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Los Derechos Humanos
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2016
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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Con frecuencia se hacen declaraciones sobre los derechos del hombre. A fuerza de tanto uso es posible que hayamos distorsionado su noción. Resulta conveniente, por tanto, recordar su significado. Esta carta examina una idea de H. Hazlitt. El libro consultado para esta carta fue Hazlitt, Henry (1988). The Foundations Of Morality. Lanham, MD. University Press of America. capítulo 28, Rights, pp. 279-287.

La primera parte del análisis de Hazlitt es examinar los derechos legales. En los últimos trescientos años, los derechos legales han sido reconocidos. Son una noción aceptada e incuestionable.

Durante ese tiempo, los derechos legales han incluido la libertad de reunión, el derecho a procesos judiciales objetivos, al derecho a la propiedad y otros más, por ejemplo, la libertad de culto y la libertad de expresión.

Hay otro derecho legal muy importante, sin el que nuestra sociedad sufriría indeciblemente, el derecho a exigir el cumplimiento de contratos.

No es accidente, dice Hazlitt, que la noción de derechos tenga un origen legal. No es casual que la palabra Derecho sea sinónimo de Ley. Ese es su origen más claro.

Los derechos legales establecen un rango de acción que es permitido al ciudadano. Delimitan la amplitud de la conducta de las personas. Son la formalización de una especie de espacio libre de actos para los individuos.

Lo anterior no tiene mucho de interesante a primera vista. Pero esa manera de entender los derechos implica que esos derechos establecen obligaciones.

Si tú quieres asistir a cierto templo religioso, yo tengo la obligación de no impedírtelo.

En todos los derechos legales, por tanto, hay dos elementos.

Por un lado está la parte que ejerce ese derecho. Por el otro, está la parte que tiene la obligación de respetarlo.

En nuestra sociedad, los ciudadanos tenemos ambos papeles: reclamamos ciertos derechos y debemos respeto a esos mismos derechos en los demás. Esta forma de pensar es la clave del razonamiento de Hazlitt.

Hazlitt dice que en los últimos doscientos años, se ha hablado de los derechos naturales del hombre. Se trata de una ampliación del concepto de derechos legales.

Cuando se usa la expresión «derechos naturales», se está dando una serie de connotaciones: esos derechos han existido siempre, tienen un origen divino, son evidentes por sí mismos, son inherentes y propios a la naturaleza humana.

Dice Hazlitt que estos derechos naturales son en realidad derechos ideales que todos debemos tener. Entonces, la idea de los derechos legales original ha sido ampliada a la de derechos naturales.

Esta ampliación, sin embargo, no cambia el sentido original de los derechos legales: sigue teniéndose la idea de que ellos implican obligaciones en otros.

Si existe un derecho natural a vivir, existe una obligación natural en los demás de no atentar contra mi vida. Si existe un derecho natural a tener posesiones, existe una obligación natural en los demás de no robarme.

Legales o naturales, los derechos son un concepto dual, una especie de calle de dos sentidos. Es parte de la esencia de la idea de derechos la existencia de reclamos y deberes.

No puede anularse esta interpretación de los derechos. Todo derecho implica por necesidad una obligación muy concreta en alguien muy bien definido.

Ha sido durante la última generación, dice Hazlitt, que ha surgido una nueva interpretación de la idea de derechos. El la llama «Pseudo Derechos».

Para aclarar este nuevo concepto, el autor usa dos ejemplos, el primero de ellos es el del presidente americano, F. Roosevelt.

Como parte de su plataforma política Roosevelt habló de cuatro derechos humanos. Habló de la libertad de expresión y de la libertad de culto. Sobre estos dos primeros derechos, no hay problema, según Hazlitt. Se entienden claramente y han sido usados desde mucho antes, además siguen manteniendo la idea de una relación doble, de reclamos y de obligaciones.

Pero Roosevelt también habló de la libertad de la necesidad (freedom from want) y de la libertad del temor (freedom from fear). A esos dos últimos llama Hazlitt Pseudo Derechos.

Con estos derechos empieza a haber problemas por su vaguedad: no son específicos en la obligación de las demás personas. ¿A quién en concreto le impone una obligación el derecho a la libertad de necesidad y a la libertad del miedo? No hay respuesta clara.

Hazlitt utiliza otro ejemplo. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, se habla de que todos los hombres tenemos “el derecho al descanso y a la diversión… y vacaciones periódicas pagadas”.

El problema que señala Hazlitt es más sencillo de ver aquí. ¿Quién tiene la obligación de dar esas vacaciones, esa paga, ese descanso? No hay una respuesta clara.

En nuestros días se han incorporado al lenguaje político ejemplos aún más claros de estos Pseudo Derechos. Se habla hoy del derecho al trabajo, del derecho a la educación, del derecho a la salud y del derecho a un estándar mínimo de vida.

Nadie negará el ideal de que todos los hombres del mundo contaran con un trabajo bien remunerado, o que hubiera atención médica al alcance de todos. Pero entender esos ideales como derechos es un asunto muy diferente.

¿En quién recae esa responsabilidad de dar trabajo, educación, atención médica o ingreso?

La respuesta más obvia es la de que el gobierno sea la parte obligada de esos Pseudo Derechos, pero esto no resuelve el problema de la infraestructura y condiciones para cumplir con esa obligación.

Los Pseudo Derechos no aclaran el quién, ni el cómo. ¿Tiene alguien derecho a un trabajo para el que no está calificado?

El último punto de Hazlitt es decir que los derechos legales o naturales no son siempre evidentes, ni sencillos y tampoco absolutos. Los derechos de una persona están limitados por los derechos de otra. Es el clásico dicho de que el derecho a extender tu brazo termina donde empieza mi nariz.

Hay muy pocos derechos absolutos, si es que los hay. Los derechos de las personas tienen que estar armonizados entre sí. El derecho de libre expresión no puede amparar a la pornografía, que es muy difícil de definir, y tampoco a la mentira, ni la difamación.

Tenemos derechos que deben ser respetados, como el derecho a la vida, el derecho a la propiedad, etc. Esos derechos deben ser respetados en ausencia de otras consideraciones o conflictos de derechos.

Más aún, esa inviolabilidad de derechos no proviene de una supuesta ley natural mítica, es producto de consideraciones utilitarias, lo que puede escandalizar a muchos. Los más grandes beneficios permanentes provienen del respeto a esos derechos.

La paz, el orden, la cooperación, el progreso provienen del escrupuloso respeto a los derechos inalienables de las personas. Esa es su razón de ser.

En un análisis muy sencillo, el autor nos dice que hay que ejercer extremo cuidado con aquello que llamamos derechos del hombre. Todo derecho, por naturaleza, implica una obligación en otros.

Y sin embargo, se han propuestos derechos cuya obligación en otros no está clara. Si alguien tiene derecho a la salud, ¿en quién recae la obligación de atenderlo y cómo se realizará ese derecho?

Ese es el grave problema de confundir situaciones muy deseables con derechos formales.

Nota del Editor

Esta página ha dedicado espacio a ese fenómeno de Pseudo Derechos. Las columnas que lo tratan están en ContraPeso.info: Lista de Derechos.

Esta columna fue publicada por primera vez en 1996 y aquí se presenta con muy ligeras modificaciones.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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