede ser la coincidencia entre el número de patas de un león y un caballo, o también la coincidencia de opiniones entre dos personas.

No quiero referirme a ese tipo de coincidencia, sino a otro que ha sido bien explicado así:

«Cuando se aplica a un acontecimiento imprevisible, algo inesperado y que tiene un componente asombroso. Es lo que ocurre con las casualidades, circunstancias llamativas porque se alejan de lo normal y lo esperado».

En este tipo de casualidad hay algo que se asombra ante la escasa probabilidad de suceder, como el estar de viaje en algún lugar remoto y encontrarse cara a cara con los vecinos de la casa de junto. Este es el tipo de casualidades que tal vez merezcan una segunda opinión.

El terreno es resbaladizo y sujeto a tesis extrañas al menos y extremas.

Para retirar algo de lo resbaladizo del terreno, creo que es preciso aceptar que más extraño sería el que no hubiera coincidencias. Piense en esto: en una existencia de sucesos aleatorios van a presentarse, sin remedio alguno, coincidencias que llaman la atención. Es un asunto de probabilidades.

Sería absurdo que jamás se dieran coincidencias como ésta y otras narradas allí mismo :

«En 1973, el actor Anthony Hopkins accedió a aparecer en “La chica de Petrovka”, película basada en una novela de George Feifer. Incapaz de encontrar una copia del libro en ninguna librería de Londres, Hopkins quedó realmente sorprendido al encontrar un ejemplar sobre el banco de una estación de tren. Resultó ser la propia copia personal de Goerge Feifer, con sus anotaciones, que Feifer le había prestado a un amigo al que luego se la sustrajeron del coche».

Consecuentemente, las casualidades o coincidencias son sucesos que encontramos ligados entre sí y que notamos porque contienen algo que llama nuestra atención. Encontrar al vecino en Lyon llama la atención, pero no encontrar a Leoncio Hernández (al que no conocemos siquiera, pero que también es muy improbable).

Tengo mi propia historia similar. Un amigo me recomienda leer las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. A la semana siguiente, en una librería, encontré sin buscarlo, un libro con la colección completa. Los dos sucesos en sí mismos son muy poco probables. Sucedido uno a continuación de otro, son una casualidad llamativa, tanto que ello me hizo comprar el libro.

Somos, por naturaleza, buscadores de casualidades y coincidencias. Nos llaman la atención porque buscamos explicaciones y las hay en ellas. Cuando se repiten, cuando encontramos que forman un patrón, dejan de sorprendernos y las pasamos a otra categoría, la de causas y efectos. En estado avanzado, forman nuestra ciencia.

La ciencia en buena parte supone la inteligencia de erradicar el factor suerte, es decir, lo aleatorio. Eso que realmente puede ser una casualidad real y auténtica, algo que no tiene una explicación obvia de causa y efecto. Es la diferencia entre causalidad y casualidad (curiosa coincidencia que las palabras se parezcan tanto).

Casualidad o coincidencia es claramente lo sucedido en 1913 en Monte Carlo: la bolita de la ruleta fue al negro 26 veces continuas. ¿Extraño? A primera vista, por supuesto. Pero piense en los millones de veces que se juega a la ruleta, sería muy extraño que jamás sucediera algo extraño.

En otro terreno, las casualidades sirven para explicar sucesos extraños y con un componente sobrenatural. Para algunos son demostraciones de la intervención de Dios en la vida nuestra, la manera en la que él permanece anónimo y quiere que pensemos; para otros, patrañas fabricadas por mentes irracionales.

En fin, no creo que haya sido una mala idea repasar la noción de casualidades y coincidencias, la que suele tener un lugar de escasa seriedad. Creo que merece más formalidad. Aun en medio de propuestas extrañas, incluso tontas, la existencia de casualidades permite tener un punto de partida que puede enriquecernos.

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